¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 209
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209: CAPÍTULO 209 Mensajes de texto 209: CAPÍTULO 209 Mensajes de texto Luis
Observé cómo se alejaba el coche que transportaba a mi Bruja.
Cuando la vi esta noche, todo lo que quería hacer era arrancarle ese vestido y devorarla.
No quería que nadie la viera con él.
Sentí rabia cuando supe que iba a ver a su exmarido.
¡Insistí en que se pusiera un abrigo sobre el vestido porque era demasiado sexi!
Me dolía que fuera a verlo, pero me hice el indiferente.
—¿Le gustaría una taza de café, señor?
—preguntó la encantadora mujer de mediana edad.
Debía de ser Gina.
Le sonreí y negué con la cabeza.
—No, gracias.
Debería irme ya —dije.
Mi licántropo, Loki, gimió.
Quería que nos quedáramos a esperarla.
Empecé a caminar hacia mi coche, pero me detuve.
Volví a mirar a Gina y dije:
—Una taza de café no vendría mal.
Entramos en la casa.
Gina me guio a uno de los salones más pequeños.
Cinco minutos después, un sirviente nos trajo el café.
Tomé un sorbo.
—Entonces, ¿usted crio a Zeyneb?
—le pregunté a Gina.
Ella sonrió cálidamente y asintió.
—Sí, pero CC también estaba —respondió—.
Se notaba que quería mucho a Zeyneb.
—Zeyneb es una chica especial.
—Vaya que lo es.
—¿Le gusta ella, señor Vanders?
—preguntó, observándome con atención.
—Me gusta y me gustaría conocerla mejor —confesé.
Se sintió bien decirlo en voz alta.
Gina me habló de Zeyneb cuando era niña.
Creció siendo una chica segura de sí misma.
Incluso sacó un viejo álbum familiar para enseñarme fotos.
Zeyneb siempre había sido la chica más guapa.
La echaba de menos ahora que estaba viendo sus fotos.
Quería verla.
Besarala.
Había pasado una hora desde que se fue.
¿Por qué no había vuelto todavía?
Ojalá supiera adónde habían ido.
Podría revisar todas las cámaras de la zona para asegurarme de que estaba a salvo.
Decidí enviarle un mensaje, pero no sabía qué decirle.
[¿Has llegado bien?] Pulsé enviar.
La verdad es que quería pedirle que volviera a casa ya.
Sin embargo, no podía hacer eso.
Mi móvil sonó y abrí su mensaje:
[Sí.
Qué haces]
[Gina me ha ofrecido café, así que sigo en tu casa] le dije.
Quería que pensara en mí, que supiera que estaba aquí esperándola y que no le hiciera caso a su exmarido.
Había pasado más de un minuto y me estaba poniendo nervioso por el hecho de que no me respondiera.
Mi móvil volvió a sonar y sonreí al leer su mensaje.
[Me echas de menos, ¿a que sí?] decía.
Zeyneb Carter era muy segura de sí misma, pero eso me encantaba.
Qué coño.
O quizá solo me preocupaba que estuviera con su ex.
Podría hacerle daño o convencerla de que volviera con él.
[No lo negaré.
Sí que te echo de menos] confesé.
Podía sentir las miradas de Gina.
Sonreía a escondidas.
Todo esto era nuevo para mí.
No podía creer que enviar mensajes a alguien fuera tan satisfactortorio y delicioso.
Era brujería.
Era una jodida hechicera.
Me sentía atraído por ella.
Zeyneb Carter hacía que mi corazón latiera salvajemente.
[Tengo mariposas revoloteando en el estómago.
Me encantaría seguir con esto.
Necesito terminar esta reunión]
[Ten cuidado y no dejes que se te acerque, Bruja]
«Mi Bruja», dijo Loki en silencio.
Me sobresalté cuando sonó el móvil.
Pensé que era Zeyneb la que llamaba, pero fruncí el ceño al ver que era Vanessa.
Pulsé el botón de responder.
—Hola.
Estaba sorbiendo por la nariz.
—Te necesito ahora.
—¿Dónde estás?
¿Estás a salvo?
—pregunté, alarmado.
—Me fui de casa porque Alfred me pegó.
Casi me mata.
Estoy en el hotel —lloró.
Terminé la llamada y me puse de pie.
—No puedo esperarla.
Ha surgido una emergencia —le dije a Gina.
Ella frunció el ceño, pero me sonrió.
—De acuerdo.
Que pases una buena noche —dijo.
Conduje directamente al hotel.
Estaba preocupado por Vanessa.
La usaba para obtener información sobre su marido.
Si Alfred Pacito lo descubría, no cabía duda de que la mataría.
Era mi responsabilidad.
Zeyneb
Estaba sonriendo de oreja a oreja.
Tenía el estómago lleno de mariposas y me sentía eufórica.
Maybin me había estado fulminando con la mirada todo el tiempo, pero no podía evitar la sonrisa en mi cara.
Me sonrojé muchísimo cuando Luis confesó que me echaba de menos.
Maybin golpeó la mesa con el puño para llamar mi atención.
—¿Podemos hablar ya?
Has estado enviando mensajes y sonriendo.
Es de mala educación —dijo entre dientes.
Estaba enfadado y celoso.
Alcé la vista y fulminé a Maybin con la mirada.
[Tengo mariposas revoloteando en el estómago, y por mucho que me encantaría seguir con esto, necesito terminar esta reunión] respondí al mensaje de Luis que decía que me echaba de menos.
[Ten cuidado y no dejes que se te acerque, Bruja]
Sonriendo, guardé el móvil y le presté atención a mi exmarido.
Sin embargo, mi mente no estaba allí.
Estaba con Luis.
Solo quería volver a casa con él.
—Soy toda tuya —le dije a Maybin.
—Pues no lo parece —dijo con una risita burlona.
—Di lo que tengas que decir y firma los documentos —gruñí.
Maybin hizo una mueca, pero sonrió.
—Bueno, estás preciosa.
Siempre lo estás —dijo él.
—Por supuesto.
—Siempre tan segura.
Esa es una de las muchas cosas que amo de ti —dijo cálidamente.
—¿Me has sacado de la comodidad de mi casa para esto?
¿Para decirme lo que amas de mí?
—dije con desdén.
—Bueno, quería que habláramos de nuestro futuro —dijo, serio.
Levanté el dedo índice para detenerlo en seco.
Había un futuro, pero no NUESTRO.
—Por favor, no pongas futuro y NOSOTROS en la misma frase.
Tú no estás ni cerca de mi futuro, y viceversa —dejé claro.
—La cagué, Zey, joder.
Me arrepiento, y esperaba que me dieras una segunda oportunidad.
¡El cabrón no quería firmar los papeles del divorcio!
Me había engañado para que viniera.
—Dijiste que firmarías los papeles del divorcio si salía contigo esta noche.
Me has engañado —gruñí.
—Ah, eso.
No voy a hacerlo.
Te quiero y no puedo perderte por algo tan frívolo —dijo, y me quedé boquiabierta.
—¡¿Frívolo?!
—estallé—.
Te follaste a mi amiga y conspiraste contra mi hermano.
¡Esos no son asuntos sin importancia!
—Y lo siento.
Fui un necio al hacerte daño de esa manera.
No te lo merecías después de todo lo que hiciste por mí.
Por favor, dame una segunda oportunidad —suplicó.
Parecía sincero.
Aun así, no iba a darle una segunda oportunidad.
Quería algo mejor para mí.
—No voy a darte una segunda oportunidad, Maybin.
Tuviste tu oportunidad.
¡Conmigo no hay segundas oportunidades!
—dije con firmeza.
Nunca he sido de las que vuelven a caer en los brazos de un hombre después de que me traicionen y me hagan daño.
—No te voy a conceder el divorcio.
¿Te has parado a pensar en Apollo durante todo este tiempo?
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