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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 246

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246: CAPÍTULO 246 La recuperaremos 246: CAPÍTULO 246 La recuperaremos Amor
Las ventanas se rompían y más renegados entraban.

Mi hermano se negaba a separarse de mi lado ni por un segundo.

Aún conservaba mi fuerza, así que yo también luché lo mejor que pude.

No podía evitar pensar que los vampiros nos estaban atacando constantemente.

Nicholas también se acercó a nosotros cuando se dio cuenta de lo mismo.

Mis ojos se encontraron con los de Lias durante el caos.

Por un momento me olvidé de cómo respirar.

Era tan majestuoso.

Sin embargo, su pelaje estaba cubierto de sangre.

Me sentí aliviada cuando olí que no era la suya.

Me examinó con la mirada y yo asentí para asegurarle que estaba bien.

No quería que mi pareja se preocupara durante una pelea y se distrajera.

Sus ojos se detuvieron en mí demasiado tiempo.

Jadeé cuando dos lobos se abalanzaron sobre él.

Intenté correr hacia él, pero el Príncipe Nicholas me agarró del brazo.

—¡Suéltame!

—Está bien.

Tenía razón.

Ellis se deshizo de ellos rápidamente.

Aun así, yo quería ir con él.

Para asegurarme de que estaba bien después del golpe que había recibido.

—Amor, no tienes a tu licán —dijo el Príncipe.

¿Cómo sabía eso?

Asentí y luché a su lado.

Los atacantes no tuvieron ninguna oportunidad y, pronto, sus números se vieron mermados.

Las secuelas no fueron graves.

Nadie de los nuestros murió.

Sin embargo, algunos sufrieron mordeduras graves.

Fueron atendidos.

Estaba de pie contra la pared, con la mano en el estómago.

Un renegado había conseguido hacerme un buen arañazo.

—¿Qué le ha pasado a tu licán?

—preguntó Aerys en voz baja.

No quería que nos oyeran.

La gente podría empezar a hablar, y yo podría convertirme en objetivo de ataques.

—No lo sé.

No puedo sentirla —mi voz denotaba miedo.

Se me llenaron los ojos de lágrimas.

Retrocedí cuando el Príncipe levantó la mano para tocarme.

Se detuvo.

—Tranquila, quiero sentir si todavía está dentro de ti —dijo en el mismo tono que mi hermano.

Asentí y me tocó la mandíbula.

Su tacto era suave y cálido.

Podía sentir el poder que albergaba en su interior.

Había olvidado que tenía habilidades especiales, más poderes que la Reina.

No solo era un licán superior, sino que la magia corría por sus venas.

Cuando la Reina era solo un bebé, absorbió accidentalmente la magia de un poderoso mago oscuro que intentó asesinarla.

Ese poder ahora fluye en la sangre de sus hijos.

—Está ahí.

Enterrada en lo más profundo de ti.

Es como si nunca te hubieras transformado —reflexionó él.

—¿Qué está causando esto?

—No lo sé.

Sin embargo, hay situaciones extrañas en las que los lobos internos se encierran para protegerse.

Tantas preguntas daban vueltas en mi mente.

¿Por qué desaparecería Vee?

No podía hacer eso.

Ni a mí, ni a nuestros cachorros, ni a Ellis.

—¿Y qué hay de su fuerza?

—Solo la normal —frunció el ceño.

Me di cuenta de que, cuando estábamos luchando, yo tenía mi fuerza, pero no al máximo.

—Oh, diosa.

No puedo permitirme eso.

Estamos en medio de una guerra.

Que Vee me abandone nos pone a todos en desventaja —dije.

—No hay nada que puedas hacer.

Ella necesita luchar para volver a ti —dijo el Príncipe.

«Vee, por favor, te necesito.

Lucha para volver a mí», le rogué a mi licán.

Siguió el silencio.

Se me escaparon unas cuantas lágrimas, pero me las sequé rápidamente.

—Tienes que ayudarme a recuperarla —le dije a Nicholas.

Él enarcó las cejas.

—¿Por qué yo?

—Pareces saber del tema —espetó Aerys.

Nicholas frunció el ceño mientras miraba mal a su mejor amigo.

—Tú también deberías.

Estuvimos juntos en clase de historia —replicó él.

—Bueno, la historia no es mi fuerte.

—Investigaré más sobre ello.

Te llamaré mañana —dijo.

Mi hermano me pasó un brazo por los hombros.

Era una forma de consolarme.

—La recuperaremos —me aseguró.

«¿Y si no lo hacemos?», pensé.

Ellis apareció en mi campo de visión.

Estaba cubierto de sangre, pero no era la suya.

Un suspiro de alivio me recorrió.

Mis ojos se quedaron fijos en los suyos mientras se acercaba.

Su mirada se posó en mi estómago, donde el lobo me había golpeado.

Sus labios se curvaron en un gesto de desaprobación.

Mi herida sanaba lentamente.

Me atrajo a sus brazos y me apretó contra su pecho.

—¿Estás bien?

Incliné la cabeza para encontrar su mirada.

—Sí, está sanando.

¿Tú estás bien?

Él solo asintió, mientras sus dedos recorrían mis heridas.

Me besó los labios con suavidad.

La Reina Anaiah y mi madre se acercaron a nosotros.

Ambas se habían transformado durante el ataque y ahora llevaban camisas grandes, lo que hacía que sus hombres gruñeran a cualquiera que les dirigiera una mirada.

—¿Están bien?

—preguntó Mamá, abrazándome.

Asentí.

—Estamos bien —respondí.

Papá también me estrechó entre sus brazos.

Después del ataque.

Nos quedamos en el hotel para una larga reunión.

El rey la presidía.

No sabía que la ciudad estaba siendo atacada por los vampiros.

Ellis le informó sobre lo que estaba sucediendo.

Incluso le comunicó lo del tratado con los vampiros que tendría lugar en unos días.

Ahora todo el mundo está cansado.

—León, todo el mundo está agotado —dijo la Reina Anaiah, levantándose del regazo de su marido.

La pareja era igual que mis padres.

No se cohibían a la hora de mostrar su afecto en público.

—Bien —gruñó él y se puso de pie.

Mi familia se alojaba en el hotel, pero insistí en que se quedaran en mi residencia, a lo que accedieron.

Llamé a los sirvientes de allí para que prepararan habitaciones para cuatro personas.

Salimos de la gran sala de conferencias.

Encontré a Luis de pie en el pasillo, con cara de preocupación.

Se sentía culpable por no haber estado conmigo durante el ataque.

—Luis —lo llamé con suavidad.

—Amor, siento no haber estado contigo —dijo rápidamente.

—Estoy bien, Luis.

No puedes protegerme para siempre.

Además, sé protegerme sola.

Me entrenaste bien —le guiñé un ojo con una sonrisa.

Contuvo el aliento cuando su mirada se cruzó con la de mi familia.

—¿Por qué coño no estabas con mi hermana, Luis?

—bramó mi hermano, furioso.

—¡Aerys!

—le gruñí por su grosería hacia Luis.

—Debería haber estado a tu lado.

¡Podrías haber resultado herida!

—Luis no es responsable de mi seguridad.

Es mi amigo —dije entre dientes.

Todo el mundo se quedó en silencio.

—Él es responsable de tu seguridad, Amor.

Por eso fue contratado —gruñó mi Papá, fulminando a Luis con la mirada.

Solté una risita.

No tenía nada de gracioso.

Escudriñé a Luis, que mantenía la cara gacha, y luego a mi hermano y a mi padre.

—¿Contratado?

—las palabras escaparon de mis labios mientras el pavor me invadía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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