¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 Capítulo 38- Una isla en el océano Parte 3
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38: Capítulo 38- Una isla en el océano (Parte 3) 38: Capítulo 38- Una isla en el océano (Parte 3) Acercándose a la cápsula con curiosidad, no tardó en darse cuenta de que, en efecto, era la misma que había recibido ayer.
Al poner la mano en el cristal, esta lo reconoció rápidamente y abrió la puerta.
—Vaya… El hecho de que hayan podido entrar en mi apartamento, coger la cápsula y montarla en el avión tan rápido es un poco… aterrador —murmuró Arturo con el ceño fruncido—.
«¿Qué demonios le pasa a esta compañía?
¿Acaso esconden algún tipo de magos entre su personal?».
Hasta ahora, Arturo solo había tenido dos interacciones directas con alguien de Divinidad Corp, y en ambas ocasiones, se quedó atónito.
Hacían las cosas de una forma tan poco ortodoxa que no podía evitar preguntarse cómo eran capaces de hacerlo.
—Bueno, si la han traído hasta aquí, eso significa que puedo usarla, ¿no?
—Arturo se frotó la nuca antes de mirar por encima del hombro—.
En fin, hora de jugar, entonces.
Dicho esto, se sentó en la cápsula y cerró la puerta.
Inmediatamente, perdió el conocimiento y su mente fue enviada al mundo del juego.
En pocos segundos, el chico se encontró flotando en el cielo sobre un bosque inmenso que se extendía a lo largo y a lo ancho.
Entonces, antes de que pudiera siquiera reaccionar, su cuerpo se precipitó de repente hacia el suelo como un meteorito, aterrizando en el corazón de la aldea con la suavidad de una hoja llevada por el viento hacia su destino.
—¡Guau!
¡Jaja, eso ha sido genial!
—murmuró mientras se miraba el cuerpo.
Ahora vestía la misma ropa que tenía en el juego.
Tras asegurarse de que podía moverse correctamente, se dirigió al taller de Nina para ver si ya había vendido la piel.
«Después, creo que voy a salir a cazar y a subir de nivel aún más.
No sé si podré subir de nivel lo bastante rápido, teniendo en cuenta que ya estoy casi en el nivel 10.
Pero, quizás si me adentro más en el bosque, aparezcan enemigos más fuertes».
Mientras sopesaba sus próximos movimientos, se encontró de pie frente a la tienda.
Era temprano por la mañana y la aldea bullía de jugadores, como de costumbre.
La mayoría se había tomado unos días libres para jugar sin parar.
Arturo supuso que la actividad se iría acumulando poco a poco en horas concretas del día, cuando no todo el mundo estuviera trabajando o estudiando.
Pero, hasta que eso ocurriera, el juego estaría a rebosar de jugadores durante todo el día.
Al abrir la puerta, Arturo entró en la tienda.
Allí encontró al anciano Miro sentado en la misma posición en la que lo había dejado el día anterior.
Estaba leyendo un trozo de papel, aparentemente muy concentrado en él.
Cuando Arturo entró, él dejó el papel y lo miró.
—Hola, anciano Miro —lo saludó Arturo—.
¿Está Nina aquí?
—… —El anciano entrecerró los ojos antes de negar con la cabeza—.
Todavía está dormida.
—Oh, ¿vendió la piel que le di?
—preguntó el chico mientras se frotaba la nuca.
El hombre guardó silencio durante unos segundos, mirando a Arturo con fijeza.
El chico solo pudo quedarse allí, incómodo, esperando a que hablara.
«¿Por qué este hombre está siempre de mal humor?
¿No tiene otras expresiones o es que su cara se ha quedado congelada en ese estado para siempre?», reflexionó.
Miro parecía un hombre rígido y serio al que no le gustaban las tonterías ni las bromas.
A Arturo nunca se le había dado bien tratar con ese tipo de personas, ya que él era por naturaleza una persona sarcástica a la que le gustaba bromear incluso en las peores situaciones posibles.
Era su forma de sobrellevar aquello a lo que se enfrentaba.
Muchos pensaban que simplemente estaba loco porque nunca se tomaba nada en serio.
Pero, en realidad, Arturo solo intentaba soportar esa presión usando su humor soez.
Hacía que mucha gente lo evitara, pero a él no le importaba en absoluto.
El mundo nunca fue amable, así que ¿por qué iba a fingir él que lo era?
Estando él en esas, el anciano movió la mano por debajo del mostrador y sacó una bolsa antes de lanzársela a Arturo.
El chico la atrapó con una sola mano, solo para darse cuenta de que pesaba bastante.
—¿Hm?
¿Por cuánto se vendió la piel?
—preguntó.
—Ochenta y cinco platas y cincuenta cobres.
—¡Qué caro!
—soltó Arturo mientras abría la bolsa.
Como era de esperar, dentro había un enorme montón de monedas.
La pila llegaba hasta el borde de la bolsa y amenazaba con desparramarse.
«Esto tiene que ser un montón de dinero.
Joder, definitivamente voy a comprar algo con esto.
Quizás una armadura», pensó para sí.
Hasta el momento, Arturo tenía casi 100 platas, lo que supuestamente era mucho dinero.
Es cierto que 100 platas son solo 1 moneda de oro, pero eso solo le hizo creer que la moneda de oro era así de valiosa.
«Jaja, no puedo esperar a hacerme asquerosamente rico en el juego.
Cazar monstruos más fuertes y vender sus cosas definitivamente me daría un montón de dinero, y entonces podría convertir ese dinero en dinero del mundo real.
¡Hacerme rico al instante!».
—¿Puedo agradecérselo de alguna manera?
¡Esto es de gran ayuda!
—No te preocupes por eso.
No aceptará nada de ti —respondió Miro.
—… ¿Por qué?
—Porque ella quería hacerlo.
Esa chica no suele tenderle la mano a todo el mundo, pero sí quiso ayudarte.
Considéralo una cortesía por su parte —respondió él.
—Si tú lo dices —murmuró Arturo—.
Bueno, si necesita algo, puede decírmelo.
Voy a estar por la aldea un tiempo —dijo mientras se daba la vuelta para irse.
En ese momento, Miro lo detuvo.
—Sin embargo, ¿puedo pedirte algo?
Es algo que esa chica desea pedirte, pero no reúne el valor para hacerlo —dijo él.
—¿Qué es?
—Cuando estés a punto de dejar esta aldea, quiero que visites esta tienda una última vez.
Entonces te diré de qué se trata —dijo el anciano mientras recogía el trozo de papel y se ponía a leer de nuevo.
Arturo entrecerró los ojos antes de volverse.
—¿Qué tipo de petición debo esperar?
—Algo que es… peligroso, pero si puedes hacerlo, estoy seguro de que la recompensa te resultará atractiva.
«¿Peligroso, eh?
Puedo oler una misión secreta a un kilómetro de distancia.
Aunque, ¿cómo he activado esta?
No he hecho nada especial».
Relamiéndose los labios, Arturo asintió con la cabeza.
—Entendido, recordaré hacerte una visita cuando esté a punto de irme.
Hasta luego, entonces.
Después de eso, el chico salió de la tienda y se dirigió a la salida de la aldea.
«¿Una petición peligrosa, eh?
Pero, ¿por qué esperar a que esté a punto de irme?
¿No querría que la hiciera ahora?
¿O quizás es algo que requiere que deje la aldea y vaya a algún lugar lejano?
Uf, qué confuso».
Sintiendo que la cabeza se le ahogaba en pensamientos, decidió dejar el asunto a un lado por ahora y centrarse en su siguiente tarea, ya que era mucho más sencilla y directa.
—Hora de empezar a farmear en serio.
Quiero cazar tantos monstruos como pueda antes de que anochezca.
Mmm, el objetivo debería ser subir tres o cuatro niveles y conseguir un buen número de objetos —murmuró mientras sus ojos brillaban con una luz intensa.
Su verdadera experiencia de subida de nivel estaba a punto de comenzar.
N/A: ¡Dadme todos vuestros PS!
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