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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 287

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287: CAPÍTULO 287 Tenemos intrusos 287: CAPÍTULO 287 Tenemos intrusos Elizabeth
—Le estoy preparando el desayuno a mi pareja.

Y soy bienvenida —señalé mi marca con orgullo.

Me miró con asco.

Yo estaba tranquila, mientras que ella ardía de rabia.

—No te pases de lista.

¡Eres una sucia humana y te dejará pronto!

—gritó.

—Ah, no puedo con estas zorras —suspire, aburriéndome de ella.

Por su forma de hablar, supe que eran cercanos.

Y entonces caí en la cuenta.

Era su puta principal, de la que Yorna me había advertido.

Liace Yule.

Sentí los celos recorrer mis venas.

Mis ojos brillaron y la zorra retrocedió un paso.

—¡T-tienes que irte de este lugar!

¡Nadie te aceptará!

¡Estás por debajo de nosotros!

—gritó, aunque sin confianza.

Apreté el puño.

¿Por debajo de ellos?

Yo era una Princesa.

Tenía unas jodidas habilidades y mataría a esta mujer fácilmente sin pestañear.

—¡Escúchame, zorra!

Mi nombre es Liace Yule.

Mi padre es de alto rango, ¡y yo seré la Luna, no una simple humana como tú!

—chilló.

—¡Liace!

—escuché un gruñido desgarrar la habitación.

Mi mirada se desvió hacia Aerys.

Estaba que echaba humo.

Lo fulminé con la mirada.

—Bebé, olvida lo que ha dicho.

Liace está delirando, está claro —dijo, acercándose a mi lado.

—Aerys, ¡no puedes haber marcado en serio a esta…, a esta humana!

¡Es débil y solo una humana!

¿Cómo…?

—No pude seguir escuchando su estúpida voz.

Le di un puñetazo en la cara.

La sangre brotó de su nariz y me miró con una expresión de asombro en el rostro.

Pasé a su lado.

No me había dado cuenta de que todo el mundo estaba mirando.

Fui directa a mi habitación sin decir una palabra a nadie.

Empecé a hacer las maletas.

La puerta se abrió unos minutos después y entró Aerys.

—No, no.

Bebé, te juro que no significaba nada para mí.

Por favor, no me dejes —dijo.

Estaba entrando en pánico.

—¿Cuántas mujeres más van a venir?

¡Deberías avisarme para que me prepare!

—siseé con sarcasmo, metiendo todas mis camisetas en una de las maletas.

—Bebé, lo siento —me agarró de la muñeca, impidiendo que siguiera haciendo la maleta.

Parecía vulnerable.

Pensó que lo estaba dejando.

No iba a irme.

Solo estaba haciendo las maletas para poder mudarme a su habitación, ya que todo era nuevo.

Suspiré.

—Me mudo a tu habitación, tonto.

Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro.

—¿Te quedas conmigo, bebé?

—Sí —respondí.

Estaba demasiado molesta para sonreír.

No podía mirarlo sin recordar a esa chica en la cocina.

—Creo que necesito dar un paseo —mascullé—.

Sola —añadí antes de que pudiera decir nada.

No dijo nada cuando abrí la puerta y lo dejé allí.

Necesitaba cazar.

Me adentré en el bosque, pensando distraídamente en lo que había ocurrido esa mañana.

Estaba muy molesta.

Apartando todos los recuerdos de Liace, me concentré en la caza.

Vi un ciervo.

Con cuidado, me acerqué y me abalancé sobre él.

Mis colmillos se alargaron y se clavaron en su cuello.

La sangre sentaba tan bien en mi boca, aunque no era tan deliciosa como la sangre humana.

—¡JODER, LO SABÍA!

—un gruñido desgarró el bosque.

Cerré los ojos e intenté levantarme lentamente, pero unas manos fuertes me inmovilizaron contra el suelo.

—Coen —exhalé, casi riéndome de la situación.

¿En serio?

El hombre que está colado por mi pareja es el primero en descubrir mi secreto.

—Valord, sabía que ese nombre me sonaba —rió sin gracia.

—Sí, soy una vampira —admití.

No había forma de negarlo.

La única salida era matarlo, cosa que podía hacer, pero no podía hacerle eso a la manada.

—No tengo malas intenciones contra nadie.

Te lo juro —dije con suavidad, esperando que escuchara la verdad de mi corazón.

—Usaré el enlace mental para que venga el alfa y lo vea por sí mismo —gruñó.

—Coen, no lo hagas, por favor.

—Tienes un plan, ¿verdad?

Quieres atacar a la manada.

¿Cómo conseguiste falsificar el vínculo de pareja?

¿Estás trabajando con brujas malvadas?

—Yo no falsifiqué el vínculo.

Es real y no estoy trabajando con nadie.

Me sorprendió descubrir que Aerys era mi pareja.

Por eso huí.

Tienes que creerme, lo amo y no haría nada para hacerle daño a él o a su manada —dije.

Se quedó en silencio un momento.

Parecía estar pensando.

Aproveché la oportunidad para darle un cabezazo.

Gruñó y me puse en pie.

Coen estaba asustado, pero seguía siendo valiente.

—¡Te juro que no te haré daño!

—dije rápidamente antes de que pudiera usar el enlace mental con nadie.

Si es que no lo había hecho ya.

—Le diré la verdad al alfa cuando esté preparada.

Sé que sería un caos si lo hiciera.

Por eso no se lo he dicho todavía.

Solo intento disfrutar de esto mientras pueda.

Soy egoísta.

—Coen me miraba fijamente.

Mostraba los dientes y sus ojos brillaban.

Retrajo las garras y sus ojos volvieron a su color marrón normal.

Confiaba en mí.

Me puse rígida al sentir intrusos.

Coen olfateó el aire y sus ojos se oscurecieron.

—Tenemos intrusos —dijo, acercándose a mí.

Se paró frente a mí en actitud protectora.

Sus acciones me dejaron atónita.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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