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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 167

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167: CAPÍTULO 167 ¿Quieres casarte, Mamá?

167: CAPÍTULO 167 ¿Quieres casarte, Mamá?

Sostuve a Lila por los hombros y ella se apoyó en mí.

Era cinco centímetros más alta que yo, así que resultaba cómodo.

—Lila, Lila, yo…

Esa mujer, lo que sea que te haya dicho…

Te quiero tanto —estaba agitado.

Ni siquiera podía formular frases coherentes.

Lila se había quedado sin palabras, así que hice lo mejor que podía hacer por mi amiga: estallar en su nombre.

—La quieres tanto como para dejar embarazada a otra mujer a sus espaldas —resoplé—.

Jace, si la quisieras, no te habrías estado follando a esa mujer.

—Fue un puto error —ladró, desesperado.

Negué con la cabeza.

—¡Un error!

A ver, déjame adivinar, ¿ibas caminando por la calle, se te cayó la polla en su coño y, como ya estaba dentro, empujaste para hacer un puto bebé?

¡No, no fue un error, eras consciente de tus actos!

—dije casi sin respirar.

Estaba furiosa con Jace.

Toda esta angustia me ponía nerviosa al recordar lo que me había pasado a mí.

Miré de reojo a Ellis y su rostro mostraba dolor.

No tenía derecho a hacerse el dolido, la dolida debería ser yo, a mí era a quien la diosa de la luna le había negado un compañero, y el hombre al que amé durante diez años fue bendecido con una.

—Amor, quizá deberíamos…

—empezó Ellis, pero lo interrumpí.

—¡No!

Un error es cuando lo haces una sola vez.

E incluso eso es inaceptable.

¡Lila nunca te haría eso!

¡Jamás, porque siempre son los hombres los que engañan!

Necesitaba calmarme.

Respiré hondo varias veces y abracé a Lila con más fuerza.

Hubo un momento de silencio hasta que Jace habló:
—Lo siento mucho.

La cagué, y me arrepentí desde la primera vez que pasó.

Estaba en un mal momento después del aborto espontáneo, pero no quiero poner excusas —dio un paso adelante y, siguiendo el gesto de Lila, yo retrocedí.

—Te quiero muchísimo.

Espero que puedas perdonarme.

Quiero casarme contigo y estar contigo el resto de mi vida —dijo Jace.

Lila resopló y se cruzó de brazos.

—¿Por quién coño me tomas?

—habló Lila—.

¿Creías que ibas a mencionar el matrimonio y yo saltaría de nuevo a tus brazos?

No, eso no va a pasar —declaró.

Estaba recuperando su fuerza.

Me aparté para darle espacio.

Asintió una vez, y lo tomé como una señal para que me fuera.

Le asentí para darle ánimos, y Ellis le tocó el hombro antes de seguirme.

Fuimos a un salón y me apoyé en el cristal, observando el bosque.

Me puse rígida cuando Ellis se paró a mi lado.

Un aroma varonil emanaba de él, y no pude evitar inhalarlo.

Mi licántropa interior ronroneó.

Lo miré y nuestras miradas se encontraron.

Abrió la boca.

—Amor —me llamó con dulzura.

—¿Mmm?

—¿Estás bien?

—su pregunta me pilló por sorpresa.

—Estoy bien.

Es solo que perdí los estribos ahí atrás —le dije, sintiéndome sonrojar.

—Lo entiendo.

No sé si debería decir esto, pero Charlotte y yo solo nos acostamos el día que nos conocimos —entrecerré los ojos mirándolo antes de apartar la vista bruscamente hacia el hermoso paisaje.

Recuerdo vívidamente a Charlotte diciéndome que se habían acostado después de que él se fuera de mi casa.

«¡La zorra mintió!», gruñó Vee.

Me había mentido la muy puta.

Sentí un torbellino de emociones en mi interior.

—No me importa.

¿Por qué me dices esto?

—pregunté.

Él exhaló.

—No lo sé, Amor.

Por si pensabas que lo habíamos vuelto a hacer los días siguientes —dijo.

—Gracias por decírmelo —dije.

Nuestras miradas se encontraron de nuevo, y él sonrió.

—¿A qué viene esa sonrisa?

—pregunté.

—Tus ojos me sonrieron primero —dijo cálidamente.

—No, no lo hicieron —refuté.

Mis dedos fueron involuntariamente a tocar las puntas de mi pelo.

No sabía qué hacer ni qué decir.

¿Por qué me miraba así?

Su mirada gritaba «te quiero y te deseo».

Podía oír el trueno en mi pecho.

—¿Mamá?

—me di la vuelta para ver a mi hijo entrar en la habitación, agradeciendo a la diosa que entrara justo en ese momento.

Solara lo siguió.

—¡Papi!

¡Estás aquí!

—corrieron todos hacia él como si fueran a abrir los regalos en la mañana de Navidad.

Ellis los cargó y besó a cada uno.

Sonreí mientras una sensación de calma me invadía al observar su interacción.

Saqué el móvil y les hice algunas fotos.

—¿Por qué estás aquí?

Hoy no hay colegio —dijo Cayden.

—Lo sé.

Estoy aquí para veros a vosotros —le sonrió Ellis.

—El desayuno no, no, no, Papi —rio Solara, negando con la cabeza.

Ellis le besó la mandíbula y ella echó la cabeza hacia atrás.

—Hace cosquillas, Papi.

—Yo haré el desayuno —dije, y fui a la cocina.

Ellis me siguió, todavía con nuestros hijos en brazos.

—¿Ahora sabes cocinar?

—preguntó, dejándolos sobre la gran encimera.

—Claro.

Siempre he sabido cocinar.

Me enseñó CC, ¿recuerdas?

—le eché una mirada.

Fui al frigorífico y saqué beicon y huevos.

—Bueno, pues a mí no me cocinabas la comida más deliciosa —dijo él.

—Bueno, es que era tu novia, no tu esposa —repliqué, cascando huevos en un bol y echándolos a la sartén.

—Vaya —murmuró.

—¿Tú y Mami no estáis casados?

—Solara frunció el ceño.

Ay, madre.

—No —respondí yo cuando Ellis no lo hizo.

—Pero ¿por qué?

—empezó a parecer triste—.

Y ¿cómo es que estamos aquí si no estáis casados?

Mi mejor amiga, Cia, dice que mamá y papá tienen que estar casados para tener un bebé —dijo, mirándonos alternativamente.

—¿Somos adoptados?

—Cayden parecía horrorizado.

—¡No!

—dijimos Ellis y yo a la vez.

—Mirad, yo deseaba con todas mis fuerzas casarme con vuestra mamá, pero hice algo muy malo, y ella se enfadó mucho conmigo y se marchó.

Me lo merecía —dijo, asumiendo toda la culpa.

Esta vez no aparté la mirada cuando me miró.

—¿Todavía quieres casarte con Mamá?

—preguntó Solara, y el corazón empezó a latirme con fuerza en el pecho.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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