¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 279
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279: Capítulo 279 Un mentiroso 279: Capítulo 279 Un mentiroso Elizabeth
Aunque Coen intentó vigilarme discretamente, lo descubrí al instante.
Mi pareja le había ordenado que me siguiera a todas partes.
Dejé que creyera que había tenido éxito en su misión.
Habían pasado dos días y no había sabido nada de Aerys.
Empezaba a preocuparme y a entristecerme.
¿Cómo podía no llamarme después de haberse esforzado tanto en convencerme de que aceptara el vínculo de pareja?
Odiaba sentirme así.
Estaba sentada en el restaurante de la universidad, quejándome a Yorna de que Aerys no me llamaba.
Le dije que habíamos empezado a salir ayer.
No pareció tan sorprendida como yo pensaba.
—Llámalo, si tanto te molesta —dijo Yorna, terminándose la bebida.
Me mordí el labio inferior.
No quería parecer desesperada por estar con él.
Además, no tenía su número.
—No tengo su número —murmuré, avergonzada.
Yorna enarcó sus cejas perfectas y se rio entre dientes.
—Pensé que era tu novio —se burló.
Me quedé mirando a Yorna.
Era una mujer lobo, pero no sabía que yo conocía su identidad porque me consideraba humana.
—Es mi pareja —solté de sopetón.
—Ya me lo imaginaba —murmuró, pero abrió los ojos como platos y se tapó la boca con la mano.
—Sé que eres una mujer lobo —le dije.
—¿Cómo?
—Soy una Familiar.
—Los Familiares son humanos conscientes de la existencia de lo sobrenatural.
Ella alargó la mano con delicadeza para tocar la mía.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Pensé que sería incómodo.
¿Por qué no me lo dijiste tú?
—repliqué.
—No se nos permite decirlo, pero me moría de ganas de contártelo.
—Vi sinceridad en su mirada.
—Aerys es mi alfa.
Llevaba años buscando a su pareja hasta que se rindió.
Así que empezó a ver a… —dijo, dejando la frase en el aire.
Me dolió el corazón.
Aerys era un mujeriego.
—¿Tiene zorras?
—exhalé, actuando como si no me doliera, pero sí que dolía.
—Sí, pero ten cuidado con Liace Yule.
Eran follamigos, pero ella está enamorada de él —me advirtió.
Yorna continuó advirtiéndome sobre las chicas que habían estado con mi pareja.
No fue nada agradable para mí.
Por la noche, después de clase, volví al ático.
Miré el teléfono otra vez, esperando recibir un mensaje de Aerys, pero no había nada.
Me fui a la cama, malhumorada.
Me desperté con la brillante luz del sol sobre mi piel.
Salí de la cama e hice mi rutina matutina.
Hoy no tenía clase, así que decidí quedarme en casa.
Hacía frío.
Estaba leyendo una novela romántica cuando sonó mi teléfono.
De repente, el corazón me latía con fuerza en el pecho mientras miraba el número desconocido en la pantalla.
—Hola —contesté a regañadientes.
Hubo un momento de silencio y, por el latido de su corazón, supe enseguida quién estaba al otro lado de la llamada.
Aerys.
—Aerys —pronuncié su nombre en voz baja.
—Elizabeth.
—Mi nombre sonaba tan sensual cuando él lo pronunciaba.
—Buenos días —dijo él.
—Buenos días a ti también.
—¿Qué haces esta mañana?
—preguntó.
—Estoy en casa, leyendo —respondí.
—Oh, bien.
Estoy en tu puerta —dijo.
Salté del sofá y subí corriendo las escaleras.
—¿Qué haces aquí y cómo sabes dónde vivo?
—pregunté, cepillándome el pelo y arreglando mi aspecto.
Me sentí eufórica, como una colegiala.
No recuerdo haberme sentido así nunca.
—¿Podemos salir a desayunar?
—preguntó con indiferencia.
Con mi velocidad, fui hacia la puerta.
Inspiré y la abrí.
Él apartó el teléfono de su oreja.
Sonrió, una sonrisa que mostraba sus dientes blancos y perfectos, y mi corazón dejó de latir por un momento.
Tenía la sonrisa perfecta.
Estaba tan guapo como siempre.
Sus deliciosos mechones oscuros estaban despeinados a la perfección.
El seductor olor a lluvia y chocolate llenó mis fosas nasales.
—Hola.
—Estaba sin aliento.
Abrí la puerta de par en par para dejarlo entrar.
Entró y recorrió mi casa con la mirada.
—Me pondré un abrigo.
Hoy hace un poco de frío fuera —dije y subí las escaleras.
Saqué un abrigo de cuello alto y me puse unos vaqueros ajustados y unos tacones.
Aerys estaba de pie junto a la ventana cuando bajé.
Estaba en trance, era tan guapo.
Me sintió y se giró, conteniendo el aliento.
Me ofreció su mano y la tomé.
Me sobresalté cuando chispas y un hormigueo brotaron en mi piel.
Espero acostumbrarme.
Sentí que su corazón también se aceleraba.
Aerys me llevó a su coche y me abrió la puerta del copiloto.
Ahora empezaba el juego de conocernos mejor.
—Bueno, ya sabes que tengo veintitrés años, soy el segundo en nacer y tengo cuatro hermanos.
Mis amigos son los que conociste.
Mi comida favorita es la pizza.
Escucho música R&B, pero también me encantan los clásicos.
¿Qué más…?
¡Ah!
Mis películas favoritas de todos los tiempos son John Wick y El Padrino.
Dirijo una empresa junto a mi padre —me contó.
Asentí.
«¿John Wick, El Padrino?
¿Por qué?
No entiendo a qué viene tanto revuelo», pensé.
—¿Y tú?
—preguntó.
—Tengo veinticuatro, como ya sabes, me gradué en la Universidad de Stanford y tengo una empresa de transporte marítimo.
También tengo una licenciatura en medicina, pero no la ejerzo —le dije.
Parecía sorprendido de que tuviera veinticuatro años.
Sin embargo, yo he vivido mucho tiempo.
—¿Cómo?
Por un momento, contemplé la posibilidad de decirle la verdad.
¿Debería?
—Soy lista —dije, encogiéndome de hombros.
No podía arriesgarme a decirle la verdad y que me dejara.
Así que mentí.
Era una mentirosa.
—Debes de serlo.
¿Y estás en la universidad otra vez?
—caviló.
—Sí.
Relaciones internacionales, es importante para mi empresa —añadí, y él asintió.
—Entonces, ¿cuál es tu color favorito?
—preguntó.
Yo pensé.
Siempre me había gustado el negro, pero ahora me gustaba el gris oscuro, como sus ojos.
Él desvió la mirada con una leve sonrisa.
Estaba segura de que estaba sonriendo.
—Negro y gris oscuro como tus ojos —dije, y él me sonrió.
—¿Y tú?
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