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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 185

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185: CAPÍTULO 185 Corazón roto 185: CAPÍTULO 185 Corazón roto Charlotte
Es a ella a quien quiero, no a ti.

Las crueles palabras de Ellis resonaban en mi cabeza.

Lloré con más fuerza mientras lo veía alejarse.

Mi corazón estaba hecho añicos.

No tenía energía para levantarme.

Todo esto era culpa de Amor, no debería haber vuelto, joder.

Mi Zorro murmuró algo incomprensible y la bloqueé con brusquedad.

Necesitaba un nuevo plan, pero no se me ocurría nada.

—Eso ha sido muy patético por tu parte.

—La voz de Maleck me hizo clavar la vista en él.

Parecía disfrutar enormemente de mi sufrimiento.

—Déjame en paz, Maleck —espeté.

Sabía que lo había traicionado y que me lo haría pagar.

—No, por favor, no hagas esto —se rio con fingido asco—.

¡Eres una jodida miserable!

Maleck se puso en cuclillas a mi altura y me apretó las mejillas dolorosamente con la mano.

Hice una mueca por el dolor físico que me causó, pero no se acercaba ni de lejos al dolor desgarrador que sentía en el corazón.

—Sabía que algo andaba mal cuando dejaste de informarme.

¡Te enamoraste de Ellis Carter!

—espetó, y me empujó.

Caí de espaldas.

—¡Maldita zorra!

Te recogí cuando no eras nada y te di una vida.

¿Cómo has podido traicionarme?

—bramó, y luego inspiró hondo, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie nos veía.

Sin embargo, estábamos en una zona apartada.

Me agarró un puñado de pelo y acercó mi cara a la suya mientras me susurraba al oído:
—Te mataría aquí mismo por tu deslealtad, pero le concederé a mi querido primo ese placer cuando descubra en la próxima luna llena que eres una espía —escupió.

Me dedicó una sonrisa repugnante que me provocó un escalofrío.

Hice una mueca de dolor cuando me soltó.

Lo fulminé con la mirada, incapaz de articular palabra en su presencia.

Se levantó y empezó a alejarse.

—¿Le contarás a Ellis mi verdadera identidad?

—pregunté en voz baja.

Se detuvo en seco.

Al volverse para mirarme, sonrió con arrogancia.

—¿Debería?

—Se quedó pensativo.

De repente, algo brilló en su mirada y una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Supongo que servirás de distracción para él mientras mis amigos se hacen con la manada y la ponen en mis manos —se encogió de hombros.

Lo miré entrecerrando los ojos y me puse en pie de un salto para empezar a pisarle los talones.

¿Qué coño quería decir con eso?

¿Qué estaba tramando?

—¿A qué te refieres?

No se detuvo y yo lo seguí.

Tuvo cuidado de tomar rutas donde no había guardias.

«¿Cómo podía conocer la mansión tan bien?», me pregunté.

—¿A qué te refieres?

—insistí, dándole un empujón en la espalda para que me hiciera caso.

Maleck se giró bruscamente y me estampó contra la pared, casi dejándome inconsciente.

Hice una mueca de dolor y abrí los ojos con lentitud para mirarlo.

—Escucha, no es tu puto problema.

¡Como sigas haciendo preguntas así, te partiré el cuello yo mismo!

—siseó con voz tétrica.

Me dejó caer al suelo y me quedé allí.

Tenía que averiguar qué planeaba Maleck.

No podía permitir que le hiciera daño a Ellis.

Permanecí en el suelo un buen rato, y solo me levanté cuando un David borracho chocó conmigo.

—¿Qué te ha pasado?

—eructó, tambaleándose, aunque logró mantener el equilibrio.

Le tendí la mano y él me ayudó a levantarme.

—¿Por qué estás tan borracho?

—le pregunté, echando un vistazo a nuestro alrededor.

No podía permitir que nadie lo viera en ese estado.

Lo llevé a una habitación privada en el primer piso y lo ayudé a que se le pasara un poco la borrachera.

Me agaché para dejar el agua en la mesita de noche cuando me agarró por la cintura.

Me colocó entre sus piernas y mi mirada se deslizó de sus labios a sus ojos.

Sus labios eran tentadores, y tragué saliva.

«Podría besar esos labios».

Ya me extrañaba que Zorro no hubiera aparecido.

Puse los ojos en blanco.

«¡A mí no me pongas los ojos en blanco!

—me regañó—.

Tú también lo estabas pensando».

—Bebe más agua —dije, para distraerme de la idea de besarlo.

David rechazó el agua.

—¿Qué tiene Ellis que vuelve locas a todas las mujeres?

—preguntó, arrastrando las palabras.

Ignoré su pregunta y le obligué a beber.

Él gorgoteó y escupió el agua.

—No me has respondido —dijo.

Pensé que se olvidaría del tema.

—¿Y por qué los hombres están tan obsesionados con Love Chasia?

—repliqué.

Se quedó un poco desconcertado y volvió a mirarme a los ojos.

—Es guapa, inteligente y superior.

Pero, por encima de todo, es muy cariñosa y amable.

Supongo que eso resulta atractivo —señaló.

Amor era todo lo que yo no era.

Y aunque no se me podía considerar fea, no estaba al mismo nivel de magnificencia que Love Chasia.

Yo medía uno sesenta y cinco, lo que podría considerarse alto para otras especies, pero era baja en comparación con los imponentes Licanos.

Amor tenía unos ojos de un azul brillante, mientras que los míos eran de un corriente color marrón.

—¿Alguien te ha dicho alguna vez que tienes unos ojos preciosos?

Parecen de chocolate…

Y a mí me gusta el chocolate —dijo.

No, nadie me lo había dicho nunca.

Sentí que me ardían las mejillas y supe que se habían sonrojado.

—Eres preciosa…, Charlotte —dijo con seriedad, con la mirada fija en la mía.

No sabía si era el alcohol el que hablaba, pero parecía sincero y el corazón se me desbocó en el pecho.

Ansiaba oír esas palabras de boca de Ellis, pero de sus labios nunca salían esas expresiones, ni siquiera cuando follábamos.

Le devolví la mirada, permitiendo que una sonrisa asomara a mis labios, pero carraspeé y retrocedí unos pasos.

—Vámonos.

Amor no debería verte así, o perderás puntos con ella —mi voz sonó firme.

—Se ha marchado —dijo, con un deje de dolor en la voz.

David intentó levantarse, pero enseguida volvió a caer en la cama.

Lo agarré del brazo y lo arrastré hasta su coche.

Como no sabía su dirección, lo llevé a su suite del Casino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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