¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 12
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12: CAPÍTULO 12 El día de la boda 12: CAPÍTULO 12 El día de la boda POV de Caliana
Los días pasaron como un borrón y la boda se acercaba rápidamente.
Todos estaban felices menos yo.
No había visto al novio desde hacía más de seis días, desde nuestro encuentro en el campo.
Llega a casa muy tarde y se va muy temprano.
Mis días se volvían más sombríos y lloraba hasta quedarme dormida y mi corazón, oh, diosa luna, mi corazón dolía terriblemente.
—¡Es el día de tu boda!
—chilló Juanita al entrar en la habitación con otras dos mujeres.
Me pasó mi café, que me bebí antes de responder a su saludo.
Miré el precioso vestido y deseé poder huir de allí.
Cojo el móvil para llamar a Vince, pero no contesta y, aunque lo hiciera, ¿qué podría hacer aparte de insultarme?
Me habían dicho que la boda era necesaria para consolidar la alianza.
Mientras me preparo lentamente para la boda, Juanita y las demás están eufóricas con el enlace.
—No han parado de llegar regalos —dice Catia, arreglándome el pelo.
—Qué maravilla —murmuro.
Para cuando terminamos de prepararlo todo, yo estaba perfecta.
Me encantaba el tejido del vestido sobre mi piel; también era atrevido.
De repente, empecé a llorar al mirarme en el espejo.
No me consideraba una mujer débil, pero desde que llegué aquí, mis emociones han estado a flor de piel.
¡Solo quiero estar bien de una vez!
—Oh, señorita Cali, por favor, no llore —me arrulló Juanita, pero no pude evitarlo.
Me duele que mi madre no esté aquí hoy, y que mi padre no esté aquí para llevarme al altar.
No tengo a nadie y la soledad me atormenta.
Catia me retocó el maquillaje y me ayudó a ponerme los tacones.
Bajamos y encontré a la preciosa Amor con un vestidito blanco, tan encantadora como siempre.
Estaba feliz de que me casara con su papi.
La cogí de su manita y salí, donde me esperaba un séquito.
Garret abrió la puerta de la limusina y, antes de entrar, le di un beso afectuoso en la mejilla y él me acarició la mía con una sonrisa amable.
La pequeña princesa se sentó a mi lado, frunciendo el ceño al verme llorar.
—¿Por qué lloras?
¿No quieres casarte con mi padre?
—preguntó ella.
—Son lágrimas de felicidad, mi amor —le mentí, y ella sonrió.
—Estás muy hermosa —me elogió.
—Gracias, y tú también.
Cuando llegamos a la iglesia, me detuve en la puerta.
Había muchísima gente allí para ser testigo de nuestros votos, de nuestras mentiras.
Prometeríamos amarnos en los buenos y en los malos momentos, y luego me iniciarían en la Manada Piedra Dorada y me convertiría oficialmente en Luna.
Tenía los nervios destrozados.
Esta es la parte en la que se suponía que mi padre se acercaría a mí, me besaría la mejilla y me aseguraría que iba a ser muy feliz y que estaría ahí para mí.
Ahora sí que lloraba de verdad.
—Caliana —me llamó Jamal, acercándose con una sonrisa.
Llevaba un esmoquin negro que le quedaba perfecto y que haría que las chicas cayeran rendidas por él; los hombres Chasia eran realmente apuestos.
Me sonrió y me besó en la mejilla.
—Estás preciosa, Luna —dijo con voz suave.
—Tu familia está ahí dentro —dijo él, y el dolor cruzó su rostro angelical.
Forcé una sonrisa, pidiéndole en silencio que no se sintiera mal por mí.
—Caliana, mi hermano entrará en razón —dijo, y yo solo asentí.
Mi mente quería protestar, pero tenía los labios apretados y no salió ningún sonido.
Sonó una melodía, indicándonos que entráramos.
Jamal me ofreció el brazo y lo tomé.
Entramos en la iglesia, y yo me agarraba a él con fuerza, con miedo a caerme.
El corazón me latía muy deprisa cuando miré al hombre en el altar; llevaba un esmoquin, estaba despampanante.
Tenía el pelo más largo por el centro y rapado a los lados, sus ojos me miraban fijamente y mi loba afloró por un segundo.
«Es perfecto».
«Y él no nos quiere», le recordé, a pesar de la forma en que me miraba, como si fuera la joya más preciosa.
Una vez en el altar, el Alfa Edward me extendió la mano con delicadeza y la tomé, colocándome a su lado.
Él me miraba fijamente, pero yo no le devolví la mirada.
—Yo te recibo a ti, Caliana Meyers —fue la primera vez que pronunció mi nombre y algo se removió en mi interior; se sintió bien—, como mi Luna y esposa, para amarte y apreciarte, todos los días de mi vida —dijo, mirándome a los ojos—.
Con este anillo, prometo protegerte y defender tu honor.
Su voz era grave, pero suave.
—Damas y caballeros, les presento al señor y la señora Chasia, Alfa y Luna de la Manada Piedra Dorada.
Puede besar a la novia, Alfa.
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