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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 100

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100: Capítulo 100 No quiero verte 100: Capítulo 100 No quiero verte POV de Caliana
—El Alfa.

Suspiré y salí del coche para enfrentarme al Alfa.

Mi loba aulló en mi cabeza.

La mirada de Edward estuvo sobre mí todo el tiempo y, a su lado, un hombre alto y apuesto me sonreía.

Debía de ser Decan, el gamma de la manada.

No lo conocía porque había estado fuera.

—Hola, Luna, me llamo Decan y soy el mejor amigo de Edward —dijo, tendiéndome la mano.

Se la estreché.

—Hola.

Mi mirada volvió a Edward, que estaba diabólicamente guapo con vaqueros y una camisa blanca.

—Viniste y no me avisaste, un poco grosero —dijo frunciendo el ceño, aunque su tono no era frío.

—No he venido por ti, Edward —repliqué.

—Bueno, un Alfa de otra manada no puede entrar en otro territorio sin hablar primero con el Alfa —dijo, acercándose a mí.

—¿Quieres hacerme enfadar ahora mismo?

Además, soy la Luna de la manada Piedra Dorada.

Una sonrisa se formó en sus labios apetecibles.

—¿Así que admites que sigues siendo la Luna de mi manada?

—Me observó con un destello de diversión y yo puse los ojos en blanco.

Quise volver al coche, pero me sujetó la mano y tiró de mí hacia él.

—¿Averiguaste lo que querías?

—Sí.

—¿Y?

—Mi enfado hacia ti se ha multiplicado por diez —respondí y reí sin humor—.

Fui tu Luna durante meses y no puedo creer que no supieras que no era yo.

—Lo golpeé en el pecho con tanta fuerza que me dolieron las manos.

No me importaba que nos estuvieran observando en ese momento.

Lo que era más desolador que alguien robara mi identidad era que mi compañero no me reconociera.

—¡DEBERÍAS HABER SIDO CAPAZ DE NOTAR LA DIFERENCIA!

—le gruñí.

Estaba jodidamente frustrada y enfadada con él.

¿Cómo podía no saberlo?

Candace ni siquiera me conocía lo suficiente como para hacerse pasar por mí.

Mi bebé dio una patada en mi vientre y me agarré a su brazo instintivamente, soltando un gruñido.

Me mordí los labios mientras esperaba que pasara y él me acarició la cara.

—¿Estás bien?

—preguntó, angustiado.

Mis acompañantes salieron del coche y Evelyn me escrutó.

—¿Para cuándo sales de cuentas?

—La semana que viene —gruñí.

—Vaya, y sigues tan activa como siempre, impresionante.

Tenemos que irnos para que puedas descansar —dijo ella, y yo asentí.

Mi compañero estaba tenso, sin saber qué decir o hacer.

—Creo que deberías quedarte en mi casa hasta que estés completamente bien —ofreció Edward.

—Sí, necesita descansar y, quién sabe, puede que ese cachorro llegue antes de lo esperado —rio Evelyn por lo bajo y yo la fulminé con la mirada.

—Cali, no estás bien —dijo con firmeza.

Gruñí, pero asentí en señal de acuerdo.

—De acuerdo.

Edward pasó sus brazos a mi alrededor y lo miré a los ojos, con el corazón latiéndome en el pecho.

Me ayudó a subir al coche y Vince nos llevó a la mansión.

Cuando llegamos, estaba tan impresionante y extravagante como siempre.

Amor ya esperaba en la entrada junto a todos los sirvientes y los hermanos de Edward.

Salí del coche con la ayuda de Vince; me sorprendió lo delicado que fue conmigo.

Mi compañero estuvo a mi lado en un segundo y me sonrió, haciendo que se me encogiera el estómago.

—Bienvenida de nuevo a casa.

—Esta no es mi casa —gruñí y él frunció el ceño ligeramente.

Amor corrió hacia mí y le di un beso.

—¡Bienvenida a casa!

—vitoreó ella.

—Gracias, mi amor —dije radiante mientras ella corría hacia Ellis, lo abrazaba felizmente y se lo llevaba.

Pasé de largo a Edward y sonreí a los sirvientes, que me saludaron con regocijo.

Todos inclinaron la cabeza; sin embargo, me di cuenta de que Juanita no estaba allí.

—¿Dónde está Juanita?

—le pregunté a Lena.

—Luna, eh…, la trasladaron a la casa de la manada después de tu regreso…

Quiero decir, después de que lo hiciera Candace.

No sé ni qué decir —dijo con una risa nerviosa y yo solo le asentí.

Suspiré y me encaré con los hermanos; no me miraban a los ojos y el remordimiento estaba escrito en sus caras.

Hubo silencio durante un rato.

Eran desconcertantes.

—Estoy enfadada con ustedes, con todos ustedes —dije, y ellos exhalaron, sonriendo.

—Como debe ser.

Encuentra en tu corazón el perdón para nosotros —dijo Jamal, besándome la mejilla y acariciándome el pelo.

—En nuestra defensa, era una buena actriz.

Además, no pasamos suficiente tiempo con ella —dijo Marcus, acariciándome y luego pellizcándome la mejilla con dulzura.

Fruncí el ceño ante ese gesto, pero no me aparté; me estaba mostrando su afecto.

—Estoy feliz de tenerte de vuelta, a la verdadera tú —dijo con una sonrisa.

Marcos dio un paso al frente.

—No es por poner excusas, pero en mi corazón sabía que algo iba mal, aunque el parecido era demasiado asombroso como para cuestionarlo en voz alta —dijo el hermano menor, abrazándome.

Garret no tuvo nada que decir, aparte de pedir perdón una y otra vez mientras me abrazaba, con cuidado de no aplastarme.

—¡Está bien!

Aprenderé a vivir con esta traición e intentaré perdonarlos, pero tendrán que ganárselo —bromeé y ellos asintieron.

El corazón me dio un vuelco en el pecho cuando mi compañero me sujetó la parte baja de la espalda, aunque su tacto no fue firme.

Nos felicitaron por el embarazo y entramos en la casa.

Evelyn y Vince parecían felices de estar aquí.

Negué con la cabeza.

Estaba cansada y necesitaba descansar, así que subí a mi antiguo cuarto.

Era todo blanco y pulcro; nadie lo había usado desde que me fui.

La puerta se abrió y Edward entró.

—¿Estás bien?

Entrecerré los ojos y respondí con los dientes apretados: —Sí.

—Lo siento, Caliana.

Te daré todo el tiempo que necesites, pero no dejaré que te vayas.

—¿Pero qué coño, Edward?

No puedes retenerme aquí.

—Soy tu compañero predestinado, tu marido y el padre de tu hijo —dijo con seriedad.

Resollé y me crucé de brazos.

—¿Me traicionaste y crees que tienes derecho a vigilarme?

—Fui engañado y…

—Fuera, no quiero verte —ordené, pero no obedeció.

En lugar de eso, levantó la mano para tocar mi vientre y se agachó para besarlo.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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