¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 115
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115: CAPÍTULO 115 CAPÍTULO EXTRA 12 115: CAPÍTULO 115 CAPÍTULO EXTRA 12 Inhalé y exhalé, pasándome una mano por el pelo.
—Creo que debería irme —dijo en voz baja.
—No, por favor.
No es seguro ahí fuera con este tiempo —dije.
La mirada dolida que me lanzó me provocó ansiedad en la boca del estómago—.
Sígueme.
Todo esto era extraño para mí.
Mi pareja estaba en mi casa.
¿Y ahora qué pasaba?
«¿Y qué si está embarazada?», habló por fin Koen, que se había quedado mudo de la impresión.
«No puedo, no en su estado.
Vamos», dije.
«Es nuestra, Garret, y la quiero», dijo con solemnidad.
Salí de la habitación en cuanto le mostré cómo usar el baño y bajé a prepararle una comida caliente.
No recuerdo cómo usar la mitad de las cosas de la cocina, así que llamé a Caliana por Facetime para que me ayudara, pero, como yo, no es muy buena en asuntos de la cocina.
—¿Por qué no pides comida de algún sitio?
—preguntó ella.
—La he encontrado —dije de repente.
Se quedó helada un momento antes de que una sonrisa se dibujara en su rostro.
—¿Has encontrado a tu pareja?
—Sí —confirmé.
Estuvo a punto de gritar, pero no lo hizo.
Cali respiró hondo varias veces.
—Vale, eso es increíble.
Felicidades, Gar —dijo—.
¿Cómo se llama?
Mierda, no se lo he preguntado.
—No lo sé.
—¿Qué quieres decir?
—No se lo he preguntado —dije.
—De acuerdo, ¿cómo os conocisteis?
—Después de contarle cómo nos conocimos, exhaló.
—Solo puede ser el destino.
De todos los coches que había, saltó delante del tuyo.
—¿Qué debo hacer, Caliana?
Está embarazada —le dije.
Su reacción fue la que esperaba: se mantuvo tranquila y sonrió.
—¿Qué te dice tu corazón que hagas?
—Creo que todavía está en shock —reí—.
Está embarazada del hijo de otro hombre.
Me dolió el corazón al pensar en ello y odié que lo hiciera.
Era injusto para mí.
Mi cuñada suspiró.
—Y te sientes engañado porque otro hombre la tuvo primero y la dejó embarazada —afirmó, y yo asentí.
—Es injusto para mí.
—Garret, no conocemos su situación y no puedes rechazarla por eso, pero por ahora, la pregunta es: ¿la quieres como tu pareja?
—Creo que sí —respondí.
—El amor se expande, Garret, se extiende maravillosamente hacia los demás.
Amarás a tu pareja y a todo lo que venga con ella —dijo con una sonrisa suave, probablemente pensando en su propia pareja—.
Tu corazón abrirá puertas para acoger a otro.
Es un poco difícil al principio porque ni siquiera sabes aún lo que sientes por ella, pero créeme cuando te digo que dejarla por esa pequeña bendición suya será un error del que te arrepentirás el resto de tu vida.
—¿Y si no llego a amarlo?
—Lo harás —dijo, segura de sus palabras.
Asentí y me despedí de ella.
Decidí pedir una sopa caliente al restaurante en lugar de cocinar.
Me senté en el sofá, pero me levanté en seguida al verla bajar las escaleras.
Tenía mucho mejor aspecto.
Se detuvo frente a mí y le pedí que se sentara, lo que hizo.
Yo me senté en otro sofá.
«Idiota», masculló Koen.
—Entonces, ¿cómo te llamas?
—le pregunté.
—Riley Mckanze —dijo.
Era un nombre precioso.
—¿Y tú?
—Soy Garret…
Garret Chasia.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Chasia?
—Todo el mundo conocía ese apellido por la reputación feroz que albergaba.
Sonó el timbre y fui a abrir.
Llevé la comida a la cocina y calenté la pizza y las alitas antes de ponerlo todo en una bandeja y llevárselo.
Esta vez me senté a su lado y, poco a poco, ambos comimos mientras hablábamos.
Riley tenía veinticuatro años.
Un grupo de renegados infames se la llevaron de su casa junto con otras chicas.
No las trataban bien, y uno de sus líderes se interesó por ella.
La amenazó para que se sometiera e hizo con ella lo que quiso.
Consiguió escapar hace tres noches y la han estado buscando desde entonces.
Lloraba mientras me contaba todo lo que había soportado y yo quise matar al cabrón que le hizo esto.
—Los mataré, a todos —declaré, haciéndome la promesa silenciosa de que nunca más volvería a sufrir daño alguno.
—Son muy malos —dijo con voz ronca, secándose las lágrimas.
—Los encontraremos —le aseguré, y ella asintió.
—Creo que deberías descansar ya —dije, extendiéndole la mano.
Ella la tomó y saltaron chispas sobre nuestra piel.
Sonrió de una forma preciosa y, oh, Señor, quise que siguiera sonriendo siempre.
—Dormiré en otra habitación y puedes tener esta para ti sola —dije.
—¿Por qué no puedo usar yo la habitación de invitados, si soy la invitada?
—preguntó.
Ni siquiera lo había pensado.
—He oído que a las parejas les gusta inhalar el aroma del otro cuando se conocen, y aquí es donde mi aroma es más fuerte —dije.
—Entonces, ¿necesitarás algo mío?
—preguntó, alzando la vista hacia mí.
—No.
Creo que estoy bien —dije y ella frunció el ceño—.
No en ese sentido…
Solo digo que…
—Se rio, interrumpiéndome, y mi corazón se detuvo un instante.
—Tranquilo, lo entiendo —dijo.
Nos quedamos ahí parados un rato.
¿Debería hacer algo?
¿Quizá un abrazo?
¿Por qué cojones estaba siendo tan torpe ahora mismo?
—Buenas noches, Riley.
—Buenas noches, y gracias, Garret.
—No hay de qué.
Me di la vuelta y salí de la habitación, respirando con dificultad.
Esto era nuevo para mí.
Mi licántropo se rio de mí y lo bloqueé.
Fui al despacho de mi casa y busqué los nombres que Riley me había dado.
Los renegados que la secuestraron eran una banda y estaba decidido a encontrarlos.
Llamé a mi primo, Marcus.
Sabía cuánto le encantaba causarles problemas a los renegados.
—¡Eh, hermano!
—respondió al primer tono.
—Necesito tu ayuda para matar a unos hijos de puta.
—¿Dónde nos vemos?
—preguntó, y una sonrisa de satisfacción cruzó mis labios.
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