¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 215
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- Capítulo 215 - 215 Capítulo 215 Alguien que conocí Parte 1
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215: Capítulo 215: Alguien que conocí (Parte 1) 215: Capítulo 215: Alguien que conocí (Parte 1) Arturo se giró hacia su amiga, que ya se había levantado y se le había acercado.
—¿Qué tal te ha ido?
—preguntó mientras se inclinaba junto a su mesa.
El resto de los estudiantes observaron la escena con la boca abierta.
No podían creer que Isla estuviera tan cerca de alguien, y mucho menos de un chico.
«Si estuviera en su lugar, con ella mirándome tan de cerca… no creo que pudiera mantener la compostura».
«¡¡¡Maldito suertudo!!!».
«¡Muere!
¡Muere!
¡Muere!
¡Muere!
¡Muere!».
«¡Voy a usar magia oscura contra él y a maldecirlo!».
Como era de esperar, los estudiantes varones lanzaban toda clase de maldiciones a Arturo.
No podían creer que alguien pudiera tener tanta suerte en la vida y salirse con la suya.
Sus celos se estaban convirtiendo lentamente en odio sin que se dieran cuenta.
Sin embargo, al blanco de estas miradas asesinas no le importaba en absoluto.
Sabía cómo esa gente miraba a Isla, así que le daba igual.
Al final, ellos nunca podrían estar en su lugar porque no eran él.
«Decid lo que queráis, que soy un suertudo.
Nunca pedí esto, pero tampoco voy a renunciar a ello.
Isla es mi amiga», pensó para sí mismo mientras miraba fijamente a los ojos de la chica.
—Y bien, ¿qué tal te ha ido?
—preguntó ella con naturalidad, con las manos apoyadas en la mesa.
—Mejor de lo que esperaba.
No he tenido muchos problemas para responder a las preguntas, aunque no voy a sacar la máxima puntuación.
—Se encogió de hombros.
—Bueno, solo es el primer examen.
Está bien que te haya ido bien —asintió Isla con calma—.
Estoy segura de que mejorarás enormemente en los próximos días.
—Para ser sincero, mientras apruebe los exámenes, estoy satisfecho.
Pero aun así me esforzaré más para asegurarme de sacar notas muy altas.
No puedo arriesgar mi clasificación o acabaré metiéndome en problemas.
—Así se habla —dijo mientras se daba la vuelta para regresar a su asiento.
Pero, en ese momento, Arturo levantó la mano para llamarla.
—Oye, Isla…
—¿Mmm?
—La chica miró por encima del hombro.
—… —Pero, antes de que el chico pudiera hablar, se detuvo y pensó por un momento—.
En realidad, no es nada…
—… —Isla frunció el ceño—.
¿Está todo bien?
—Sí, sí, es que se me ha olvidado lo que quería decir.
—Él asintió.
—…
Aunque Isla no se creyó su excusa, no intentó presionarlo más.
Arturo era muy consciente de que ella estaba dispuesta a escucharlo pasara lo que pasara, y ambos confiaban el uno en el otro para ser siempre claros y honestos.
Así funcionaba su amistad.
La confianza por encima de todo.
—Vale, si te acuerdas, dímelo —dijo, y luego volvió a su asiento.
Mientras tanto, Arturo simplemente suspiró.
«No puedo hablarle ahora del Lamentador, está en mitad de las clases.
Sería una conversación demasiado larga y, además… ya tiene demasiadas cosas en la cabeza.
Simplemente lo evitaré por completo y todo debería ir bien».
Una vez decidido, Arturo se dio cuenta de que el profesor había vuelto para empezar la segunda lección, así que se sacudió todos esos pensamientos de la cabeza y se concentró.
***
La segunda clase transcurrió sin incidentes y sonó el timbre, anunciando el final de la primera mitad del día.
Arturo e Isla salieron de clase para dirigirse a la cafetería a almorzar.
Se encontraron con los demás por el camino y el grupo llegó a su destino unos minutos después.
Rápidamente, se dispersaron por el lugar para coger lo que quisieran comer.
Este era, en silencio, el momento favorito de todos, incluida Isla.
La comida que servía la academia era de primera, incluso para los estándares más altos.
Era tan buena que casi resultaba extraño lo buena que era.
En cierto modo, a Arturo le recordaba a la deliciosa comida del juego.
Aunque aquella era buena porque el maná amplifica el sabor y lo hace mucho más intenso.
«Mmm, ¿qué pido hoy?
Hoy me siento más carnívoro, así que quizá un poco de pollo».
Mientras contemplaba sus opciones, Arturo oyó a unas personas hablar a su lado.
Como iban andando, pudo ver por el rabillo del ojo que era un grupo de chicas.
Llevaban varias bandejas y parecían dirigirse a las mesas para sentarse.
Sin embargo, una de ellas no vio a Arturo y, sin darse cuenta, chocó con él y perdió el equilibrio.
Los instintos de Arturo se activaron de inmediato mientras miraba a un lado.
Vio que la bandeja de la chica temblaba y los platos estaban a punto de caer.
Así que, con rapidez y precisión, le agarró la mano para que no se cayera y luego sujetó la bandeja con la otra mano, deteniendo su posible caída.
«Bueno, eso ha sido un poco peligroso», pensó para sí.
«Aunque mi velocidad de reacción está muy afinada.
Normalmente no sería capaz de moverme tan rápido».
—¡Huy!
—La chica soltó un pequeño grito mientras se aferraba al brazo de Arturo.
—Con cuidado, señorita —dijo mientras la ayudaba a incorporarse—.
Casi te caes.
—… O-oh, lo siento mucho.
No estaba miran… —Cuando la chica estaba a punto de disculparse, se detuvo de repente mientras miraba a Arturo con los ojos entrecerrados.
Durante unos segundos, su expresión fue como si estuviera atónita.
—Tú… —lo señaló lentamente con el dedo—.
¿Nos conocemos de antes?
—¿Mmm?
—Arturo enarcó una ceja.
Al volver a mirar a la chica, vio que era bastante guapa, con un precioso pelo rubio y ojos verdes.
Sin embargo, Arturo no recordaba haber conocido a nadie como ella.
«Recordaría si hubiera conocido a una chica guapa antes».
Se encogió de hombros.
—No, no lo creo.
Quizá me hayas confundido con otra persona.
—¿Elise?
¿Estás bien?
—preguntaron sus amigas, rodeándola rápidamente al percatarse de la escena.
—Mmm… Sí, estoy bien —asintió con la cabeza y luego volvió a mirar a Arturo.
Parecía completamente distraída por él.
Su mente repasó incontables recuerdos y entonces, en un repentino momento de lucidez, sus ojos se abrieron de par en par.
—Espera… ¿Arturo?
¿Eres tú?
—preguntó en voz baja, casi incapaz de creerse a sí misma.
—… Eh, sí, ese es mi nombre —respondió Arturo, aún más confundido que antes.
Al oír esa respuesta, la cara de la chica se iluminó poco a poco.
—¿Fuiste a la Escuela Primaria Glorian, verdad?
«Vale, ¿pero qué demonios?».
Arturo parpadeó en silencio.
—Sí… Fui a esa escuela primaria.
«Uno de mis lugares menos favoritos del mundo», pensó.
«Un oscuro fragmento del pasado que ni siquiera quiero recordar».
Fue entonces cuando la chica abrió lentamente la boca y dio un paso atrás.
—¡Oh, Dios mío!
¡¡Eres tú, Arturo!!
—exclamó.
—¿Qué?
¿Elise?
¿Conoces a esa persona?
Sus amigas parecían igual de confundidas, ya que no sabían por qué le sorprendía tanto verlo.
—… Lo siento mucho, pero de verdad que no te recuerdo en absoluto —dijo Arturo.
Su memoria de la escuela primaria consistía principalmente en un acoso horrible y en soledad.
Rara vez hablaba con la gente y pasaba el tiempo solo, así que fue simplemente brutal.
—¡Soy yo!
¡Elise!
¡Solíamos leer libros juntos en la biblioteca todos los días después de clase!
—dijo ella.
—¿Leer libros…?
¿La escuela?
—Arturo entrecerró los ojos.
Entonces, fue como si sus palabras hubieran activado un fragmento de historia profundamente oculto en la cabeza de Arturo.
Un recuerdo tan lejano y tan vago que no podía creer que aún lo recordara.
Entonces, lentamente, la imagen de una niña se formó en su cabeza.
Alguien con quien ni siquiera hablaba ni consideraba una amiga.
Pero, extrañamente, una sensación de calidez llenó poco a poco su corazón.
N/A: ¡No olvidéis darle al libro algunos tiques dorados para la buena suerte!
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