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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 350

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Capítulo 350: Capítulo 350- Exo-Impulso (Parte 7)

Capítulo 350: Exo-Impulso (Parte 7)

—¡Yonathan! —gritó el chico a pleno pulmón. El agotamiento se oía con suma claridad en su voz. Apenas si era capaz de pronunciar bien el nombre del anciano entre jadeos—. ¡¿Lo logré?!

—… —El anciano miró a Arturo sin expresión, como si estuviera viendo a una especie de alienígena. Esta era la primera vez en muchísimo tiempo que se quedaba verdadera y completamente sin palabras por algo. Incluso su mente se negaba a comprender qué clase de monstruosidad acababa de presenciar.

«Este chico… ¿Es siquiera humano?».

Yonathan sabía muy bien lo difícil que era este proceso. Cada vuelta duplicaba la dificultad de la anterior y, para la vuelta 50 o 60, el cuerpo ya habría alcanzado su límite. En cada vuelta posterior, lo único que se podía usar era la voluntad. Ninguna cantidad de resistencia o fuerza podía dar cabida a algo tan extenuante como esto… Solo la pura fuerza de voluntad podía impulsar a alguien a lograrlo.

Y, sin embargo, este chico no se limitó a hacer las 100 vueltas, ni tampoco a hacerlas en un tiempo ridículo. Había hecho 150 vueltas… Cincuenta más que el objetivo inicial. Esa cifra era algo que solo Yonathan podía comprender.

«Cada vuelta después de la centésima sería más difícil que las 100 vueltas juntas… Y aun así, hizo 50 más… ¿Qué clase de monstruosidad es esta?». Se estremeció.

—Lo lograste, niño. Has terminado… Mejor de lo esperado —respondió finalmente el anciano, tratando de mantener su habitual tono sereno.

—¿En serio…? —murmuró el chico mientras sentía que el alivio inundaba su cuerpo. Al mirar hacia el oscuro abismo sobre él, sintió que todo el agotamiento y el dolor regresaban con la misma fuerza de siempre, si no más. Entrecerró los ojos y contuvo la respiración un instante.

«No lo sé. De verdad que no sé cómo… terminé… Solo caminé hasta sentir que las piernas estaban a punto de explotarme». Caviló mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Incluso a través de todo ese dolor, sintió una profunda sensación de logro invadir su mente.

Estaba feliz, muy feliz. Este había sido, con diferencia, el desafío más difícil al que se había enfrentado, y esas últimas vueltas parecieron el peor de los infiernos. Ni siquiera sabía de dónde habían salido toda esa voluntad y ese deseo, pero Arturo se sentía orgulloso de sí mismo por ser capaz de lograr semejante hazaña.

«Quiero llorar. Buen trabajo, Arturo. Te mereces una palmadita en la espalda». Sonrió.

—¿Puedo quitarme estas cosas de encima ya? —preguntó Arturo.

—Adelante —respondió el anciano.

—Gracias.

Dicho eso, Arturo levantó lentamente su mano agotada, solo para sentirla caer al suelo de nuevo. No podía ni levantarla unos centímetros, y desde luego no podía mover los dedos. Volvió a intentarlo, solo para fracasar estrepitosamente.

—Ejem, ¿pueden echarme una mano? —preguntó.

—…

Unos segundos después, dos hombres se le acercaron y empezaron a desactivar los discos de piedra y a quitárselos del cuerpo. Casi de inmediato, Arturo sintió como si todo su cuerpo hubiera sido sacado de la picadora de carne en la que estaba.

Toda la presión que aplastaba constantemente su cuerpo se desvaneció, y sintió como si de repente le hubieran salido alas. A pesar del agotamiento, movió la mano para levantarse.

—¿Eh?

Sin embargo, y para su sorpresa, su mano se movió mucho más rápido de lo que esperaba y golpeó el suelo en un ángulo extraño. «¿Qué demonios está pasando? ¡Mi cuerpo es rapidísimo! ¡Siento que puedo volar!».

Aunque todavía le temblaban las piernas, Arturo se sentía completamente ingrávido. Sentía su cuerpo como si fuera solo aire, y podía moverlo fácilmente como si fuera aire. Aun así, apoyó con cuidado su veloz mano en la tierra y se puso de pie.

Sorprendentemente, no encontró resistencia al levantarse. Era como si la gravedad ya no le afectara.

—¡Jajaja, qué demonios! ¡Soy realmente ligero! —Al saltar, Arturo alcanzó fácilmente varios metros de altura sin mucho esfuerzo, y todo esto con el cuerpo todavía muy agotado. No podía ni imaginar cuánto mejor estaría una vez se recuperase por completo.

—¡Yonathan! ¡Me siento mucho más rápido! ¿Ya he aprendido el Exo-Impulso?

—No, todavía no. Aún te quedan varios pasos más por cumplir —dijo el anciano.

—Entonces, ¿qué te parece mi desempeño? ¿Lo he hecho bien? —preguntó el chico mientras se acercaba al hombre. Sacó una poción de resistencia y se la bebió rápidamente para recuperar algo de energía.

—¿Que si lo has hecho bien? —Yonathan enarcó una ceja—. Has terminado la tarea en siete horas.

—¿Siete horas?

«Pareció una semana». Caviló el chico. «Pero está bastante bien haberlo hecho en menos de un día. Volveré a la superficie lo más rápido posible».

—Mmm, bueno, no está mal. ¿Cuánto se tarda normalmente en terminar 100 vueltas? —preguntó el chico con despreocupación. «Considerando mi talento, supongo que a ellos les llevaría quizá un día. Sí, un día suena muy razonable».

—Normalmente… Para los talentos promedio, se tarda varios días.

—¡¿Varios días?! —soltó Arturo—. Vaya, eso es mucho más de lo que esperaba. ¿Y los buenos talentos?

—Un buen talento normalmente terminaría en dos días.

—Dos días…

—En cuanto a los grandes talentos, tardarían un día en hacerlo. Los talentos extremadamente raros, medio día, y solo hay una persona en la historia que lo hizo en menos de 10 horas. Bueno, ahora son dos personas.

—…

—…

—Vaya, así que lo hice muy, muy bien —sonrió Arturo mientras se frotaba la nuca.

—En efecto —respondió el anciano en un tono misterioso—. Bueno, tómate una hora de descanso y luego continuaremos con los siguientes pasos de tu entrenamiento.

—¿Qué? No necesito ese descanso. Todavía puedo conti…

Antes de que Arturo pudiera terminar la frase, Yonathan le empujó suavemente el pecho con su bastón. Ese pequeño empujón hizo que el chico tropezara hacia atrás y cayera con una mirada aturdida.

—Ni siquiera puedes mantenerte en pie correctamente. Descansar es tan importante como entrenar, así que no creas que es inútil —dijo antes de darse la vuelta y volver a entrar, dejando a Arturo sentado allí.

Cuando la puerta se cerró, el chico inclinó el cuello. —Vaya… Ese viejo es muy maleducado —murmuró—. Supongo que puedo aprovechar este tiempo para tomarme un respiro. Me siento bastante agotado.

Sacando una poción de maná y una de resistencia, Arturo se las bebió con avidez para recargar su cuerpo cansado. Después de eso, se tumbó en la tierra para descansar todo lo posible. Su mente rememoró todo lo que le había pasado durante el entrenamiento.

Especialmente cuando esa ilusión de Isla apareció en su visión. Sus palabras seguían repitiéndose en su cabeza una y otra vez. Por mucho que supiera que no eran reales y que era simplemente su mente diciéndole cosas crueles para que se detuviera, seguía encontrándolas bastante reveladoras.

«Así que eso es lo que mi subconsciente piensa de Isla. Es un poco molesto». Parpadeó. «No creí que tuviera pensamientos tan negativos plagando mi mente, y ni siquiera lo sabía».

N/A: Gracias a todos por los regalos, los tiques dorados y los PS. ¡Sigamos así!

Capítulo 351- Exo-Impulso (Parte 8)

*Fuera del Vacío*

Habían pasado varias horas desde que Isla regresó de la Torre del Fragmento y, por consiguiente, varias horas más desde que todos supieron que Arturo estaba completamente perdido. Nadie sabía dónde estaba. Era como si el mundo se lo hubiera tragado.

El grupo intentó discutir su posible siguiente paso durante un momento tan importante. Sabían lo importante que Arturo era para ellos, y su desaparición estaba demostrando ser un problema enorme.

Para empezar, Arturo era el jugador más fuerte de todo el juego por un amplio margen. Su poder por sí solo les daba una enorme ventaja sobre todos los demás. El segundo problema eran los misteriosos movimientos del Lamentador.

Su enemigo estaba intentando lograr algo claramente, y ellos todavía no sabían qué era. Tener a Arturo sería una gran ventaja, incluso si no se requería ningún conflicto físico.

Sin embargo, la razón más importante de todas y a la que más vueltas le daban era que… Arturo era simplemente su amigo.

No era simplemente un compañero o un colega, era uno de los suyos. Alguien a quien querían y apreciaban mucho. Les encantaba su humor, su extraña personalidad y su asombrosa habilidad para lograr lo imposible contra todo pronóstico.

Perder a Arturo se sentía como si les hubieran robado una parte enorme de su grupo. Su preocupación no hacía más que crecer, y su miedo a lo que podría haber pasado se hacía cada vez más prominente. La más afectada era Isla, y por un amplio margen.

Después de pasar la noche planeando sus siguientes pasos, Isla finalmente renunció a seguir esperando y decidió desconectarse del juego, ya que fuera ya era de día y tenía clases a las que asistir. Había considerado faltar a clase e intentar buscar a Arturo de nuevo.

Sin embargo, su grupo se mantuvo firme y se negó a dejarla hacerlo. Sabían que solo acabaría metiéndose en más problemas si volvía a salir. Ya lo estaban pasando bastante mal con la desaparición de Arturo; si Isla también desaparecía, para ellos sería el fin del mundo.

Al final, Isla se convenció y decidió quedarse. También sabía que no podía permitirse dejar al grupo en ese estado.

Al final, con un sabor amargo en la boca, se desconectó. Se aseguró de decirles a los chicos que se mantuvieran alerta por si Arturo regresaba. Confiaba en que podrían manejar cualquier situación, y como también formaban parte del grupo, no tenía ninguna duda de que se encargarían de la situación si fuera necesario.

Isla había dejado todo en sus manos.

***

«Mmm…». Isla abrió lentamente los ojos al mundo. Entrecerró los ojos, frunció el ceño y luego se los frotó antes de salir lentamente de la cápsula. Su pelo y su ropa estaban un poco desordenados debido a la larga sesión de juego.

Entró rápidamente en el baño para ducharse. Sin embargo, una vez que se detuvo frente al espejo, se encontró completamente perdida en su reflejo. Se sorprendió a sí misma observando cada uno de los rasgos de su rostro perfecto.

Sin embargo, estaba lejos de admirarse. En cambio, la chica se encontró completamente perdida en sus propios pensamientos, y todos ellos eran sobre Arturo. Apretó lentamente los puños para mantener la calma.

«Estará bien… Siempre sale de estas situaciones de un modo u otro», reflexionó. «Todo lo que tengo que hacer es asegurarme de que no intenten culparlo por el asesinato, y estará bien».

Tras respirar hondo varias veces, Isla consiguió mantener la compostura. Sentía que su corazón se hacía pedazos en ese momento, pero por el bien de su grupo, y por el de Arturo, tenía que hacer lo que tenía que hacer.

Después de un minuto de reflexión, finalmente continuó con su día, duchándose y preparándose un desayuno rápido antes de marcharse a la academia.

El día pasó muy lentamente, incluso con todo el caos que estaba ocurriendo. Las batallas entre los estudiantes continuaron, y la feroz rivalidad creció. La academia entera se había convertido en un campo de batalla en miniatura donde todos los estudiantes intentaban luchar por las clasificaciones.

Sin embargo, Isla no conseguía concentrarse ni involucrarse. Su mente estaba en otro plano de existencia donde nada importaba realmente. La única razón por la que seguía haciendo lo que hacía era por necesidad y para mantener sus planes encarrilados.

No obstante, durante todo el tiempo, sus ojos estaban fijos en aquella puerta, deseando ver a Arturo entrar por ella con su sonrisa habitual. Deseaba verlo y disculparse por todo lo que le había dicho. Ese deseo era quizás el más fuerte que había experimentado jamás, y solo la acercaba más y más a la locura. Nada de lo que intentaba hacer la ayudaba a calmarse o a olvidar.

Con eso, el horrible día finalmente pasó, y pudo marcharse de la academia. Entonces, inmediatamente pidió a sus amigos que fueran a ver cómo estaba Arturo y si se había despertado o no. Como no tenía acceso al dormitorio masculino, solo podía depender de Herculia y Danny para hacerlo.

Pero, tal como esperaba, por mucho que llamaron a su puerta, no respondió. Intentaron pedir al personal que les abriera la puerta, pero se negaron, ya que iba completamente en contra de su política.

—Solo se nos permite comprobar el estado de alguien si desaparece durante más de cuatro días en el juego, señor. Lo lamento profundamente, pero la situación actual de su amigo todavía no es peligrosa.

Con esa fría respuesta, los dos se marcharon con rostros sombríos y crispados. No sabían ni qué pensar de esta situación.

—… ¿Q-qué deberíamos hacer ahora, Danny? —preguntó Herculia—. Arturo está atrapado en el juego, y ni siquiera quieren ayudarlo. ¿Qué sinsentido es este?

—… —Danny se detuvo a pensar por un momento—. No lo comprobarán durante cuatro días… Ese es quizás el peor resultado posible.

—¿Deberíamos hablar con los de arriba? Definitivamente podemos convencerlos de que lo comprueben si…

—No, dudo que eso funcione tampoco. Si hay algo que se sabe de la Corporación Divinidad es que se rigen por sus propias reglas sin ninguna excepción. Lo han demostrado una y otra vez y nunca han cedido, ni siquiera ante desastres. No creo que hagan una excepción esta vez.

—Entonces, ¿qué vamos a…

—Hablemos primero con Isla. Esta situación se está complicando cada vez más.

«Siempre estás causando problemas, cabrón. Más te vale volver antes de que las cosas se salgan de control», apretó los dientes Danny.

***

—¡¡¡Achís!!! —estornudó Arturo ruidosamente—. ¿Mmm? Eso fue inesperado. ¿Por qué he estornudado? —murmuró mientras se frotaba la nariz.

El chico sintió un escalofrío recorrerle la espalda por un momento, como si alguien estuviera hablando de él en otro lugar. Sin embargo, rápidamente desechó esos pensamientos y miró hacia adelante.

—Ha pasado una hora más o menos desde que se fue ese anciano. Ahora me siento con mucha más energía. ¿Debería ir a buscarlo?

Aunque todavía le quedaba mucho por recuperar, no quería perder más tiempo sentado sin hacer nada. Necesitaba aprender esta habilidad y luego dirigirse rápidamente a esa isla.

Mientras contemplaba eso, oyó abrirse la puerta y el anciano Yonathan volvió a salir.

—Ahí estás.

—¿Te has recuperado, niño? —preguntó Yonathan mientras se detenía frente a Arturo.

—Lo suficiente como para moverme libremente, sí —respondió el chico—. ¡Me siento tan ligero, como una pluma!

Poniéndose de pie, el chico dio un saltito en el sitio. Todavía no estaba del todo familiarizado con la forma en que su cuerpo reaccionaba a sus intenciones. Sentía como si la latencia de su cerebro al enviar la señal a su cuerpo para realizar un movimiento se hubiera reducido básicamente a nada.

Era como si su cuerpo se moviera incluso antes de que su cerebro pensara, así de rápido se sentía. Arturo ni siquiera necesitó pensar en ello para darse cuenta de lo asombroso que era ese cambio. No solo lo hacía mucho más fuerte, sino que también hacía que su capacidad para defenderse e incluso reaccionar a las cosas que sucedían a su alrededor fuera mucho más eficiente.

«¡Siento que puedo hacer lo que quiera!»

—Bien. —El anciano vio la mirada emocionada en el rostro del chico y asintió—. Ese es el efecto de tener ese enorme peso aplastando tu cuerpo mientras ejerces una gran cantidad de fuerza. Pero el Exo-Impulso está un nivel por encima incluso de eso.

—… —Arturo se detuvo de inmediato.

—La técnica no consiste simplemente en la velocidad como podrías pensar, Arturo. Para aprender el Exo-Impulso, la velocidad no es lo que necesitas mejorar…

—¿Eh? Entonces, ¿qué debo mejorar?

—Es el control —explicó el hombre—. Control sobre tu cuerpo y sobre cómo se mueve cada músculo. Control sobre tus articulaciones y huesos, todo para alcanzar un objetivo… El movimiento definitivo.

N//A: Gracias a todos por los regalos, los tiques dorados y los PS. ¡Sigamos así!

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