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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 281

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281: CAPÍTULO 281 ¡Mi Compañero es Perfecto!

281: CAPÍTULO 281 ¡Mi Compañero es Perfecto!

Aerys
Me sorprendió lo mucho que sentía por ella.

No esperaba estar tan loco por ella tan pronto.

Su piel pálida, su cuerpo delgado y sus labios…, joder, era preciosa.

Mi licántropo, Aire, aullaba en mi cabeza.

Era lo más feliz que había estado en mucho tiempo.

El beso que compartimos en la playa fue el más tierno que me habían dado jamás.

Sus labios eran suaves y delicados contra los míos.

Su ritmo cardíaco se aceleró al igual que el mío cuando nuestros labios se unieron.

Toda la sangre se me fue abajo.

Quería sentirla pegada a mí.

Quería tomarla allí mismo.

Utilicé todo mi autocontrol para no hacerlo.

Mi mente estaba jodida.

Todo era tan surrealista.

Me sentía como si estuviera en el cielo.

Elizabeth Valord era mi refugio.

Elizabeth, Elizabeth.

Repetía su nombre una y otra vez mientras conducía a casa.

Sonreía para mis adentros.

¿Qué me estaba haciendo?

«Ojalá no tuviéramos que separarnos», dijo Aire.

Yo también.

Sin embargo, no iba a presionarla.

Esperaré hasta que esté lista para venir a mí.

Al llegar a la entrada de mi casa, salí del coche y entré.

Todos estaban en la cocina, comiendo.

—Buenas noches.

—No pude evitar la sonrisa que se extendió por mi cara.

Fui a la nevera a por agua.

—Parece que estás de buen humor —observó Tonga, sonriendo de oreja a oreja.

—Lo estoy.

—¿Y qué clase de desayuno dura todo el día?

—frunció el ceño Coswell.

—¡Oh, Coswell, es exquisita!

¡Mi compañera es perfecta!

—grité.

—Me alegro de que te sientas así —escuché su dulce voz desde el otro lado de la habitación.

Me giré bruscamente hacia el sonido de la voz de mi compañera.

Elizabeth estaba allí.

Estaba apoyada en la pared.

Tenía un pie apoyado en la rodilla opuesta.

Era despampanante incluso estando ahí de pie, sin más.

Coen estaba de pie un poco más lejos de ella.

«Me ha pillado en el edificio de su apartamento, alfa, lo siento», murmuró a través del enlace mental.

Solo asentí en señal de comprensión.

—Elizabeth —musité, yendo hacia ella.

Ella sonrió y su mirada se dirigió a mis amigos.

Saludó con la mano y ellos le sonrieron, devolviéndole el saludo.

—Lo enviaste a espiarme —me lanzó una mirada de desaprobación.

—Solo quiero que estés a salvo —dije con vacilación.

—He estado a salvo toda mi vida y, además, sé protegerme sola, Aerys.

—Cada vez que mi nombre salía de sus bonitos labios, la sangre se me iba abajo.

Mi mente enloquecía y las imágenes de ella bajo mi cuerpo inundaban mi mente.

Chasqueó los dedos delante de mí, devolviéndome a la realidad.

Parpadeé un par de veces para aclarar la vista.

—Eres una mujer… —Los jadeos de Tonga y de mi compañera me hicieron interrumpir la frase.

—¿Crees que las mujeres son débiles y necesitan que los hombres las salven?

—preguntó Tonga.

Miré fijamente a mi compañera; estaba esperando mi respuesta.

Nunca me había sentido tan atacado.

Si decía algo equivocado, no cabía duda de que se me echarían encima.

Miré a Coswell y a Alec en busca de ayuda, pero estaban disfrutando demasiado de la situación como para ayudar.

—Un poco machista, ¿no?, alfa —dijo Elizabeth, con un brillo en los ojos.

—No, sé lo fuertes que sois, chicas.

Crecí rodeado de las mujeres más fuertes del mundo —dije rápidamente, lo que pareció calmar su enfado—.

Solo le pedí a Coen que te vigilara porque así me sentiría mejor, no porque crea que no puedes protegerte.

—Buena salvada —murmuró Elizabeth.

Me agarró del cuello de la camisa y me besó la nariz.

Mi corazón palpitó en mi pecho y mis chicos vitorearon.

—Mis maletas están en el maletero de mi coche.

¿Puede alguien ponerlas en una habitación de invitados?

—preguntó.

Tonga se puso en pie de un salto.

—¿Te quedas con nosotros?

—preguntó con entusiasmo.

—Sí —dijo, mirándome.

—¡Sí!

Prepararé la habitación de al lado de la del alfa.

¡Alec, Coswell, id a por sus maletas!

—ordenó Tonga.

Mis amigos se pusieron de pie e hicieron una reverencia a Elizabeth antes de salir.

—¿Habitación de invitados?

—pregunté.

—Sí, no voy a dormir en la misma cama que tú —dijo con aire despreocupado.

—¿Por qué?

¡Eres mi compañera!

—fruncí el ceño.

—Ya, como si no lo supiéramos —dijo, poniendo los ojos en blanco.

Quería tener a mi compañera en mis brazos.

No podría dormir sabiendo que estaba en la habitación de al lado y yo no estaba allí con ella.

—No te conozco muy bien.

Hoy hemos tenido nuestra primera cita y, además, no sé cuántas mujeres han pasado por esa cama tuya —espetó.

Sonreí con torpeza.

Tenía razón.

Estaba yendo demasiado rápido.

«Deberías tirar todo lo que tocaron esas zorras tuyas», gruñó Aire.

Estuve de acuerdo con él.

Haría que rehicieran toda la habitación.

—Entonces tiraré todo lo que hay en esa habitación —dije.

—Mejor —me sonrió con coquetería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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