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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 289

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Capítulo 289: CAPÍTULO 289 ¿Estás bien?

Elizabeth

Después de las bebidas, fuimos al spa. Vi una figura de Coen, pero no nos molestó. Tras nuestros tratamientos faciales y masajes, decidimos ir de compras. Lo más divertido fue comprar lencería. Ella también se compró un par de conjuntos.

—¿Estás saliendo con alguien? —pregunté en el probador. Yorna se sonrojó profundamente y me dio la espalda. Pude ver por el espejo que estaba sonriendo. Me puse detrás de ella y la agarré por la cintura.

—¿Así que te hace sonrojar? —pregunté cerca de su oído. Se rio e hizo una foto de nuestra sensual postura.

—Esto está muy mal —murmuró.

—Entonces, ¿quién es?

—No sé cómo te vas a tomar esto, pero Harry y yo estamos hablando. Creo que me gusta —dijo. No esperaba que mencionara a Harry. Me quedé boquiabierta, tragando saliva. Sus ojos mostraban preocupación. Inspiré y sonreí.

—Claro, Harry es una persona adorable —le dije. Ella exhaló y me abrazó.

—Vale, nos estamos abrazando en lencería, nada raro —comenté. Ella se rio entre dientes y se apartó.

—Estaba preocupada porque sé lo de vuestra relación —dijo.

—No, yo ya lo superé con Aerys, y quiero que Harry haga lo mismo con otra persona —dije.

Nos vestimos y pagamos nuestras compras. Fuimos a cenar. De repente, Yorna se puso seria.

—Entonces, ¿cuándo le vas a decir que eres… una vampiro? —susurró, mirando alrededor del restaurante.

—He decidido decírselo la semana que viene, después de su cumpleaños —dije. Era hora de arrancar la tirita de una vez. Después de la cena, la acompañé al coche porque quería volver a casa corriendo.

—¡Mañana te llevo a casa las cosas que compramos! —Asentí y la vi alejarse en su deportivo.

Tenía la intención de volver a casa corriendo, pero decidí dar un paseo. Lo necesitaba. Me metí el móvil en el bolsillo y me di la vuelta. Sin embargo, choqué con alguien.

—Perdón —murmuré.

—No pasa nada, Princesa Elizabeth —dijo la voz suave y profunda. Sentí que se me helaba la sangre y el color abandonó mi rostro.

Estaba mirando a Princeton, mi prometido. El duque de los vampiros. El hombre con el que se suponía que debía casarme, pero del que hui. El corazón me latía con fuerza en el pecho. ¿Qué hacía él aquí? Llevaba un abrigo negro sobre su meticuloso traje negro.

—Duque Princeton —dije, recuperando la compostura. Estaba tal y como lo recordaba. Era delgado, con rasgos afilados y pelo oscuro. Un brillo de picardía destellaba en sus ojos. Seguía siendo el mismo. Me observó y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.

—Quién diría que estarías aquí —suspiró. Su mirada me incomodaba.

—¿Cómo me has encontrado? —pregunté lentamente.

—No importa. Pasé décadas buscándote —dijo.

—No deberías haberlo hecho. Hui —le informé. ¿No lo había dejado claro en la carta de disculpa que le envié antes de irme?

—Es comprensible, nervios prematrimoniales. Pueden estresar a cualquiera —me sonrió educadamente. ¿Era imbécil o qué?

—No son nervios prematrimoniales. No quise casarme contigo porque no estoy enamorada de ti —le dije con firmeza. Pareció aturdido. Levantó una ceja.

—Oh, bueno, eso ya no importa. Estoy aquí.

Madre mía. Este hombre va a ser un problema.

—¿Eres jodidamente estúpido? ¿Puedes comprender lo que estoy diciendo? —exclamé. Me estaba frustrando con él.

—No te amo. Tengo un compañero y estoy marcada —dije.

Su mirada astuta se posa en mi cuello, y su rostro se contorsiona en una mueca de asco.

—Así que es verdad. Un licántropo. Princesa Elizabeth, qué deshonra, pero no te preocupes. Estoy aquí para arreglar todo eso ahora.

—No hay nada que arreglar. Soy feliz y tengo una relación. No quiero tener nada que ver contigo, así que adiós. —Salí disparada, pero me atrapó con facilidad y me apretó contra la pared blanca. Su cara estaba cerca de la mía y forcejeé para quitármelo de encima.

—Solo he venido a informarte de que termines tu relación. Te doy tres días, si no… —dejó su amenaza flotando en el aire. Nunca había visto a Princeton perder la calma. Siempre es tan amigable y sereno. Se apartó de mí después de besarme la frente. Me estremecí.

Saludó con la mano, y así sin más. Desapareció.

El corazón me latía con fuerza en el pecho. Busqué apresuradamente el móvil en mi bolsillo. Le envié un mensaje a Harry, diciéndole que Princeton me había encontrado.

Insistió en verme, pero no podía ver a nadie en este momento. Solo quería que mi compañero me abrazara. Me siento tan alterada.

Corrí a casa y llegué en siete minutos.

—Tonga, ¿dónde está Aerys? —pregunté mientras pasaba por la zona de juegos. Estaban jugando a videojuegos.

—Está en su estudio —dice, preguntándome con la mirada si estaba bien. Asentí y subí al estudio. Abrí la puerta. Estaba en una reunión de Zoom. Sus ojos me miraron y, de inmediato, supo que algo andaba mal.

—Continuaremos esto más tarde. Tengo una llamada.

—Pero, señor… —Aerys cerró el portátil y vino hacia mí. Me acarició la cara y unas chispas recorrieron mi piel.

—Elizabeth, ¿estás bien? Te ves pálida… Bueno, más de lo habitual —dijo. Lo rodeé con mis brazos. Se tensó, pero me abrazó.

—Bebé, ¿qué pasa?

—Solo quiero que me abraces y estés conmigo —lloré.

—Por supuesto —dijo, aspirando mi aroma. Aerys me tomó en brazos y me llevó a nuestra habitación. Me depositó suavemente en la cama y se agachó para que estuviéramos a la altura de los ojos.

—¿Quieres hablar de lo que ha pasado? —preguntó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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