¡Mi Clase de Rango SSS es Monarca de Sangre! - Capítulo 87
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87: Capítulo 87- Lykean, El Hijo de la Llama Azur 87: Capítulo 87- Lykean, El Hijo de la Llama Azur Capítulo 87: Lykean, El Hijo de la Llama Azur
*Fiuu*
El objeto era considerablemente grande y parecía casi un cometa azul llameante en el aire.
El fuego alcanzó cierta altitud y luego comenzó a descender, y su dirección era muy clara.
Nadie entendió lo que estaba pasando durante los primeros segundos.
Pero, cuando se dieron cuenta de lo que iba a ocurrir, reaccionaron.
—Viene hacia nosotros —murmuró Arturo—.
¡Viene hacia nosotros!
¡¡Muévanse!!
Al instante, todos se dispersaron tan rápido como pudieron.
Unos segundos después, la bola llameante se estrelló contra la cubierta y el fuego explotó por todas partes.
La pura onda expansiva los mandó a todos por los aires al hacerles perder el equilibrio.
Se golpearon contra el suelo, rodando varios metros.
Arturo apenas logró detenerse clavando las uñas en el suelo.
Al levantar la vista, conmocionado, se dio cuenta de que Danny seguía rodando hacia el borde del barco.
«¡Mierda!».
Sin pensárselo dos veces, se puso en pie y corrió hacia él.
En el último momento, cuando Danny estaba a punto de caer, Arturo le agarró del brazo.
—¡Hnng!
¡Te tengo!
—dijo con expresión de esfuerzo—.
Agarra… la otra mano… ¡Rápido!
Danny levantó la vista, conmocionado.
No esperaba que fuera Arturo quien le salvara de la caída.
Se quedó atónito por un momento.
—¡Date prisa!
El segundo grito lo sacó de su estupor, por lo que agarró rápidamente la mano de Arturo, quien lo subió poco a poco.
—Hah… Hah… —Arturo jadeaba mientras miraba rápidamente a su alrededor.
Por suerte, ninguno de los demás había acabado cayendo por la borda.
Entonces, sus ojos se posaron en el llameante fuego azul que no estaba tan lejos de ellos.
Era tan denso que no podía ver con claridad lo que había en su interior.
Sin embargo, sus sentidos se dispararon, alertándolo de una presencia muy peligrosa.
Una presencia tan fuerte que le provocó escalofríos.
Hasta ahora, Arturo solo había sentido tal sensación ante criaturas que lo superaban por mucho en fuerza.
«¡¿Qué demonios?!».
Sin pensárselo dos veces, Arturo rebuscó en su inventario y se tragó rápidamente varias pociones para recuperar al máximo sus barras de aguante, maná y salud.
Sabía que lo necesitaría muy pronto.
Lo que fuera que había descendido sobre ellos no estaba allí por motivos pacíficos.
Poniéndose en pie lentamente, Arturo miró más de cerca el fuego llameante.
Fue entonces cuando vislumbró una silueta muy alta.
Su cuerpo era negro como el carbón, al igual que los otros Cadáveres Ardientes.
Sin embargo, la diferencia era que esta criatura no parecía estar ardiendo.
En cambio, Arturo solo podía describirlo como si estuviera envuelto en esas llamas, como si lo acunaran.
Su cráneo tenía unos ojos brillantes que atravesaban el fuego y se clavaron en Arturo, enviando terror a través de su alma.
[¡Se ha detectado un enemigo Jefe!]
[Lykean, El Hijo de la Llama Azur.]
—… La Llama Azur… Así que ese es su nombre —murmuró Arturo, aturdido.
Ya se había imaginado que era un enemigo jefe desde el momento en que lo vio aterrizar.
Pero el nombre seguía siendo muy interesante.
No solo porque era considerablemente más largo que el de cualquier otro enemigo jefe con el que se había topado, sino también porque revelaba algo de información sobre aquello a lo que se enfrentaba.
Los dos se miraron fijamente en silencio, como si intentaran determinar qué podía hacer el otro.
Eso duró precisamente cinco segundos antes de que se produjera un movimiento.
*Fiuu*
«¿… Eh?».
A Arturo se le cortó la respiración cuando su visión fue asaltada de repente por la brillante llama.
Una fracción de segundo después, se dio cuenta de que el monstruo había aparecido frente a él a una velocidad enorme.
«¡¡Mierda!!».
Arturo se agachó en el último momento posible, esquivando la mano que iba a impactar contra él.
El fuego frío aun así le quemó la espalda.
Aun así, Arturo rodó para alejarse mientras desenvainaba de nuevo su espada.
Al mismo tiempo, invocó varias flechas y las lanzó hacia Lykean.
Sin embargo, en el momento en que se acercaron al fuego, las flechas de sangre se congelaron y cayeron al suelo.
«¡¿Qué?!».
Los ojos de Arturo se abrieron de par en par.
Al mismo tiempo, Lykean levantó la mano en el aire y apuntó a Arturo.
Al instante, bolas de fuego salieron disparadas como balas, dirigidas hacia él.
Arturo se lanzó rápidamente a un lado, dejando tras de sí varias estelas de explosiones.
Cada explosión era lo suficientemente grande como para infligir un daño devastador a Arturo.
Pero de lo que el chico no se dio cuenta fue de que, aunque las esquivara, el efecto secundario seguía ahí.
Su cuerpo sentía el frío penetrante del fuego.
Al mismo tiempo, el monstruo se abalanzó sobre él.
«¡¿Por qué coño es tan rápido?!».
Poniendo su espada por delante, Arturo desvió la mano que estaba a punto de golpearlo.
Sin embargo, en el momento en que la hoja sanguina entró en contacto con el fuego, se congeló.
Arturo intentó retroceder rápidamente y crear distancia.
Pero el monstruo se aferró a su espada, sabiendo muy bien que no podía simplemente deshacerse de su arma.
Su hoja continuó congelándose lentamente mientras Arturo luchaba por liberarla.
—¡Tú, bastardo!
¡¡¡Suéltala!!!
Activando «Garra Sangrienta», Arturo acuchilló brutalmente el brazo del monstruo.
El ataque dejó una marca sangrienta en el brazo e hizo que el monstruo lo retirara, dándole a Arturo la oportunidad de recuperar su espada.
—¡¡Eso duele!!
—gimió el chico mientras se miraba la mano.
Su garra estaba ahora congelada y rígida.
El dolor era, como es natural, intenso incluso con la reducción de dolor del 90 % que proporciona el juego.
Pero Arturo no tuvo ni un momento para pensar, ya que el monstruo volvió a atacarlo con más agresividad.
Su velocidad superaba con creces la de Arturo, por lo que se encontró al instante a la defensiva, intentando esquivar y desviar los ataques.
Sin embargo, cada pocos segundos, recibía un golpe, sintiendo cómo las Llamas Azures le devoraban la piel.
*BANG*
—¡¡Agh!!
El chico salió despedido varios metros hacia atrás, rebotando en el suelo y aterrizando boca abajo.
El monstruo lo persiguió rápidamente para rematarlo.
«¡Oh, no!».
Arturo sintió el peligro inminente e intentó ponerse en pie, pero era demasiado tarde para esquivar.
«¡Me va a dar!».
Sin embargo, en ese momento, justo antes del impacto, una silueta apareció de la nada.
*BANG*
De una patada veloz, Isla mandó al monstruo a un lado con facilidad.
El cuerpo del monstruo pareció salir volando sin peso alguno antes de aterrizar rápidamente en el suelo.
—¿Estás bien, Arturo?
—preguntó ella mientras corría hacia su compañero y le tendía una mano para ayudarlo.
—Estoy bien… Hah… Ese cabrón me ha dado una buena —refunfuñó Arturo mientras se miraba las manos que se derretían.
El hielo era extrañamente difícil de romper a pesar de que parecía una fina lámina.
—Este jefe no va a ser fácil.
Esa patada… apenas le ha hecho daño a su salud —Isla frunció el ceño mientras miraba la barra de salud del monstruo.
Incluso después de recibir dos golpes, apenas había cambiado.
—… Estoy bastante seguro de que este es nuestro boleto para salir de la puerta de los recuerdos.
Si queremos conquistarla, tenemos que matar a este cabrón —respondió Arturo mientras golpeaba la hoja de su espada, haciendo que el hielo estallara en pequeños fragmentos.
—Es más fácil decirlo que hacerlo —respondió ella.
—Jajaja, ¿quién ha dicho que vaya a ser fácil?
Nuestro amigo de aquí parece ansioso por luchar y vamos a darle exactamente lo que quiere —Arturo sonrió con ferocidad mientras adoptaba una postura de combate.
Isla exhaló un pequeño suspiro mientras desenvainaba su espada.
—Eres raro —murmuró mientras una pequeña sonrisa aparecía en su rostro.
N/A: ¡No olviden darle al libro algunos boletos dorados para la buena suerte!
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