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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 240

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  3. Capítulo 240 - 240 CAPÍTULO 240 Salida nocturna
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240: CAPÍTULO 240 Salida nocturna 240: CAPÍTULO 240 Salida nocturna Ellis
Estaba enfadado porque Jace le había contado a Amor lo del ataque en la frontera.

No quería que se involucrara en peleas.

—Amor sabe cuidarse sola.

Es una luchadora excelente —dijo Selene.

La maga había venido por la mañana para ayudar con los niños y pasar tiempo con ellos.

Me dio una taza de té.

Lo olí e hice una mueca.

—Huele fatal —sospiré.

—Sin embargo, sabe muy bien y te ayudará mucho —dijo ella.

La abstinencia no había sido agradable los dos últimos días, pero hoy me sentía mejor y las migrañas estaban remitiendo.

—¿Quién está atacando tu manada?

—preguntó ella.

—Maleck —respondí.

Mi primo estaba decidido a causarme problemas, pero lo mataría pronto.

Estaba trabajando con un vampiro que había matado a dos miembros de mi manada.

Crímenes como esos no podían quedar impunes.

Selene y yo hablamos sobre el ataque a mi manada.

Sonreí cuando el aroma de Amor llegó a mi nariz.

Mi mujer entró en la cocina y me rodeó con sus brazos por la espalda.

Me giré y besé sus suaves labios.

—¿Qué tal tu día?

—le pregunté.

—Duro, pero he hecho lo que he podido.

Veo que te estás recuperando bien —me acarició la cara.

Fruncí el ceño y abrí la boca para protestar por sus acciones anteriores, pero me interrumpió con un beso.

—Ellis, es nuestra manada.

Y quiero involucrarme en ella —dijo con severidad.

Me alegró que quisiera participar más.

—Mis hombres dijeron que les diste órdenes y manejaste la situación como una auténtica Luna jefa —dije radiante.

Apartó la mirada, tímida.

Se acercó a su tía y la besó en la mejilla.

—Gracias por cuidarlos —dijo, y me miró—.

¿Dónde están los niños?

—Están…

—Antes de que pudiera terminar de responder, los gemelos se acercaron a ella y la abrazaron.

—Hola, mis niños.

¿Qué tal vuestro día?

—preguntó, emocionada.

Había una luz que irradiaba de ella cuando hablaba con nuestros hijos.

Cada vez me deleitaba más mirarla y escucharla.

¿Cómo podía ser tan afortunado de tener a una mujer así en mi vida?

Sintió mi mirada penetrante sobre ella y se iluminó, un rubor cruzando su precioso rostro.

—¡Mira, Mami, la tía Selene me ha hecho trenzas!

¡Tendrás que aprender porque me encanta!

—Solara estaba emocionada, presumiendo de su nuevo peinado.

Amor sonrió.

—Estás aún más guapa.

Le pediré que me enseñe para poder hacértelas yo.

Después de eso, fuimos al comedor a cenar, y me contó todo lo que había pasado, aunque yo ya tenía un informe detallado.

Amor se mostraba apasionada por la manada, y yo la miraba, divertido.

Compartió conmigo algunos de sus planes.

Su tía también le sonreía.

—Esta noche hay luna llena.

Deberíais ir a correr los dos después de cenar —dijo Selene de repente.

Fruncí el ceño, sin humor para ir a correr.

Miré a Amor.

Ella asintió, apoyando la sugerencia de su tía.

Suspiré, derrotado.

Después de la cena, fuimos al bosque.

La noche era tranquila.

Lo único que podía oír en el bosque era el sonido de los animales.

Selene tenía razón.

La luna llena me fortaleció y me renovó.

Sentí que por fin podía respirar con facilidad.

Sin embargo, Amor parecía preocupada e inquieta.

—Vamos a correr —le dije.

No quería que pensara en lo que estaba pasando ni en los próximos ataques.

—Buena idea —sonrió.

Se quitó el vestido y el sujetador.

Mis ojos se oscurecieron de lujuria en cuanto la vi.

Se veía descarada y deslumbrante.

Amor sabía lo que me estaba haciendo.

Estaba jodidamente empalmado.

Mi compañera estaba buenísima.

Gruñí y me acerqué a ella.

Se rio entre dientes y cambió de forma demasiado rápido.

Joder.

Yo también cambié de forma y juntos corrimos por el bosque.

Nuestros licántropos jugaban y disfrutaban de la presencia del otro.

Nos sentíamos plenos bajo la luna llena.

Después de unas horas en el bosque, estableció una conexión mental.

«¿Volvemos?»
«Sí», respondí.

Sin embargo, Amor salió disparada en otra dirección.

La seguí.

«¿A dónde vamos?», le pregunté mientras la alcanzaba.

«Mi casa está más cerca.

Deberíamos pasar la noche allí», su voz sonaba densa, y mi mente se volvió loca mientras mi licántropo ponía imágenes eróticas en mi cabeza.

Aumenté la velocidad y, cuando llegamos a la casa, los de seguridad ni siquiera pestañearon y nos dejaron pasar.

Amor cambió de forma primero y yo la imité.

Estábamos de pie, desnudos, uno frente al otro, y yo estaba duro.

Jodidamente duro.

Podía oler su excitación.

Mis ojos se clavaron en sus labios.

Necesitaba besarla desesperadamente.

La agarré por la cintura y la levanté.

Se le cortó la respiración mientras intentaba controlarse.

Su coño palpitaba contra mi piel desnuda.

Le agarré la nuca y la atraje hacia mí para darle un beso apasionado.

Ella respondió al beso y yo devoré su dulce boquita.

Metí mi lengua en su interior para saborearla mejor.

—Ellis —gimió, sus caderas restregándose contra las mías.

Sus dedos se enredaron en mi pelo.

—Sí, nena.

—A la habitación —ronroneó.

Había olvidado que estábamos a la intemperie.

Me apresuré a meterla dentro y la llevé directamente a su dormitorio.

La dejé con suavidad en la cama y mis labios descendieron sobre su cuello.

Puso los ojos en blanco por el placer.

La necesitaba.

Necesitaba estar dentro de ella desesperadamente.

Mis dedos bajaron hasta su coño húmedo.

—¿Me deseas, nena?

—le susurré al oído.

—Sí —gimió, con los ojos cerrados mientras se concentraba en el placer que le estaba dando.

Quería hacerle el amor, follármela.

Mi cuerpo temblaba.

Quería estar dentro de ella.

Sus gemidos y quejidos me estaban llevando al límite.

Froté mi pulgar en su clítoris hinchado, mientras el otro dedo estaba dentro de ella.

Amor arqueó las caderas y gimió mientras la follaba con los dedos.

Sus paredes se contrajeron y se vino.

Acerqué sus piernas hacia mí y abrí sus muslos con las manos.

Hundí mi cara en su centro y le chupé el coño.

Sabía delicioso.

Sus gemidos eran más fuertes.

Lamí y chupé cada parte de ella mientras gritaba al sentir otro orgasmo.

Jadeaba mientras me miraba con deseo en los ojos.

Amor agarró mi polla dura como una roca.

La acarició lentamente con las manos.

Cambió nuestras posiciones y me puso boca arriba.

Sentí su lengua húmeda chupar mis bolas y no pude contener el gemido que se escapó de mi boca.

Lentamente, se llevó mi polla a la boca.

No podía metérsela toda.

Me la chupó despacio y aumentó el ritmo.

—¡Joder!

—qué bien sentía.

Jodidamente bien, y yo era un avaricioso.

Quería más de su boca.

Me moví más rápido dentro de su boca.

Se lo tragó todo sin apartarse de mí.

—S-sí.

Mis ojos se cerraron con fuerza por la concentración del placer.

—Más.

Empezó a subir y bajar la cabeza más rápido sobre mi entrepierna.

Me estaba haciendo una jodida garganta profunda.

El placer me desbordaba.

—Ahh, qué jodidamente bueno.

Continuó dándome placer.

Podía sentir la tensión acumulándose en mi interior.

Sabía que estaba cerca.

Movió la cabeza más rápido y me acarició la polla.

—¡Mierda!

¡Me corro!

No tuvo tiempo de apartarse cuando exploté en su garganta.

Sufría espasmos sin control mientras mi espeso semen bajaba por su garganta.

¡Fue lo mejor del mundo!

Me incorporé y la apreté contra mi pecho.

Ella sonreía, y la besé larga y apasionadamente.

—Es hora de romper el hechizo por completo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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