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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 127

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127: CAPÍTULO 127 No toques sus cosas 127: CAPÍTULO 127 No toques sus cosas POV de Ellis
Cinco años después, la culpa por lo que hice todavía me invadía.

Amor dejó a sus amigos, manadas y familia por mi culpa.

Para alejarse de mí, la lastimé.

Dejó todo lo que conocía para alejarse de mí.

Me arrepiento de haberla herido como lo hice.

Intenté ponerme en contacto con ella, pero fue en vano.

A menudo me preguntaba cómo le estaría yendo.

¿Era feliz?

Cerré los ojos rememorando mi último cumpleaños.

Amor me organizó una fiesta enorme y dio el discurso más conmovedor para mí.

Habló maravillas de mí y les dijo a todos cuánto me adoraba y que siempre estaría ahí para mí.

«Sabes que puedes contar conmigo, cariño», resonó su voz aterciopelada en mi cabeza.

Ella siempre me cubrió las espaldas pasara lo que pasara, y no sabía que llegaría a ver un día en que no estuviera aquí en mi cumpleaños.

Debería haberla elegido a ella al instante.

Ni siquiera debería haber sido una duda, no debería haber sido una opción.

Estaba asustada.

Se suponía que debía abrazarla y tranquilizarla, pero como un idiota, pasé de largo y fui con Charlotte, mi pareja.

No me di cuenta de que el vínculo sería tan fuerte.

Intenté rechazarla, pero cayó de rodillas por el dolor.

Su contraparte era demasiado débil, y mi rechazo podría matarla.

Así que me quedé con ella.

La puerta de mi oficina se abrió y Jace entró.

—Feliz cumpleaños —dijo sonriendo de oreja a oreja, y yo negué con la cabeza.

—No lo hagas, sabes que no celebro mi cumpleaños —le dije.

¿Cómo podría, si Amor no estaba aquí para celebrarlo conmigo?

¿Ella lo disfrutaba más que yo?

«¡Ellis, no puedo esperar a que veas lo que he hecho este año!», solía decirme ella.

La sombra de sonrisa en mi rostro se desvaneció y encaré a Jace.

—¿Qué haces aquí, Jace?

No estoy de humor para hablar de negocios.

—Suspiró y puso unos documentos sobre mi escritorio.

—Han pasado cinco años, tío.

Tienes que volver a centrarte —dijo él.

—No hago más que trabajar —refunfuñé.

—Me refiero a la vida, intenta salir.

Deberíamos celebrar tu cumpleaños esta noche.

—No.

Intentó convencerme, pero me mantuve firme en no celebrar.

—K- Corp quiere reanudar el trato que empezamos hace cinco años —me informó.

Hace varios años, el CEO de K-Corporation, Kenny Kofflin, se me acercó para que les comprara sus acciones de la compañía porque se estaba yendo a pique poco a poco, pero más tarde cambiaron de opinión.

Cogí los documentos y les eché un vistazo.

¿Por qué de repente están interesados en vender?

¿Están en la quiebra?

—Controlaremos su empresa en cuanto firmemos.

¿Tan desesperados están?

—pregunté, intrigado.

—Se rumorea por ahí que se están ahogando en deudas por los hábitos de juego del viejo, y que necesitan el dinero urgentemente —me informó.

—¿David sabe de esto?

—pregunté.

—Sí, estaba frenando la adquisición, pero ahora ha dado su consentimiento.

Estoy seguro de que buscaba una salida, pero fracasó.

Sonreí con suficiencia.

Debió de ser difícil hacerlo.

Leí las cifras y, en efecto, a la empresa no le iba demasiado bien, pero si la adquisición tenía éxito, se recuperaría, y mi compañía crecería aún más.

Este es el negocio de mi vida.

—¿Saben esto sus empleados?

—cuestioné.

—No, solo lo sabe la junta directiva, pero cerraron su sucursal de Nueva York y se vinieron a la principal, aquí en dominio neutral —me informó.

Jace y yo discutimos la nueva jugada.

La fusión de las empresas irá bien.

Sonó mi teléfono y vi que me estaba llamando Charlotte.

No contesté.

Charlotte…

no sentía absolutamente nada por ella.

En estos años que hemos estado juntos, no he sentido nada por ella.

El fuerte vínculo que sentí la noche que nos conocimos desapareció de repente, como si nunca hubiera estado ahí.

Sin embargo, ella estaba locamente enamorada de mí.

Intentaba rechazarla, pero su loba era demasiado débil.

La entrené durante los últimos cuatro años con la esperanza de fortalecerla, pero no mejoró.

«¡Recházala y ya!», dijo mi Licántropo interior.

Igual que yo, él perdió su apego emocional hacia ella y ni siquiera podía soportarla.

—Contesta la puta llamada, ahora me está llamando a mí.

—Jace parecía cabreado mientras fulminaba con la mirada su teléfono, que sonaba.

Ni a él ni a Lila les gustaba Charlotte, lo dejaban claro con sus acciones hacia ella y no lo ocultaban.

—A veces es irritante —murmuré.

—¡Entonces recházala, échala de tu casa y de la manada!

—dijo él.

—No puedo, es débil, tío.

No puedo dejar que muera —le dije.

Seguía siendo mi pareja, sin importar lo que yo sintiera por ella.

—Otra vez con esta mierda, tío, solo está usando eso para retenerte.

Esa mujer está jodidamente obsesionada contigo —dijo él.

—Soy su pareja —la defendí.

Me sentía mal por ella.

No era su culpa, no era culpa suya que yo no pudiera amarla como se suponía que debía ser amada.

—¿Así que te quedarás con una mujer a la que no amas ni deseas por eso?

Prueba a mandar a la mierda su culo y a ver si se muere —dijo con una sonrisa socarrona, tamborileando con los dedos y con una mirada maliciosa en los ojos, como un villano.

—No haré eso hasta que esté seguro de que estará a salvo —le dije con severidad.

Él se sintió decepcionado.

Más tarde esa noche, me transformé en mi gran Licántropo y corrí por el bosque.

Era liberador estar en esta forma, y sentía paz en mi corazón.

Mi hogar me resulta desagradable.

Abrí la puerta de un empujón y me quedé en el vestíbulo.

Los sirvientes me miraban con recelo.

—¿Qué es…?

—Y entonces, lo oí.

El piano sonando.

Mi corazón latía violentamente en mi pecho mientras me dirigía a la sala del piano.

Conocía esa melodía, Forever Amen, Amor la tocaba para mí a menudo.

¿Había vuelto?

Me apresuré solo para desilusionarme con lo que vi.

Charlotte llevaba el vestido de seda rojo oscuro favorito de Amor, y su pelo rojo ahora era rubio.

Estaba tocando el piano.

Me miró con amor y sonrió.

Estallé al instante.

Esa mujer no tenía derecho a usar y tocar el piano de Amor.

La agarré del brazo y la aparté de un empujón.

Debí de usar más fuerza de la que pretendía, porque su espalda se estrelló dolorosamente contra la pared.

Estaba conmocionada, pero yo estaba demasiado enfadado para que me importara.

—¿A qué coño estás jugando?

—ladré, mientras Lias le gruñía.

A ella se le entrecortó la respiración y le temblaban las manos.

—¿Por qué estás tan enfadado conmigo?

—empezó a llorar.

La fulminé con la mirada, ¿y desde cuándo tenía el puto pelo rubio?

—¿Por qué tienes ese aspecto, vestida con la ropa de mi novia y tocando su puto piano?

¡No tienes que tocar ninguna de sus cosas!

—grité, haciendo que la loba se encogiera.

Realmente parecía asustada.

—Yo…

esperaba hacerte…

hacerte feliz, ya que es tu cumpleaños, he estado tomando clases para sorprenderte…

—Su voz tembló.

Estaba sollozando, sentada en un rincón de la habitación.

—No hagas eso, y no vuelvas a tocar ninguna de las cosas de Amor —advertí y subí las escaleras a grandes zancadas.

Estaba demasiado enfadado para hablar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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