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¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 55

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  3. Capítulo 55 - 55 Capítulo 55- Encuentro fatídico Parte 2
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55: Capítulo 55- Encuentro fatídico (Parte 2) 55: Capítulo 55- Encuentro fatídico (Parte 2) El silencio se apoderó de inmediato de todo el lugar.

Se hizo tal silencio que se podía oír la respiración de alguien en todo el establecimiento.

Todos miraron de inmediato a la persona que pronunció esas palabras.

Los ojos de Arturo también se desviaron a un lado cuando escuchó esa frase.

Fue entonces cuando se dio cuenta de junto a qué tipo de persona estaba.

El jugador iba envuelto en un velo completamente rojo que le cubría todo el cuerpo.

Era lo bastante holgado como para no revelar si era hombre o mujer.

En la cabeza, llevaba una siniestra máscara roja sin ojos ni expresión facial.

Pero, con diferencia, el detalle más interesante era su aura.

Mientras que los demás no la percibieron, Arturo sí.

«Es fuerte».

Su mirada se volvió más fría.

«Probablemente esté muy arriba en la clasificación».

Aunque su suposición podía ser realmente sorprendente, su instinto le decía que, en efecto, se enfrentaba a un jugador muy especial.

Por si su petición no fuera ya prueba suficiente.

—D-Disculpe, ¿todas las existencias?

—El dependiente estaba, como era natural, tan sorprendido como todos los demás.

—Sí —respondió la persona enmascarada—.

Su voz era grave y distorsionada, quizá por una función de la máscara.

—S-Señor, nos quedan ciento cincuenta pociones en existencias —respondió él.

—Démelas todas.

—Espera un maldito segundo —intervino por fin Arturo al oír ese toma y daca.

Seguía atónito por la petición, pues ciento cincuenta pociones sonaba a algo completamente ridículo—.

Necesito esas pociones.

Tú puedes comprar el resto después.

Si la persona que estaba a su lado compraba todas las existencias, Arturo no podría conseguir ninguna poción.

Eran bastante cruciales a la hora de cazar y luchar contra enemigos.

Hasta ahora, Arturo no había muerto ni una sola vez, y no tenía intención de probarlo en un futuro próximo si podía evitarlo.

El jugador enmascarado se giró para mirarlo.

Arturo no podía verle los ojos, pero estaba seguro de que no era una mirada amistosa.

—Las necesito todas —respondió—.

Busca pociones en otro sitio.

«¿Qué demonios?».

Arturo sintió que estaba a punto de perder los estribos, pero decidió respirar hondo y mirar al dependiente.

—Ignórelo, ¿puedo llevarme mi pedido e irme?

No tengo tiempo.

—Me llevo todas las existencias.

—No me importa.

No eres el dueño de este lugar y, desde luego, no decides lo que te puedes llevar.

Aparte de ti, hay otros clientes —replicó Arturo.

—Es culpa suya por no haber venido antes.

¿Acaso hay alguna regla que me impida comprar todas las existencias?

—le preguntó el jugador enmascarado a Arturo con un tono frío.

—No me importan las reglas.

Yo estaba aquí antes que tú, así que me voy a llevar mis pociones.

Mientras los dos discutían, la tensión dentro de la tienda creció rápidamente.

Los otros jugadores empezaron a sentir algo ligeramente pesado caer sobre sus hombros.

La temperatura interior también estaba bajando un poco.

«¿Va a estallar una pelea?», pensaron todos mientras tragaban saliva.

Por alguna razón, esos dos jugadores les daban escalofríos y no sabían por qué.

Parecían mucho más aterradores en comparación con el resto de los jugadores que los rodeaban.

El jugador enmascarado guardó un silencio sepulcral, como si no supiera qué decir.

—Eso me parecía —murmuró Arturo antes de volverse hacia el dependiente—.

¿Repito mi ped…?

*Fiu*
En ese momento, Arturo oyó un sonido agudo antes de sentir que algo le punzaba la nuca, seguido de las palabras más gélidas que había oído en su vida.

—Lárgate.

Arturo se quedó quieto un instante, como si estuviera sorprendido.

Ni siquiera necesitó mirar hacia atrás para comprender lo que estaba ocurriendo.

—¿Estás seguro de esto?

—preguntó Arturo—.

Desenvainar la espada en una zona segura no servirá de nada.

—Considéralo una amenaza.

Si deseas seguir jugando a este juego en paz, entonces lárgate.

Lo que antes era una fría confrontación se había convertido en una amenaza en toda regla.

—Agh, ¿por qué lo pones tan difícil, colega?

Solo quiero mis pociones.

No quiero matarte —respondió Arturo, frotándose la frente.

—… —El jugador enmascarado no dijo nada más.

—Bien.

Si insistes en ser un grano en el culo, jugaré a tu jueguecito.

—Dicho esto, Arturo se dio la vuelta y agarró la punta de la espada.

Al principio, su agarre fue ligero, pero luego se fue haciendo cada vez más fuerte hasta que se le marcaron las venas de los brazos.

Entonces, empujó lentamente la espada hacia abajo, en contra de la voluntad de su oponente.

Mantuvo el contacto visual en todo momento, como si lo estuviera desafiando a intentar hacer cualquier cosa.

«Tal y como pensaba, tiene mucha fuerza», pensó Arturo mientras su brazo comenzaba a temblar sutilmente.

Arturo estaba seguro de que su atributo de fuerza estaba por encima del de todos los demás, ya que era uno de los más altos.

Sin embargo, no le estaba resultando fácil bajar la espada.

Eso solo significaba que la fuerza de su oponente no se quedaba muy atrás de la suya.

—¡P-Por favor, no peleen en la tienda!

—el dependiente intentó detenerlos, nervioso, antes de que las cosas se le fueran de las manos.

Sabía que, si los dejaba pelear, destrozarían su tienda y eso sería un desastre.

Los dos siguieron mirándose fríamente hasta que Arturo finalmente apartó la espada de un tirón y miró al dependiente.

—Mis disculpas, señor.

No tenía intención de hacer esto.

¿Puedo coger mis pociones e irme?

Ya me ocuparé de este idiota más tarde.

—… E-Entendido.

El dependiente se apresuró a marcharse y regresó con una gran cantidad de pociones en una bolsa grande.

Había sacado todas las pociones de salud que tenía en existencias.

—Eh, aquí tiene diez pociones.

¿Sigue queriendo el resto de las existencias, señor?

—le preguntó al jugador enmascarado.

—… Démelas —dijo él.

Arturo sacó entonces su bolsa y le dio al dependiente el dinero de todo su pedido, que ascendía a casi sesenta platas.

Luego, guardó esas pociones y salió de la tienda.

«¿Cuál era el problema de esa persona?

¿Quién coño compra ciento cincuenta pociones de salud?

¿Acaso cree que eso supondrá una gran diferencia?

Si eres un imbécil, morirás aunque tengas diez mil millones de pociones en tu inventario», masculló Arturo para sí.

«Además, es malditamente caro.

Una idea pésima por donde se la mire».

Al mirar por encima del hombro, se dio cuenta de que el jugador enmascarado aún no había salido.

No sabía si debía esperarlo para zanjar el asunto o si simplemente debía seguir a lo suyo.

«Si va a seguir persiguiéndome, será muy molesto», pensó Arturo.

«Me da demasiada pereza lidiar con un idiota.

Aunque sea fuerte».

Rascándose la nuca, Arturo siguió caminando por la aldea hasta que llegó a la salida.

Durante todo ese tiempo, no dejó de mirar hacia atrás, esperando que el jugador enmascarado lo siguiera.

Pero no vio nada parecido.

En ese momento, decidió que no tenía sentido esperar a ese jugador.

—No tengo todo el día para perderlo con él.

Si quiere joder, que me encuentre —murmuró en voz baja mientras salía de la aldea, adentrándose en el bosque.

Pasaron unos minutos de tranquilidad mientras Arturo se abría paso entre los espesos árboles.

Su destino eran las partes más profundas del bosque que aún no había alcanzado.

Como su mapa solo mostraba las zonas a las que había llegado, le quedaba mucho por explorar.

«¿Sigo por el mismo camino o intento expandir el mapa en todas direcciones?», se preguntó mientras se detenía un segundo a mirar su mapa.

Ambas opciones eran viables, pues Arturo sabía que el bosque guardaba muchos más secretos en sus profundidades.

—Mmm, si me adentro más podría toparme con enemigos no deseados.

Todavía no soy lo bastante fuerte para enfrentarme a monstruos más poderosos.

Quizá sea más útil expandir el mapa —se dijo a sí mismo mientras hacía zum en su posición.

Mientras estaba concentrado en ello, los sentidos de Arturo se dispararon de repente al sentir una abrumadora sensación de peligro que le recorría el cuerpo.

Sus ojos se abrieron de par en par y contuvo el aliento antes de entrar en acción de inmediato.

*Fiu*
Como un relámpago, saltó a un lado al mismo tiempo que una flecha surcaba el aire y se clavaba en un árbol no muy lejos de él.

Una fracción de segundo después, Arturo sintió el mismo peligro mientras una silueta se abalanzaba hacia él.

«¿Detrás de mí?

¿Era un señuelo?».

Arturo desenvainó rápidamente su espada mientras invocaba dos flechas.

Los dos proyectiles volaron al instante hacia el objetivo, lo que le obligó a saltar a un lado y a detener su carrera hacia Arturo.

*Tin* *Tin*
Al mismo tiempo, Arturo desvió un ataque de espada del enemigo antes de lanzar un tajo con la suya.

Sin embargo, el enemigo fue capaz de esquivarlo y saltar hacia atrás.

El chico miró al atacante mientras sonreía de lado.

—Qué valiente por tu parte tenderle una emboscada a alguien así.

¿Te da demasiado miedo enfrentarte a mí cara a cara?

—preguntó Arturo mientras apoyaba la espada en su hombro—.

¿Debería llamarte «Cobarde Enmascarado»?

N/A: ¡Denme todos sus Boletos Dorados!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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