¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 83
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83: Capítulo 83- Los Cadáveres Ardientes (Parte 1) 83: Capítulo 83- Los Cadáveres Ardientes (Parte 1) Capítulo 83: Los Cadáveres Ardientes (Parte 1)
«¡¡¡Mierda!!!».
Arturo sintió que el corazón casi se le salía por la boca en ese momento.
Al ver el barco gigante caer hacia ellos, sus instintos de supervivencia se activaron.
Sus ojos miraron hacia abajo y su cerebro hizo un cálculo rápido para encontrar la forma óptima de escapar de aquello.
Su velocidad de reacción era un poco más rápida que la de los demás, por lo que tuvo una fracción de segundo para tomar una decisión.
Algo que los otros no tuvieron.
El grupo estaba algo disperso, y la persona más cercana a Arturo era Isla.
Los demás seguían cerca de la plataforma de madera de la que habían venido.
Al mismo tiempo, el barco que caía se precipitaba hacia Arturo e Isla.
Su enorme tamaño seguramente afectaría también a los demás si no se movían.
Sin embargo, Arturo sabía que él e Isla corrían el mayor peligro.
Todo eso ocurrió en la cabeza de Arturo de forma casi instantánea.
Ni siquiera se dio cuenta de que era capaz de pensar tan rápido, ya que la amenaza ocupaba por completo su mente.
—¡¡¡Muévanse!!!
—corrió hacia Isla, la agarró por la cintura y la levantó—.
¡Lo siento!
¡Tengo que hacer esto!
Luego, miró a su alrededor y corrió rápidamente en la dirección opuesta.
Al mismo tiempo, los demás salieron bruscamente de su conmoción y, presas del pánico, intentaron apartarse.
Todos intentaron prepararse para el impacto que era inevitable.
En el último momento, todos se agacharon mientras el barco que caía se estrellaba contra la cubierta.
*BUUUUUUUUUUM*
El impacto fue tan fuerte y ruidoso que pareció que el mundo entero se estremecía a su alrededor.
Tablones de madera y escombros salieron volando por todas partes a velocidades espantosas.
Grietas gigantescas se extendieron por todo el barco en todas las direcciones.
—¡Oh, no!
—Arturo levantó la cabeza, solo para ver que el barco estaba a punto de partirse por la mitad.
No hacía falta ser un genio para comprender el desastre que supondría si eso ocurría.
—Isla, ¿puedes moverte?
—dijo él mientras se levantaba rápidamente.
Esta negó con la cabeza mientras se ponía también de pie.
—¡Tenemos que echar a correr!
¡El barco está a punto de caernos encima!
—dijo él mientras miraba hacia arriba.
Sorprendentemente, el barco que caía no se inclinó al instante hacia ningún lado.
En lugar de eso, permaneció allí durante unos segundos como si fuera un clavo hincado en Adula.
Sin embargo, las grietas no les concedieron tanto respiro.
Se extendían muy deprisa y el sonido de la madera al romperse llenaba el mundo entero.
Arturo e Isla lo sabían y no perdieron el tiempo, sino que empezaron a correr hacia el otro lado.
Las grietas los perseguían, casi haciéndolos tropezar y caer.
«¡Más rápido!».
Arturo no se atrevió a mirar hacia atrás, concentrado únicamente en correr para ponerse a salvo.
—¡A mi cuenta, saltaremos!
—dijo Isla—.
¡No podremos correr por mucho tiempo!
Las grietas se están extendiendo demasiado rápido.
—¡Lo sé!
¡A tu cuenta!
—¡Uno…, dos…, tres…, salta!
—exclamó Isla mientras saltaba hacia adelante.
Arturo la siguió.
En ese mismo instante, el barco finalmente se partió por la mitad y un enorme trozo empezó a inclinarse lentamente hacia atrás.
En pocos segundos, todo el trozo se separó del barco principal y comenzó a descender hacia el abismo sin fin.
—Hah…
Hah…
Hah…
—Arturo jadeaba mientras yacía en la cubierta.
Su corazón latía tan deprisa que podía sentirlo contra su pecho—.
Estuvo cerca —murmuró.
—¿Estás bien, Isla?
—le preguntó a la chica que estaba a su lado.
—Tsk, mi cabeza —la chica se sujetaba la nuca con expresión de dolor antes de levantarse lentamente—.
Estoy bien.
—¡¡Isla!!
¿¡Estás bien!?
—¡Isla!
—¿Están bien los dos?
Los demás corrieron rápidamente hacia ellos.
El pánico en sus voces era real, pues habían sido testigos de lo que acababa de ocurrir.
—Estamos bien, más o menos —respondió Arturo mientras miraba el barco desconocido.
Aquello seguía clavado en horizontal, como si no tuviera intención de caer todavía.
La amenaza que sintieron cuando supusieron que estaba a punto de caerles encima era extrañamente errónea—.
¿De dónde demonios ha salido eso?
—Apareció de la nada —dijo Herculia—.
¡Esto es ridículo!
Nunca esperé que un maldito barco nos cayera del cielo.
—Se parece muchísimo a este barco —respondió Danny—.
¿Son de la misma flota?
—Eso parece.
Los dos están también en un estado horrible —murmuró Emmy con expresión pálida—.
Esto no me da buena espina.
¿Qué hacemos ahora?
—…
—Arturo frunció los labios mientras miraba el barco en silencio.
Él también sentía que algo no encajaba.
Aparte del hecho de que casi lo había aplastado, la amenazante sombra del barco le provocaba un escalofrío por la espina dorsal.
No sabía por qué sentía eso o si era simplemente por su descomunal tamaño, pero Arturo no estaba nada tranquilo.
—¿Va a…
permanecer en esa posición?
—preguntó Danny.
—…
Parece que sí.
Estamos hablando de un barco volador.
Desafía la gravedad —respondió Isla—.
Sin embargo, sea lo que sea que este portal de recuerdos quiera que hagamos, seguro que tiene algo que ver con este barco.
Tenemos que averiguarlo si queremos salir de aquí.
El suceso que acababa de ocurrir no era una coincidencia, y ellos lo sabían muy bien.
—Por ahora…
esperemos a ver qué pasa.
Esto no es el final, desde luego —dijo Arturo mientras se daba la vuelta para caminar hacia el otro lado—.
De todas formas, no podemos ir a ninguna otra parte.
«Tengo que comprobar el otro lado del barco.
No estoy nada tranquilo».
Frunció el ceño profundamente mientras echaba a andar.
—¿Qué debemos hacer, Isla?
—…
Por ahora, inspeccionemos el exterior del barco.
Todavía no podemos entrar en él mientras esté así, en vertical.
Pero, si es necesario, tendremos que encontrar una forma de entrar.
Sin embargo, en ese momento, el grupo oyó un ruido procedente del barco caído.
Inmediatamente, todos se giraron para mirarlo al mismo tiempo.
Y allí la vieron.
En el punto más alto del barco en vertical, una silueta apareció de la nada.
Como estaba muy lejos, no podían verla con claridad.
Sin embargo, de lo que estaban seguros era de que no era humana en absoluto, y la razón era sencilla.
«¿Está…
ardiendo?».
Arturo parpadeó, conmocionado.
No cabía duda: la criatura, fuera lo que fuese, ardía con una llama azul.
Una llama muy brillante que envolvía por completo su cuerpo.
—Qué demonios…
¿es eso?
—murmuró Herculia.
Al mismo tiempo, la criatura avanzó lentamente, acercándose cada vez más al borde.
Entonces, cayó.
Como un meteoro, descendió rápidamente hasta el suelo, estrellándose contra la madera con un fuerte estruendo.
Luego, se levantó lentamente, revelando su aspecto completo.
La criatura era de la altura de un humano promedio.
No tenía piel, ni carne, solo huesos.
Eran de un color negro carbón, como si absorbieran toda la luz a su alrededor.
Su cráneo era similar al humano, sin ojos, nariz, ni siquiera labios.
Solo un cadáver maldito de un humano en llamas.
Nadie se movió mientras miraban al monstruo.
Después de todo, ¿qué se suponía que iban a hacer cuando algo tan inesperado aparecía frente a ellos?
Sin embargo, su peor pesadilla aún estaba por llegar.
Antes de que pudieran asimilar lo que acababa de ocurrir, otra silueta cayó desde lo alto del barco.
Luego, otra, y otra más después de esa.
En una rápida sucesión, muchas siluetas comenzaron a caer al suelo una tras otra.
Todas parecían iguales, como si fueran copias unas de otras.
Antes de que nadie pudiera darse cuenta, docenas y docenas de estas criaturas llenaron la cubierta.
Un ejército entero de estos esqueletos se enfrentó al grupo.
Poco a poco, lo fueron asimilando…
Una batalla había comenzado antes de que nadie pudiera esperarlo.
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