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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 202

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202: Capítulo 202- Verdadera Prueba 202: Capítulo 202- Verdadera Prueba Tras inhalar una bocanada de aire helado, Arturo se concentró en su entorno.

La herida era mínima, así que en realidad no importaba en ese momento.

Tenía entre manos un problema mucho mayor del que debía ocuparse.

Las hordas de monstruos atacaron a Arturo al mismo tiempo.

No tenía forma de escapar.

Así que activó de inmediato «Aullido del Guerrero Solitario» y «Miedo del Alma» a la vez.

De inmediato, un fuerte rugido, junto a una poderosa onda de energía, brotó de su cuerpo, haciendo que la mayoría de los espíritus retrocedieran tambaleándose de miedo.

El efecto de Miedo del Alma inmovilizó a los más cercanos y aturdió a muchos de los otros monstruos.

Arturo aprovechó de inmediato la oportunidad y se abalanzó hacia delante, rebanando a varios objetivos en una rápida sucesión.

Las notificaciones aparecían en su retina una tras otra, solo para ser ignoradas en el mismo instante.

«¡Esto duele!

¡Cada golpe es como si estuviera blandiendo la espada contra un muro!».

Arturo apretó los dientes mientras pateaba y rebanaba a sus enemigos.

No solo la naturaleza de sus cuerpos era molesta para cortar con una espada, sino que Arturo sabía que su Espada Sanguínea sufría daños constantes con cada impacto.

[¡Ding!]
[¡Ding!]
[¡Ding!]
[+1 de Salud.]
Los monstruos tardaron unos segundos en recuperar la compostura, tiempo durante el cual Arturo ya había matado a casi siete de ellos.

Su velocidad había vuelto a aumentar y su fuerza monstruosa lo hacía parecer un fantasma letal que se abría paso entre las masas de Espíritus del Lago.

En cuanto perdieron la abrumadora sensación de miedo, el caos regresó.

Los monstruos persiguieron rápidamente a Arturo como bestias enloquecidas.

Enjambres y más enjambres de estos espíritus se materializaron de la nada y lo cercaron por todas partes.

«Genial.

No puedo ganar nada de espacio».

Arturo apretó los dientes mientras esquivaba un tajo afilado dirigido a su cuello, para luego agarrar la cabeza del monstruo y estrellarla contra el suelo.

Acto seguido, tomó el resto del cuerpo y lo arrojó contra otros dos monstruos.

Al mismo tiempo, Arturo manifestaba constantemente flechas de sangre como si no hubiera un mañana.

La zona a su alrededor se convirtió en una intrincada red de proyectiles que no dejaban de alcanzar a sus objetivos.

Las flechas resultaron ser bastante útiles, ya que lograron matar a un buen número de espíritus.

Mientras tanto, el propio Arturo no se concentraba en eso, pues seguía luchando contra las decenas y decenas de monstruos que lo atacaban.

Por suerte, su velocidad de reacción era considerablemente mayor que la de la mayoría de ellos, por lo que podía esquivar los ataques a tiempo.

Sin embargo, ante su abrumadora superioridad numérica, Arturo no tardó en empezar a verse superado.

¡PUM!

Tras darle un puñetazo a un monstruo, Arturo apuñaló al segundo con su garra izquierda antes de patear a un tercero en la cara.

Otro monstruo se le acercó sigilosamente por detrás y le asestó un tajo en la espalda.

—¡Ugh!

—gruñó el chico antes de darse la vuelta y darle un puñetazo al monstruo en pleno pecho, atravesándole el cuerpo.

«Me ha dado de lleno.

Ese ataque me ha costado al menos un 5 % de mi Salud».

Arturo apretó los dientes.

«Nada bien, esto no va nada bien.

Necesito encontrar una salida a este lío».

Al mirar a su alrededor, lo único que Arturo veía eran enjambres de aquellos espíritus cerniéndose sobre él como una horda de zombis.

Mientras pensaba en una escapatoria, Arturo siguió luchando con todas sus fuerzas.

Cuantos más mataba, más monstruos se manifestaban a su alrededor.

El viento barrió la zona y las pilas de cuerpos de cristal destrozados eran cada vez más numerosas.

Los minutos pasaron sin que nada cambiara, con Arturo abriéndose paso entre los enjambres de monstruos, matando todo a su paso.

Llegado un punto, su mente dejó de pensar y solo su instinto actuaba.

Estaba en un estado en el que ya ni siquiera necesitaba pensar para que su cuerpo tomara la decisión correcta, como una máquina de matar automática, programada para luchar contra hordas y más hordas de enemigos con una eficiencia asombrosa.

[¡Ding!]
[Has matado a 10…]
[¡Ding!]
[Has subido de nivel.]
[+2 Puntos de Bonificación.]
[¡Ding!]
[Has matado a 12…]
[+4 de Fuerza.]
Sus estadísticas seguían aumentando a una velocidad vertiginosa, superando un nivel y luego otro en cuestión de minutos.

Tardó días en pasar del nivel 24 al 26 y ahora estaba en el nivel 28 en cuestión de 30 minutos.

La cantidad de monstruos que estaba matando era, sencillamente, así de ridícula.

Sin embargo, el daño que Arturo sufría aumentaba en la misma medida, mientras su estamina y su maná se agotaban rápidamente.

—¡Ugh!

Lo que al principio eran rasguños superficiales se convirtieron rápidamente en heridas profundas y sangrientas por todos sus brazos y piernas.

Las afiladas extremidades de los Espíritus del Lago eran sencillamente brutales.

Sin embargo, Arturo seguía bastante impresionado.

«¡El conjunto de Armadura de Cráneo Fragmentado es una pasada!

¡Desvía la mayoría de los golpes!», pensó para sí.

Aunque la situación era extremadamente mala, habría sido mucho peor de no ser por la poderosa armadura de Arturo.

Era capaz de detener la mayoría de los ataques de sus enemigos, desviándolos o absorbiéndolos con facilidad sin sufrir abolladuras ni grietas.

Se podría decir que Arturo ya estaría muerto si esta armadura no estuviera activa.

Pero seguía consumiendo maná para mantenerse así, lo que suponía una carga adicional para su barra de maná.

—Jad… Jad…
El chico esquivó otro ataque que casi le rebanó la cabeza y, a duras penas, se hizo a un lado para evitar otro que por poco le abre la pierna en canal.

Arturo estaba cada vez más exhausto y no encontraba una salida.

«¡Maldita sea!».

Blandiendo su espada, Arturo mató a otro monstruo que casi le apuñala el pecho antes de patear a uno más.

Pero un tercer monstruo, por enésima vez, le hizo un tajo en la pierna, casi haciéndole caer al suelo.

«¡Están coordinando sus ataques para atraparme!

¿¡Acaso puede ir a peor!?».

Arturo ya estaba al límite.

Llevaba casi cuarenta y cinco minutos luchando sin parar, y el número de monstruos no hacía más que aumentar.

Era como si el lago manifestara a aquellos seres a docenas.

«Tal vez si de algún modo consigo crear una oportunidad para escapar… Solo necesito una pequeña opor…».

En ese momento, varios espíritus lo atacaron a la vez.

—¡Ugh!

¿¡Podéis darme un segundo para pensar, maldita sea!?

—gritó a pleno pulmón.

La frustración que Arturo sentía en ese momento había llegado a su límite.

Estaba harto de aquellos monstruos que no dejaban de aparecerle delante de las narices mirara donde mirara.

El grito de Arturo resonó en el desolado lago de hielo hasta tal punto que incluso a él mismo le sorprendió haber gritado tan fuerte.

Entonces, por primera vez, los monstruos se detuvieron en seco, todos a la vez.

Sus gélidas expresiones seguían tan inexpresivas como siempre.

Sin embargo, Arturo notó de inmediato que algo anómalo ocurría con su comportamiento.

«¿Por qué se han detenido?

¿Acaso mi grito ha sido tan intimida…?».

¡TUM-TUM!

En ese instante, Arturo oyó un ruido que le sacudió el alma.

El sonido era similar a una profunda onda… que provenía de los lugares más horribles que uno pudiera imaginar.

Como el retorcido latido del corazón de un ser ancestral o el lamento de una bestia espantosa, que resonaba por toda la vasta extensión.

¡TUM-TUM!

Mientras miraba a su alrededor a toda prisa, Arturo no lograba determinar el origen del ruido.

No provenía de ninguno de los monstruos, ni tampoco del viento o la nieve.

Sin embargo, cada vez que aquella onda resonaba en sus oídos, Arturo sentía que se le helaban las extremidades y su rostro palidecía poco a poco.

¡TUM-TUM!

«¿Qué es esto?

¿De dónde viene?».

Aunque intentaba inspirar y espirar para calmarse, Arturo estaba empezando a entrar en pánico.

Una profunda sensación de desasosiego se instaló en su corazón.

«¡¿Dónde demonios está?!

¡¿Qué estoy oyendo?!».

—¡Muéstrate!

—gritó, con muy poca calma.

Estaba desesperado y ya no podía mantener la compostura.

Arturo tenía un límite, y esta lucha, por breve que hubiera sido, había hecho mella en su mente al alargarse sin cesar, sin ningún resultado positivo a la vista.

Ahora, había otro ruido misterioso y, posiblemente, más problemas que se sumaban a los que ya tenía.

¡Todo se estaba descontrolando!

¡TUM-TUM!

Entonces, en ese instante, vio algo.

Sucedió en una fracción de segundo, pero aun así lo vio y no tardó en darse cuenta… La razón por la que no podía localizar el ruido no era porque viniera de la nada o porque estuviera muy lejos.

Sino que…
Venía de debajo.

¡TUM-TUM!

N/A: Gracias a todos por los regalos, los tickets dorados y las piedras de poder.

¡Sigamos así!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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