¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 113
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113: CAPÍTULO 113 CAPÍTULO EXTRA 10 113: CAPÍTULO 113 CAPÍTULO EXTRA 10 Garret
Nunca me importaron mucho el amor o las mujeres.
Tuve mujeres, muchísimas, pero solo estaban ahí para satisfacer mis deseos.
Era el alma de la fiesta y vivía para mí mismo.
Volvía a casa un sábado por la noche, huyendo de todas las tías que revoloteaban a mi alrededor e intentaban aprovecharse de que estaba borracho, cuando una mujer chocó contra mi coche.
Abrí la puerta de un tirón y salí, tambaleándome un poco, ya que todavía estaba borracho.
—¿Por qué coño corría por el medio de la carretera?
—murmuré.
Me agaché junto a la mujer y la puse boca arriba.
Quedé hechizado al instante por la belleza que yacía en el suelo.
Tenía una piel color miel, suave y sin imperfecciones, pestañas largas y labios carnosos.
Sus ojos estaban cerrados y deseé con todas mis fuerzas que los abriera.
«¡Jodido idiota, la has atropellado con el coche!
¡Cárgala y llévala a un puto médico!», rugió mi licántropo interior, Koen.
Estaba frenético.
«Relájate, no está muerta.
Puedo oír los latidos de su corazón», repliqué.
La agarré y la llevé en brazos hasta mi coche, pero hoy llevaba un deportivo, así que no sabía lo cómoda que estaría.
Subí al otro lado del coche y la llevé a la clínica.
La pusieron en una camilla en cuanto la tomaron de mis brazos y se la llevaron a otra sala.
Comencé a alejarme de allí cuando Koen habló de nuevo.
«La atropellaste con el coche, lo mínimo que puedes hacer es esperar y ver cómo está», gruñó.
«No, se me cruzó por delante y creo que se desmayó del susto.
No le vi ninguna herida», refuté.
Su rostro apareció de nuevo en mi mente y dudé.
Inhalé, decidido a irme, pero mis piernas no se movían.
¿Qué coño era esto?
Me quedé apoyado en la pared un rato, esperando que la puerta se abriera y me permitieran irme a casa.
Necesitaba un puto descanso.
Mis primos y yo habíamos bebido mucho porque esta semana celebrábamos la boda de Marcos y Elaine.
Todavía no podía creer lo bien que le había ido la vida a todo el mundo.
¡Todos habían encontrado el amor y ahora eran felices!
Le estaba muy agradecido a la diosa de la luna por ello.
La puerta se abrió media hora más tarde y el médico me sonrió.
—Ya está bien, solo está descansando —me informó.
Me di la vuelta para irme, pero me detuvo.
Iba a matar a alguien, ¿es que no veían lo borracho que estaba?
—¿No va a verla?
—No la conozco, simplemente saltó delante de mi coche —le informé, y él frunció el ceño, con ganas de decir algo más.
Abrió la boca, pero no dijo nada, así que me fui.
No fui a la mansión, sino a mi edificio de apartamentos, ya que estaba más cerca.
En cuanto mi cuerpo tocó las sábanas, me quedé dormido.
RIN, RIN, RIN
El sonido estridente de mi teléfono me hizo gruñir y mi mano fue a buscarlo a la mesita de noche, pero se cayó.
Esperaba que se hubiera roto para que dejara de sonar.
Volví a dormirme, pero sonó de nuevo.
¿Quién llamaba tan temprano por la mañana?
Abrí los ojos y me incorporé.
Cogí el teléfono y me lo puse en la oreja sin mirar el identificador de llamadas.
—¿Qué?
—Buenos días, señor Chasia.
Soy el doctor Buzz —dijo, y yo gemí al oírlo.
—¿En qué puedo ayudarle esta mañana?
—dije.
—Eh, señor, son las cinco de la tarde del domingo —dijo.
—Bueno, buenas tardes entonces.
Ahora, ¿por qué interrumpe mi sueño?
—pregunté.
—Es por la joven que trajo.
—¿Qué joven?
—Por un momento, no recordaba nada, hasta que mi licántropo me mostró imágenes de lo que había ocurrido de camino a casa desde la fiesta de Marcos y Elaine.
—Acaba de irse del hospital sin recibir el alta —me informó.
—Eso es bueno, ya no es problema suyo.
—No parecía estar bien.
No sé si debería decírselo, pero tenía moratones en la espalda y en los brazos.
Me temo que está huyendo —me informó, y el corazón me dio un vuelco.
¿Por qué me sentía así?
Intenté recordar de nuevo la cara de la mujer, pero solo me aparecían visiones borrosas de ella.
—Bueno, hicimos lo que pudimos y solo nos queda esperar que esté a salvo.
—Sí, señor, pero he enviado a gente a buscarla por las calles por si acaso —dijo él, y yo asentí, terminando la llamada.
Fui a la ventana y me quedé allí de pie.
El tiempo era horrible y amenazaba con llover.
Suspiré y me senté en el sofá, con la esperanza de encontrar un canal de deportes mientras esperaba que llegara mi comida, pero algo dentro de mí no estaba bien.
Fui a la puerta cuando sonó el timbre y recogí mi pizza y mis alitas…
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