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¡Mi Construcción de Reino Hecha Correctamente! - Capítulo 1

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  3. Capítulo 1 - 1 El Héroe que nadie necesita pero el que merecemos
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1: El Héroe que nadie necesita pero el que merecemos 1: El Héroe que nadie necesita pero el que merecemos Érase una vez, en una tierra muy, muy lejana, un joven noble llamado Leone.

Era el tercer hijo del Vizconde de Frontera, un gobernante justo y amado por su pueblo.

Pero este favoritismo despertó los celos maliciosos de los otros nobles, pues nadie los quería a ellos ni a sus pequeños… ejem.

En fin, que tramaron un plan para castigar al buen Vizconde, y ese era atacar su punto débil.

Y ese punto débil era su tercer hijo, Leone, a quien adoraba enormemente.

Los nobles invitaron cordialmente a todos los jóvenes y las jóvenes de la nobleza del reino a una partida de caza donde podrían socializar.

Y durante esa partida de caza, el apuesto joven noble, Leone, supuestamente sedujo a la princesa.

No hace falta decir que el Rey se puso absolutamente furioso.

Por desgracia para Leone, el Rey creía en cierto principio real ancestral: «Me da igual, soy el Rey».

Por lo tanto, en lugar de escuchar explicaciones, pruebas, testigos o la lógica más básica, Su Majestad eligió una solución mucho más eficiente.

El exilio.

Decapitar a Leone disgustaría enormemente a su padre, pero mantenerlo con vida en prisión costaría unos impuestos de los que el Rey no quería desprenderse.

El Rey, en su infinita sabiduría, decidió resolver este problema exiliando al joven y convirtiéndolo en el problema de otro.

—Serás enviado a las Tierras Fronterizas.

Al oír su decreto, todos los nobles que odiaban al padre de Leone sonrieron con suficiencia, mientras que el Vizconde se mordía el labio con ira y frustración.

—¡Padre!

¡Eres demasiado misericordioso con este sinvergüenza!

—protestó la princesa antes de marcharse enfurruñada.

Las Tierras Fronterizas eran una franja de tierra sin reclamar en el extremo sur del Reino de Britania.

Eran famosas por tres cosas… Bueno, cuatro, en realidad.

Pero por ahora hablemos solo de las tres principales.

Monstruos.

Bárbaros.

Y por ser el lugar de descanso de los nobles que habían irritado demasiado al Rey.

Allí podían morir en silencio sin seguir molestando al Rey.

Para ser más específicos, una prisión sin coste alguno donde los nobles solo podían vivir sus últimos días arrepentidos y desesperados por haber sido abandonados por su propio reino.

—Tu tarea es cultivar las Tierras Fronterizas y hacerlas rentables para el reino —dijo el Rey con frialdad—.

Debes usar todos los medios necesarios para lograrlo.

Sin importar cuáles sean.

¿He sido claro?

—¿Quiere decir que tengo que usar mi atractivo, mi encantadora personalidad, mi carisma desbordante y mi cuerpo de infarto para prosperar en el lugar al que me envía a morir?

—se burló Leone—.

Muy bien, Su Majestad.

¡Reto aceptado!

La comisura de los labios del Rey se crispó.

Pero tras recordar que nadie había sobrevivido a las Tierras Fronterizas, decidió ser misericordioso e hizo la vista gorda ante el inútil intento del joven por quedar bien delante de todo el círculo de la nobleza.

Bueno, a ellos sí que les pareció que la situación pintaba bien.

No porque estuvieran de acuerdo con el autoelogio de Leone, sino porque estaban bastante satisfechos de que se hubiera hecho justicia o, al menos, de que hubiera habido espectáculo.

—¿Alguna última palabra?

—preguntó el Rey.

Leone desvió la mirada del Rey hacia las familias nobles que habían venido a verlo caer en desgracia.

Miró sus rostros uno por uno, memorizando cada uno de sus feos rasgos.

Finalmente, se quedó mirando a la tercera princesa.

Una sonrisa burlona y molesta asomaba en los labios de la zorra, haciendo que Leone deseara con todas sus fuerzas darle una buena tunda de azotes.

Todos esperaron las últimas palabras del joven mientras cuatro guardias reales lo agarraban de los brazos y las piernas.

Estaban listos para escoltarlo fuera del castillo, tan pronto como terminara de decir sus últimas palabras.

Después de todo, ¿qué clase de historia sería esta si el protagonista no tuviera la última palabra?

—Escuchen con atención.

—Leone levantó la barbilla y señaló dramáticamente a los nobles.

Al parecer, el exilio venía con un extra de confianza y el derecho a desmadrarse contra gilipollas insufribles.

¡Por supuesto, se aseguró de hacerles la peineta ya que estaba!

—Hoy puede que me vaya como un noble caído en desgracia… ¡pero recuerden mis palabras!

¡Un día, regresaré!

Los nobles intercambiaron miradas.

¿Cuántas veces habían oído esa frase a lo largo de los años?

Habían perdido la cuenta, ya que el Rey tenía la mala costumbre de exiliar a cualquiera que lo sacara de quicio.

Casi todos los antiguos nobles habían hecho declaraciones audaces similares.

Para ser justos, algunos habían regresado.

Solo que… no con vida.

A veces, ni siquiera intactos.

—¡Regresaré con poder!

¡Con riqueza!

¡Con un ejército tan vasto que el suelo temblará bajo mis pisadas!

Leone aún no había reunido un ejército, así que, comprensiblemente, el suelo no tembló.

Pero el contraste entre sus fanfarronadas y, bueno, la realidad, provocó las risas del Rey y los nobles.

Para su regocijo, Leone aún no había terminado.

—Y cuando llegue ese día… —declaró Leone mientras su capa ondeaba inexplicablemente a pesar de la total ausencia de viento.

Si te fijabas bien, era un doscientos por ciento más genial que la mayoría de los villanos de tercera.

—¡Aquellos que hoy se burlaron de mí se arrodillarán!

¡Suplicarán!

¡Y llorarán cuando se den cuenta de que su mayor error fue subestimarme a mí, Leone Frontera!

Los nobles siguieron ahogando sus palabras con sus risas burlonas.

La tercera princesa se rio tan fuerte que casi desbloquea una nueva habilidad: Mandíbula Trabada.

—Escóltenlo fuera —dijo el Rey, agitando la mano—.

Antes de que se declare el Rey Demonio o lo que sea.

Mientras se llevaban a Leone, este echó la cabeza hacia atrás para mirar a los otros nobles por última vez.

—¡Ríanse mientras puedan!

—gritó Leone—.

¡Porque el destino está de mi lado!

¡Hum!

¡Y el autor también, para lo que sirve!

(N/A: Joder, hijo.

¿Qué te he hecho yo?)
(N/E: ¿Y yo qué?)
Mientras los guardias reales se llevaban a rastras al joven y apuesto noble, su valentía y dignidad dejaron una impresión duradera en los nobles más jóvenes que no tenían tanto mundo.

Podrían tacharlo de villano de tercera, pero al menos tenía el físico para respaldarlo.

Era el Héroe que nadie necesitaba, pero que nos merecíamos.

Verdaderamente, el punto de partida perfecto para una leyenda.

… O un obituario muy corto.

En cualquier caso, las Tierras Fronterizas estaban a punto de recibir a un nuevo residente.

Y, por desgracia para todos los implicados…, enviar a Leone allí demostraría muy rápidamente ser el error más grande y estúpido que el Reino de Britania había cometido jamás.

———
N/A: El video musical de esta novela está disponible en YouTube.

Solo busquen «¡Mi Construcción de Reino Hecha Correctamente!» o mi cuenta de YouTube, ElyonFantasy

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