¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 244
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244: Capítulo 244- Escape 244: Capítulo 244- Escape La destrucción del edificio continuaba mientras se desmoronaba trozo a trozo.
La gente observaba cómo el fuego alcanzaba un nivel sin precedentes y el humo llenaba el cielo.
Cubriéndolo con una capa de humo aún más oscura.
—Qué desastre….
—Quién iba a pensar que la Perla Roja, de entre todos los lugares…
—Oí que fue una fuga de gas lo que provocó este incendio…
—Esto nunca había pasado antes… Me pregunto cómo nos van a explicar el incidente.
—Ahora estoy un poco aterrorizado… Si pudo pasar una vez, seguro que puede pasar dos, ¿no?
La gente, ansiosa, observaba la destrucción desde lejos mientras comentaba la noticia.
Su conmoción no era infundada.
Después de todo, la Perla Roja era una organización de gran renombre y ponían mucho énfasis en la seguridad y la protección.
El hecho de que una fuga de gas hubiera causado tanta destrucción hizo que la gente, como era natural, se preocupara por si podría volver a ocurrir una y otra vez.
Podían escapar una vez, pero ¿podrían hacerlo dos o más?
Nadie quería morir rodeado de destrucción y fuego.
Sin embargo, al mismo tiempo, no podían vivir sin la carne que compraban en la Perla Roja.
Sencillamente, era la mejor que había y no tenía competencia en ese aspecto.
El conflicto de intereses y el miedo a la muerte chocaban en sus mentes mientras observaban el abrasador fuego.
Lo que era seguro a partir de ese momento era que las cosas iban a dar un giro muy extraño y todo el mundo estaba simplemente esperando una cosa… ¿Qué haría la Perla Roja para contener este desastre?
***
Mientras tanto, en otro lado, un grupo de personas salió sigilosamente por la salida, dejando tras de sí el suelo que se derrumbaba.
—Rápido… Tenemos que irnos de este lugar… —susurraron entre ellos mientras corrían hacia los grandes arbustos al final de la calle.
Sobre sus hombros, llevaban a un joven herido al que le goteaba sangre de la ropa empapada.
Nadie los vio desaparecer, ya que todo el lugar estaba sumido en el caos y el fuego abrasador cubría sus movimientos.
Aunque eran muchos, nadie los vio.
Al llegar a los espesos arbustos, saltaron dentro y dejaron a Arturo en la hierba.
El chico exhaló un largo suspiro mientras por fin inhalaba algo de aire fresco.
—¡Cof, cof!
—tosió Arturo con fuerza mientras escupía una bocanada de saliva.
—¿Estás bien, muchacho?
Uno de los prisioneros le preguntó a Arturo con preocupación.
Este último levantó la mano en señal de que estaba bien.
—Uf… Eso fue… brutal… —suspiró Arturo mientras se recostaba de nuevo.
Aún era incapaz de moverse, así que hizo una seña a una de las personas que lo rodeaban para que tomara la poción que tenía en la mano.
—¿Puedes… verter el contenido de esta poción en mi boca?
—preguntó.
—Eh… claro…
La mujer agarró su poción y vertió el líquido en su boca.
«Esta es quizás la cosa más rara que he hecho en el juego hasta ahora…», pensó el chico mientras se bebía la poción de resistencia.
Sintió cómo su cuerpo absorbía ávidamente la energía mientras se recargaba muy deprisa.
Pasó un minuto antes de que Arturo por fin empezara a recuperar el control de su cuerpo.
Sus músculos entumecidos comenzaron a moverse y su cuerpo frío elevó su temperatura, dándole una mejor sensación de su piel y extremidades.
Finalmente, se levantó del suelo sujetándose la cabeza.
—Joder… Cómo duele… —murmuró mientras alzaba la vista hacia los prisioneros que lo rodeaban.
Todos parecían tan perdidos y confusos mientras miraban a su alrededor.
Sin embargo, Arturo podía ver el miedo en sus ojos.
«¿Qué se supone que haga con ellos ahora?», pensó Arturo mientras se ponía de pie.
—Gracias por salvarme la vida.
No sé qué habría hecho si no hubieran aparecido para sacarme del edificio —dijo.
—…
El grupo se miró entre sí.
—Nos ayudó cuando nadie lo hizo, señor.
Le estaremos eternamente agradecidos.
Al oír eso, Arturo frunció el ceño con tristeza.
La imagen de las celdas seguía grabada en su alma.
Entonces, abrió la boca y preguntó.
—¿Cuánto tiempo… Cuánto tiempo estuvieron en ese lugar?
—preguntó y luego cerró los ojos.
Sabía que lo que estaba a punto de oír lo iba a poner de mal humor.
—¿Cuánto tiempo?…
—No… recordamos… Años, quizás…
—Intenté contar… pero me detuve después de diez años…
Sus respuestas variaban, pero el resultado era el mismo.
Arturo apretó los puños.
«¿Más de diez años?
¿En ese infierno?».
No podía ni imaginarse estar allí un día, y mucho menos más de una década.
El hecho de que esta gente no hubiera perdido la cabeza todavía sorprendía a Arturo.
—Siento mucho que nadie viniera a por ustedes antes.
Debió de ser muy doloroso… —dijo en tono de disculpa.
—…
El grupo permaneció en silencio mientras miraba a Arturo.
El chico se dio cuenta y levantó la vista.
Fue entonces cuando vio que casi todos los prisioneros lloraban en silencio.
—Nosotros… *snif*… Nunca esperamos salir de allí con vida…
—Creía que mi vida se había acabado… No tenía a nadie que pensara en mí si desaparecía… —dijo otro mientras se secaba la cara.
—¿Por qué… por qué nadie se acordó de ustedes?
—preguntó Arturo con cara de confusión.
«Hay docenas de personas en ese lugar… ¿Seguro que sus familias no se darían cuenta de que llevan tanto tiempo desaparecidos?».
Pero la respuesta que recibió fue, sencillamente, de otro mundo.
—Por qué lo harían… No sé si está al tanto de esto o no, señor… Pero la mayoría, si no todos nosotros, éramos antes personas sin hogar, sin familia ni trabajo… La Perla Roja nos recogió y nos ofreció trabajar en sus sucursales… Pero… cuando nos dimos cuenta del secreto que ocultaban, decidimos dejar ese trabajo… Solo para acabar siendo capturados y encerrados en la cárcel…
—¿Qué?
—Arturo enarcó una ceja—.
¿Secreto?
¿Qué secreto?
El grupo lo miró en silencio, como si no comprendieran su reacción.
—¿No lo sabías?
—preguntó una mujer.
—No…
—Entonces, ¿por qué te infiltraste en el edificio?… Pensábamos… que lo sabías…
—No, me infiltré en el edificio para salvar a mis amigos.
¿Qué demonios está pasando?
—preguntó Arturo.
Su sospecha de que la Perla Roja tenía un negocio turbio se estaba convirtiendo lentamente en realidad ante sus propios ojos.
Esta gente sabía algo que él desconocía.
—Cuéntenmelo todo.
***
—I-Isla…
Finlay abrió lentamente los ojos y miró a su alrededor, sintiendo unas manos cálidas que lo rodeaban, abrazándolo con fuerza y aliviando el inmenso dolor que sentía.
Al levantar la vista, vio una cara familiar.
—¿Estás despierto, Finlay?
—preguntó Isla mientras bajaba la mirada sin dejar de correr—.
No te preocupes, estarás bien.
Vuelve a dormir.
Te llevo de vuelta a casa —dijo en un tono suave.
—¿Y… y Serko?
¿Está bien?
—preguntó él.
—Lo lleva Herculia.
Lo verás pronto —respondió Isla mientras miraba por encima del hombro.
A unos cientos de metros de ella, pudo ver un carruaje grande y roto con dos hombres muertos a su lado.
—¿Y Sora?
—También está a salvo y esperándonos.
Los ojos del chico se abrieron de par en par antes de que una pequeña sonrisa de alivio apareciera en su rostro.
—¿Es así…?
—murmuró mientras exhalaba un pequeño suspiro.
Todo su miedo se desvaneció rápidamente y finalmente se acurrucó contra Isla.
Su cuerpo estaba demasiado agotado para seguir hablando, así que permaneció en silencio.
Isla bajó la vista con una sonrisa.
—Siento haberlos hecho esperar, chicos —murmuró Isla—.
Prometo que esto no volverá a pasar.
Dándole una palmadita en la cabeza al chico, corrió por la calle a toda velocidad, en dirección a su cuartel general.
Sabía que los guardias llegarían al lugar muy pronto, así que tenía que escapar antes de que lo hicieran.
Unos minutos más tarde, llegó a su destino y entró.
Allí vio a tres personas.
—¡Isla!
—exclamó Emmy mientras arrojaba la toalla al suelo y corría hacia ella—.
¡Has vuelto!
—Sí, pudimos recuperar a Finlay y a Serko antes de que salieran de la ciudad.
Después de traer a Sora de vuelta a casa, Isla se encontró allí a Danny y a Emmy, que habían vuelto tras desaparecer en algún lugar.
Los dos se encontraron con Pereza mientras exploraban el edificio y él los teletransportó inmediatamente a donde estaban todos los guardias.
Apenas pudieron escapar de sus garras tras una brutal persecución.
No pudieron volver a entrar en el edificio, ya que estaba rodeado de fuerzas, y acabaron alejándose y contactando con Isla.
No podían hacer nada en absoluto, así que Isla decidió que se quedarían a vigilar el lugar en caso de emergencia mientras ella iba con Herculia a recuperar a los dos niños.
—¡Gracias a Dios!
—sonrió Emmy de oreja a oreja.
—¿Y Sora?
¿Está bien?
—preguntó Isla mientras dejaba a Finlay en el suelo con delicadeza.
Al mirar a la niña dormida, Isla frunció ligeramente el ceño.
Las espantosas heridas se estaban curando en tiempo real, pero aun así eso no la hacía sentirse mejor.
—Está bien.
Le dimos algunas pociones y ahora está descansando.
—¿Y Arturo?
—preguntó Danny.
N//A: ¡No se olviden de darle al libro algunos tiquetes dorados para la buena suerte!
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