¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 110
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110: CAPÍTULO 110: CAPÍTULO EXTRA 7 110: CAPÍTULO 110: CAPÍTULO EXTRA 7 Marcos
—¿Elaine?
—la llamé mientras me acercaba a ella con delicadeza.
La hermosa mujer finalmente se giró para mirarme, pero vi un torbellino de emociones en su mirada.
—¿Estás bien?
—Le sujeté la barbilla con los dedos y ella asintió.
—No pensé que volverías por aquí —dijo.
Su voz me provocaba cosas y le sonreí.
—Es que he estado ocupado.
Te habría llamado, pero no tengo tu número.
—No tengo móvil —me informó.
Sonreí y le acaricié el pelo.
—¿Me has echado de menos?
Ella bufó y puso sus bonitos ojos en blanco.
—No eres tan importante, Marcos.
—Ay, eso ha dolido —fingí estar dolido de forma dramática, apretándome el pecho.
Ella soltó una risita y yo me quedé paralizado.
Fue adorable, pero, para ser justos, todo lo que ella hace es adorable.
—¿Has comido?
Frunció el ceño y asintió.
No me convenció del todo, así que le tendí la mano, que ella tomó a regañadientes.
Salimos del bosque.
No recordaba la última vez que había disfrutado tanto de la compañía de alguien.
Se detuvo cuando llegamos a la civilización y me miró.
—No creo que deba estar aquí, no les caigo muy bien y creo que me buscan —me dijo, tirando de mí hacia atrás.
—¿Qué hiciste?
—Solo estaba mirando por ahí cuando se me acercaron dos hombres brutos.
Querían llevarme a algún sitio, pero les di una patada y eché a correr —sonrió con picardía.
—Seguro que solo querían interrogarte.
Hueles diferente a nosotros.
—¿Es algo malo?
—No, para nada.
Simplemente hueles como cualquier otro cazador y por eso desconfiaban —ella asintió.
Aun así, la llevé al centro comercial.
Había gente por todas partes y Elaine parecía impresionada con los edificios.
Era como una niña, y me pregunté cuándo fue la última vez que había interactuado o visto a tanta gente a la vez.
—¿Qué hacemos aquí, Marcos?
—Me encanta cómo pronuncia mi nombre.
—Bueno, hemos venido a comer y luego a comprarte algo de ropa —le dije.
Ella volvió a fruncir el ceño, mordiéndose el labio inferior mientras pensaba.
—Ya tengo ropa.
—Ropa de caza.
—Y un vestido —señaló lo que llevaba puesto.
Efectivamente, llevaba un vestido largo azul que le sentaba bien y unas botas, pero se notaba que eran viejas.
—Ropa más de diario.
—No quiero ser una molestia ni que gastes tu dinero en mí.
—No lo eres —dije, tomándola de la mano y llevándola a mi restaurante favorito de la zona.
El camarero vino a darnos la bienvenida y nos acompañó a la mesa.
Me di cuenta de cómo la gente miraba con sorpresa a mi hermosa cita.
Pedí mi comida y ella pidió lo mismo que yo.
Elaine me contó que no recordaba mucho de su vida antes de que la llevaran al laboratorio.
Todo lo que recordaba era que unas brujas la secuestraron mientras estaba en el bosque, cazando a los hombres lobo que andaban cerca de su pueblo.
Estoy seguro de que los pusieron como cebo para atraer a todos los cazadores.
Nuestra comida no tardó en llegar y empezamos a comer.
A ella todo le pareció delicioso y comía con alegría.
Me masajeé la barbilla, observándola.
Se percató de mi mirada y sus mejillas enrojecieron.
Su corazón latía con fuerza en su pecho.
Era realmente despampanante.
—¿Estás libre para cenar mañana?
—le pregunté.
—Nop, otro hombre me va a llevar a comer —dijo secamente y mis ojos se abrieron como platos.
Soltó una risita.
—Es broma, no conozco a nadie aquí.
—Uf —suspiré aliviado.
—Quiero que conozcas a mi familia.
—Marcos, ¿no es un poco pronto para conocer a los suegros?
—dijo con naturalidad mientras yo me quedaba boquiabierto.
—Otra vez, es broma.
Y si la comida es tan buena como esta, entonces cuenta conmigo —guiñó un ojo y yo le dediqué una sonrisa.
También tenía que encontrarle un lugar donde quedarse cerca.
No me gustaba la idea de que se quedara allí sola.
Después de comer, fuimos de compras, y ella no estaba nada entusiasmada; lo único que quería eran pantalones y camisetas, pero la dependienta que la atendía no estaba dispuesta a permitírselo.
La ayudó a elegir mucha ropa.
—¿No es demasiado?
—frunció el ceño, mirando la ropa que llevaban dos empleados.
—No —dije y señalé el probador.
Haciendo un puchero como una niña, volvió a meterse en él.
Le pedí a uno de mis hombres que me trajera un coche y condujimos hasta mi edificio de apartamentos.
Apenas lo usaba y Elaine podía quedarse allí todo el tiempo que quisiera.
—¿Y si me encuentro otra vez con esos hombres?
—No te molestarán, ahora estás conmigo —respondí.
Ella solo suspiró y miró por la ventana.
Parecía disfrutar del paseo, así que di unas vueltas y le enseñé algunos lugares antes de ir al apartamento.
—Como te he dicho, puedes quedarte aquí y yo iré a por tus cosas al campamento —dije, abriéndole la puerta.
Me miró durante un buen rato antes de asentir.
Nos dirigimos al último piso y le di la contraseña.
El apartamento era grande y estaba completamente amueblado.
—Viene una persona del servicio cada dos días para reponer la comida y limpiar —le informé.
Ella seguía mirando a su alrededor.
—Es precioso y puedo ver todos los edificios —dijo con una sonrisa.
El ático era agradable y estaba seguro de que disfrutaría más de su estancia aquí que en el campamento.
—También hay un gimnasio en la planta baja.
—Vale, me encanta hacer ejercicio, sobre todo ahora que tengo un lobo dentro de mí —me informó.
Nos sentamos en el sofá y pasamos la noche hablando.
Me contó cómo se estaba adaptando como loba y le di algunos consejos sobre cómo controlar mejor a su lobo, pero lo estaba haciendo increíblemente bien hasta el momento.
Se quedó dormida en mis brazos y la llevé a un dormitorio mientras yo ocupaba el otro.
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