¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: Capítulo 3 Compañero 3: Capítulo 3 Compañero POV de Caliana
Sentí un dolor cada vez más intenso en el estómago mientras aquel hombre alto y atractivo permanecía desnudo ante mí.
Mis ojos, sin pudor alguno, se desviaron hacia su polla.
Era enorme y larga, por cierto.
El cuerpo de ese hombre estaba hecho de puro músculo, sin duda se ejercitaba mucho, y su rostro, oh, diosa mía, tenía unos rasgos afilados y atractivos, pero mi mirada se detuvo en sus fríos ojos.
Eran de un hipnótico color gris, pero parecían desesperanzados y desolados.
Quise tocarlo y preguntarle qué le pasaba, pero no pude.
Cuando terminó de evaluarme a mí también, caminó majestuosamente y se detuvo cerca de mí; estábamos tan juntos.
Su cuerpo irradiaba calor, y su aroma, mezclado con el de esa mujer a la que se estaba follando, me daban ganas de golpearlos.
Apreté los puños y temblé de rabia.
«¡Cali!», gritó mi loba interior y di un respingo.
Me aclaré la garganta, pero antes de que pudiera decirle una palabra, me cerró la puerta en la cara y entonces lo asimilé.
Mi compañero es el Alfa Edward Chasia, el Alfa cruel, y ni siquiera ha reparado en mi presencia.
Mi respiración se volvió entrecortada y agitada.
Me fallaron las piernas y me deslicé por la pared hasta quedar sentada.
Mi compañero estaba al otro lado, con otra mujer en su cama.
Joder, joder, joder.
Nunca esperé tener un compañero, pero la idea me intrigaba.
Me odiaba.
Lo vi en sus ojos.
¡Era una locura, porque yo no había hecho nada!
Quería llorar y gritarle a la diosa, pero ni siquiera tenía fuerzas para hacerlo.
—Lo siento mucho —dijo una vocecita.
Me puse de pie rápidamente y me giré hacia la joven que había hablado.
—Oh, hola —traté de forzar una sonrisa.
Su expresión demostraba que sabía lo que acababa de pasar.
—Soy Juanita.
La Señora Lena dijo que yo la atendería —dijo con una sonrisa.
Juanita era una chica guapa y menuda, con una abundante melena que le sentaba muy bien y unos preciosos ojos grandes y marrones.
—De acuerdo, ¿puedes llevarme a otra habitación?
A la segunda planta, a ser posible.
—No pensaba quedarme en el mismo piso que ese hombre.
Quería estar lejos del Alfa.
No entendía por qué había accedido a traerme aquí cuando, claramente, no me necesitaba.
Los ojos de Juanita se oscurecieron un poco, una señal de que se estaba enlazando mentalmente.
Cuando terminó, negó con la cabeza con tristeza.
—Se quedará en esta planta, Señora.
Me limité a asentir; discutir era una pérdida de tiempo, porque sabía que ella solo seguía órdenes.
Juanita me llevó a una habitación justo al lado de la suite del Alfa.
Era enorme, con una cama redonda y un televisor colgado en la pared.
—Estas puertas dan a un balcón y al cuarto de baño —me informó.
Me limité a sonreírle y me senté en el borde de la cama.
Juanita salió de la habitación, diciendo que volvería para llamarme a cenar y que disfrutara de la estancia.
Sin embargo, mi mente divagó hasta el cruel Alfa, mi compañero.
¿Qué probabilidades había?
«Lia, ¿estás bien?», le pregunté a mi loba.
«Sí, ¿y tú?».
Suspiré y me acosté en la cama.
La verdad era que no estaba bien.
Todo había sucedido tan de repente; un momento antes estaba en la manada de mi padre.
No era feliz viviendo allí con Evelyn y Vince, pero me enfrenté a ellos, y ahora estoy aquí, en una manada desconocida, con un compañero al que le importo una mierda.
«Estaré bien», respondí al fin.
No soy una mujer débil.
He entrenado mi mente para ser fuerte y él no me quebrará.
Me levanté de la cama y entré en el baño de la habitación para ducharme.
Me di una ducha larga y me aseguré de lavarme bien el pelo, pues hacía tiempo que no lo hacía y allí encontré todos los productos que necesitaba.
Después de la ducha, me puse unos vaqueros sencillos y una camiseta.
Revisé el móvil y vi un mensaje de Levy.
Me informaba de que Evelyn había organizado una fiesta para celebrar el acuerdo que habían cerrado con los Chasias.
Horas más tarde, la puerta de mi habitación se abrió y Juanita entró con aire jovial.
—¡Hola, Luna!
Vengo a buscarla para la cena.
—El corazón empezó a latirme con fuerza mientras me ponía los zapatos.
Seguí a la joven sirvienta hasta el comedor, donde cuatro hombres de aspecto intimidante estaban sentados, luciendo tan imponentes como siempre.
Los hermanos Chasia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com