¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 108
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108: CAPÍTULO 108 Extra CAPÍTULO 5 108: CAPÍTULO 108 Extra CAPÍTULO 5 Marcos
—No perteneces a este lugar —le dije a la mujer bruscamente y ella soltó un chillido, dando un brinco en el aire.
Salté del árbol en el que estaba y se quedó quieta.
Su corazón latía muy deprisa, pero, poco a poco, lo fue calmando.
—Date la vuelta —ordené, pero ella negó con la cabeza.
Caminé hacia ella, pero se giró rápidamente, me lanzó dos dagas y las esquivé justo a tiempo.
Era rápida para ser tan menuda.
—¿Quién eres?
¿Y qué haces aquí?
—la interrogué, curioso.
La mujer llevaba un atuendo negro que le cubría toda la cara, excepto los ojos.
«¿Qué hace una humana aquí?», reflexioné, pero pronto me di cuenta de mi error cuando sus ojos brillaron en rojo.
Olfateé el aire para captar su olor, pero no tenía ninguno.
—Eres una cambiante.
—Ella solo se burló y sacó un arco y una flecha que no había visto antes.
Me apuntó y pude notar que eran de plata.
—Aléjate de mí —ordenó, intentando retroceder con cuidado.
Su voz me hizo sonreír; era suave pero autoritaria.
Sin embargo, a mí no podía darme órdenes.
Yo era un Licántropo Alfa.
Seguí acercándome a ella y soltó la flecha, pero la esquivé.
Siguió disparando y me di cuenta de que era buena.
—Las estás desperdiciando —le dije y ella entrecerró los ojos para mirarme.
Se dio la vuelta rápidamente y echó a correr, pero la seguí y la alcancé con facilidad a la velocidad del rayo.
Intentó atacarme a golpes, pero la arrojé contra un árbol.
Maldije para mis adentros al ver que estaba herida y que le costaba levantarse.
—¿Estás bien?
—me sorprendí a mí mismo preguntando, de pie sobre ella.
Siseé de dolor al sentir una punzada en la pierna, solo para darme cuenta de que la muy cabrona me había apuñalado.
—Zorra.
¿Y cuántas de esas tienes?
—refunfuñé.
Cerniéndome sobre ella, sujeté sus manos por encima de la cabeza y usé mi mano libre para quitarle la capa del rostro.
La sangre se me heló y temblé; joder, cómo temblé.
La mujer debajo de mí era jodidamente hermosa; su piel era clara y sin imperfecciones, su sedoso pelo rojo le cubría parte del rostro, y su nariz era bonita, al igual que sus labios carnosos.
Y quería besarlos, tanto…
Ella era consciente de su belleza, porque sonrió con suficiencia y me pateó en los huevos cuando bajé la guardia.
Se levantó rápidamente para marcharse, pero le agarré la pierna, haciendo que cayera al suelo con un crujido.
—¡Suéltame, animal asqueroso!
—gritó, frustrada.
Volví a inmovilizarla contra el suelo; su pecho subía y bajaba con agitación.
—¡Estate quieta y lo haré, loca!
—grité, sacudiéndola.
Se quedó helada y me miró directamente a los ojos.
Tomé aire, con la respiración entrecortada, mientras sus hipnóticos ojos color avellana brillaban en rojo.
—¿Cómo te llamas?
—susurré.
Pareció sorprendida por mi pregunta y tardó mucho en responder.
—Elaine, Elaine May —dijo con una pequeña sonrisa en los labios y, sin saberlo, me dejó sin aliento.
¡Esa jodida y despampanante sonrisa lo era todo, me hechizó al instante!
—Encantado de conocerte, Elaine.
—Ella se limitaba a mirarme a los ojos.
Por alguna razón, Elaine parecía desorientada y me pregunté por qué.
¿Acaso nadie la había llamado por su nombre en mucho tiempo?
—Soy Elaine —susurró, más para sí misma.
Asentí y le sonreí.
—Eres una cazadora, una cazadora de cambiantes.
¿Cómo?
—pregunté cuando caí en la cuenta.
—Un experimento —respondió secamente.
Recordé que el rey Leondre nos había hablado de los cazadores de cambiantes; ella debía de ser una de ellos.
—¿Así que viniste aquí para matar cambiantes, tu nueva especie?
—pregunté, mirando la bolsa que tenía cerca del árbol.
—No, estaba cazando para comer y resulta que tú estabas aquí —replicó ella.
—¿Cómo saliste de las instalaciones?
—Escapé.
Simplemente, ya no podía soportarlo más.
—¿Qué haces por esta región?
—Sobreviviendo.
Estoy segura de que el Dr.
Fen tiene gente buscándome para llevarme de vuelta al laboratorio —dijo.
Agarró su mochila y se la echó al hombro.
—¿Puedo irme, Alfa?
—preguntó, y me sorprendió que supiera que lo era.
—¿Cómo lo supiste?
—Tu aura… Es diferente a la de otros cambiantes que he conocido —suspiró.
—¿Dónde está tu hogar?
—No tengo hogar, me quedo en cualquier parte —respondió.
Empezó a caminar y la seguí como un perrito faldero.
No pareció importarle.
Pronto llegamos a una cueva en lo profundo del bosque.
Lo único que se oía era el piar de los pájaros y el sonido del agua cercana.
—Por ahora me quedo aquí.
—Tiró la mochila al suelo y se sentó en una roca enorme antes de beber agua de una botella.
Me sorprendí tragando saliva cuando un poco de agua se deslizó por su garganta, ahora visible.
Mierda, podría lamer eso.
«Concéntrate, Marcos», me reprendí.
Su mirada se cruzó con la mía y fui el primero en desviar el contacto, inspeccionando el lugar.
No estaba mal para acampar.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí?
—Un mes, más o menos.
—Se tumbó en la roca, con los brazos bajo la cabeza mientras miraba al cielo.
—¿Cómo consigues provisiones?
—No querrás saberlo, créeme —dijo, clavándome su mirada gélida.
Permanecimos en silencio un rato y fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí…
en calma.
Elaine.
Saboreé su nombre y a mi Licántropo interior le encantó.
No sé cuánto tiempo estuvimos allí, pero solo me puse en pie cuando mi hermano me contactó por el enlace mental.
Quería discutir algo conmigo.
—Tengo que irme —le dije y ella frunció el ceño.
—Vale.
—La miré de nuevo antes de darme la vuelta para marcharme, pero entonces ella preguntó.
—¿Cómo te llamas?
—Marcos.
Me llamo Marcos Chasia.
—Ella sonrió y asintió.
Me transformé rápidamente en mi bestia y corrí a casa.
Sin embargo, dejarla allí no me sentó bien.
¿Y si la atacaba un oso o algo por el estilo?
«Deberíamos haberla traído con nosotros», dijo mi Licántropo.
Le gustaba la guapa cazadora.
«Volveremos a por ella mañana», le respondí.
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