¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 243
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243: CAPÍTULO 243 Un padre 243: CAPÍTULO 243 Un padre Amor
Estampé mis labios contra los suyos y le quité el ceño fruncido con un beso.
Me di la vuelta y le di la espalda.
Me abrazó, hundiendo la nariz en mi cuello.
Sentí un cosquilleo en la piel.
Vee ronroneó de placer.
Sonreí mientras veía a todo el mundo divertirse.
Michael estaba ocupado con su mate, cotilleando mientras se reían disimuladamente.
Hacían eso a menudo.
Zeyneb estaba con Luis, jugando al billar no muy lejos de nosotros, mientras Jace y Lila hablaban y se abrazaban.
Estaban felices por su nuevo hijo.
En ese momento, todo parecía perfecto.
Aparté la sensación de inquietud que tenía en un rincón de mi mente.
¿Era esta la calma que precede a la tempestad?
Ellis intuyó mis pensamientos y me abrazó con más fuerza.
—Estamos bien.
Estaremos bien.
Me desperté por la mañana sintiéndome renovada.
Me giré al otro lado de la cama y vi que Ellis ya no estaba.
Fui a darme una ducha.
Me puse un vestido y unas botas, me recogí el pelo en un moño y bajé.
Decidimos pasar la noche en la mansión porque era demasiado tarde para volver a casa.
—Cay, hijo, devuélveselo a tu hermana —oí la voz de CC desde el salón.
Entré en el salón.
Mis hijos estaban sentados en la gran alfombra mullida abriendo regalos mientras CC los miraba con cariño.
—Buenos días —me sonrió CC, y me incliné para besarla.
Mis hijos me ignoraron, ocupados con sus nuevos regalos.
—¿Regalos?
—le lancé una mirada a CC.
Odiaba que los mimara tanto.
—Bueno, es su cumpleaños en dos días.
¿Por qué no empezar antes?
—dijo radiante, entregándole a Solara una muñeca personalizada con sus rasgos.
Mi hija se quedó sin aliento y sonrió.
—Se parece a mí.
Gracias, Abuela.
Dejé a los tres abriendo sus regalos y fui al despacho de Ellis.
Estaba ocupado con su beta.
Estaban revisando unos documentos.
—Buenos días, Luna —me saludó Jace.
Sentí que la sangre se me subía a las mejillas.
Espero acostumbrarme a ese título.
Jace se dirigió a la salida.
Mi mirada se encontró con la de mi guapo mate.
Fui hacia él.
Me levantó con facilidad y me sentó en su escritorio, para que estuviéramos a la misma altura.
Puse mis manos a ambos lados de sus hombros.
Sus ojos grises me atraparon.
Ellis me acercó más a él y sus dedos se deslizaron por mi vestido.
Las mariposas de mi estómago revoloteaban sin parar.
—¿Qué tienes planeado para el día antes de la fiesta?
—preguntó, besándome la pierna.
—Estaba pensando en visitar a algunos miembros de la manada.
Zey me comentó algunas preocupaciones de la manada y quiero ayudar a encontrar soluciones —dije.
Su rostro estaba ahora a escasos centímetros del mío.
Me estaba distrayendo.
—De acuerdo —su voz era grave.
Su agarre en mi cintura se hizo más fuerte.
Puse la palma de mi mano en su pecho.
Si no me iba ahora, haríamos algo que tardaría horas en terminar, y yo quería ir a ver a la manada en ese mismo momento.
Tiré de su pelo para que me mirara.
Él gruñó.
Sonreí con suficiencia y le besé los labios.
Él no estaba dispuesto a apartarse.
Cuando lo hice, un gruñido escapó de su boca.
—Debería irme —me mordí los labios, provocándolo.
—No —se quejó.
Salté de la mesa cuando un fuerte golpe en la puerta me sobresaltó.
Ellis miró la puerta con rabia.
—Lárgate de una puta vez —rugió.
Me reí entre dientes.
Sin embargo, la puerta se abrió y Michael entró.
Me saludó y agitó unos archivos en dirección a su alfa.
—Está bien, te veo luego, cariño —dije.
Mi mate seguía enfurruñado cuando salí de la oficina.
—¿Tenías que venir justo ahora?
—oí la voz de Ellis mientras me alejaba.
Mi teléfono sonó.
Recibí un correo electrónico.
Me dio reparo abrirlo, pero lo hice.
Era de mi acosador:
[¿Me has echado de menos?
Yo sí.
Estoy deseando verte]
Reenvié el nuevo correo a Luis.
Dijo que se encargaría.
Guardé el teléfono en el bolso y salí.
Me sorprendió encontrar a Todd, Lila y Zeyneb esperándome.
Todd era el más emocionado.
—Hola —dijo, rodeándome con su brazo.
—Hola, ¿vienes con nosotras?
—reí.
Él asintió con entusiasmo.
—Por fin.
Tengo mi pandilla de chicas —chilló.
—Relájate un poco —Lila puso los ojos en blanco en broma.
Ella y Todd habían estado pasando mucho tiempo juntos, sobre todo desde que descubrió que Todd y Eratu eran amigos.
—Hola, futura Mamá.
¿Cómo estás?
—le di un beso en la mejilla.
—Estoy bien, ¿y tú?
—Genial —respondí.
Ella me dedicó una sonrisa de complicidad.
Después de intercambiar amabilidades, fuimos a la primera casa de la manada.
Los miembros de la manada fueron muy educados y amables con nosotras.
Se dirigían a mí como Luna.
Incluso hablé de algunas cosas con los líderes, sobre todo del próximo baile de apareamiento que íbamos a organizar.
El día fue productivo.
Eran más de las tres de la tarde cuando volvimos a la mansión para prepararnos para la fiesta.
Pasé el rato con mis hijos durante una hora en su cuarto de juegos.
Luego, después de una larga ducha, fui al vestidor.
Me miré en el espejo.
Satisfecha con mi aspecto.
Llevaba un vestido de satén con un escote pronunciado y la espalda descubierta.
El vestido tenía una abertura alta en la parte delantera.
Lo combiné con unos pendientes de perlas.
Me recogí el pelo en un elegante moño para lucir mi marca.
Me maquillé como a mí me gustaba.
La fiesta sería en el Hotel de Jace, en la ciudad.
Bajé las escaleras y encontré a mi mate esperándome en el vestíbulo.
Los gemelos le estaban haciendo preguntas sobre el evento de hoy.
—Ojalá pudiera ir a un baile —suspiró Solara, cepillando el pelo de su nueva muñeca.
Se dieron cuenta de mi presencia y giraron la cabeza hacia mí.
Se quedaron con la boca abierta.
—¿Qué tal me veo?
—pregunté.
Intenté disimularlo, pero los nervios se me retorcían en el estómago.
La fiesta de presentación hacía que todo fuera real y oficial.
Después de hoy no habría marcha atrás.
—Mamá, estás increíblemente guapa, como una princesa —respondió Solara, corriendo a abrazarme.
—¿Y los chicos?
—di una vuelta sobre mí misma.
—Estás guapa, Mamá.
—¿Guapa?
—entrecerré los ojos.
Cayden me dedicó una sonrisa torcida.
Yo no buscaba un «guapa».
—Muy, muy guapa, Mamá.
Lo aceptaría porque era demasiado adorable.
—¿Y qué opina Papi de mi atuendo?
—dije con voz sensual, con la mirada fija mientras movía la pierna para mostrar la piel.
Ellis soltó el aire de sus pulmones.
Sus ojos se oscurecieron.
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