¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 55
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55: Capítulo 55: Todo el mundo te conoce 55: Capítulo 55: Todo el mundo te conoce POV de Caliana
Interactué con los invitados y, al poco tiempo, el chef anunció que la comida estaba lista y que debíamos pasar al comedor.
Me senté a su izquierda y la cena transcurrió sin problemas, con todo el mundo riendo y charlando animadamente.
Después de la cena, festejamos animadamente un rato y bailamos toda la noche.
Sin embargo, la ira me consumió cuando vi a Melody intentando seducir a mi pareja.
Se había tomado unas copas y ahora no tenía vergüenza.
El Alfa Edward ni siquiera le hacía caso y disfruté viendo su reacción a eso.
Nos retiramos a la cama casi después de la medianoche y ambos estábamos demasiado cansados incluso para ducharnos; simplemente nos metimos bajo las sábanas y nos dormimos.
A la mañana siguiente, nos despertamos tarde y, cuando lo hicimos, teníamos un dolor de cabeza terrible.
—Café —gimió él, masajeándose la sien.
«De acuerdo», le comuniqué por el enlace mental a uno de los chefs de la cocina, y unos minutos más tarde, nos trajeron comida y café.
Fuimos al salón y nos sentamos a comer.
Había todo tipo de comida.
—¿Qué quieres…?
—Quiero carne y mucho brócoli —dijo él.
Le serví mientras él me ponía una taza de café.
Desayunamos en silencio, pero la puerta se abrió de golpe y Amor entró cantando; el sonido era muy fuerte para mis oídos.
—Para, por favor —suspire, cerrando los ojos por el martilleante dolor de cabeza.
Ella se rio y se lanzó al regazo de su padre.
Él le dio de comer verduras, pero ella las escupió en una servilleta.
—Papá, odio el brócoli —dijo con una mueca.
—Parecen infelices.
¡¿Es porque estuvieron bebiendo anoche?!
—No bebemos —respondimos al unísono.
—No pasa nada.
Entiendo que los adultos beben cuando hay una fiesta —dijo, encogiéndose de hombros y sonriendo.
—Gracias —gruñí.
Bebí más agua y me senté en una posición cómoda.
—¡Es el comienzo de un nuevo mes!
—anunció Amor con alegría.
Recé una silenciosa oración de agradecimiento; estaba agradecida por Amor, Edward y toda la familia.
Sonreía mientras padre e hija discutían por algo.
Después del desayuno, Amor nos convenció de ir al parque con ella.
Me senté en el asiento del copiloto y Amor atrás mientras Edward nos llevaba.
Tomé algunas fotos graciosas de este momento, aunque sé que lo atesoraré por siempre en mi corazón.
Al llegar al parque, hicimos todo tipo de cosas y, a pesar de mi desaprobación, me vi obligada a subir a la montaña rusa.
—¡Esto es muy DIVERTIDO!
—exclamó Amor, poniéndose entre nosotros y llevándonos a la siguiente atracción.
Después, fuimos al fotomatón.
Me senté en el regazo del Alfa mientras nos tomábamos fotos graciosas; incluso fui lo suficientemente atrevida como para besarlo.
—Déjame ver, déjame ver —corrió Amor hacia nosotros en cuanto salimos de la pequeña cabina.
Le enseñé las fotos y ella sonrió, poniéndoselas sobre el pecho.
—¡Me encanta cuando nos divertimos juntos!
—¡A mí también!
—exclamé con alegría.
—¿Entramos ahora nosotros, Cali?
—preguntó ella, y yo asentí.
Nos divertimos muchísimo allí y decidimos tomar un helado.
—Joseph es el mejor heladero de la ciudad —me informó Amor mientras nos dirigíamos al camión de los helados.
Había gente allí y la mayoría se acercó a presentar sus respetos.
Nos miraban con sonrisas.
Era un lugar demasiado expuesto y no íbamos a divertirnos tanto, así que sugerí que fuéramos a la heladería.
Una camarera tomó nuestros pedidos; yo pedí vainilla, mi favorito, mientras que el Alfa y Amor pidieron tarta de queso con arándanos y lima.
Amor me estaba enseñando un juego cuando me di cuenta de que la camarera deslizó un papelito en el bolsillo del Alfa Edward; probablemente tenía su número.
No reaccioné ni le demostré que lo había visto.
—Con permiso —dije y fui al baño a refrescarme.
Estaba reflexionando sobre qué hacer.
¡Cómo se atrevía esa zorra a darle eso en mi presencia y por qué no lo tiró él o se enfrentó a ella!
Sentí ganas de gritar, pero me contuve.
Todavía estaba mirándome en el espejo cuando llegó nuestra camarera y apreté el puño.
Me miró una vez y se inclinó.
—Luna —reconoció ella.
Resoplé y me crucé de brazos.
—Así que sí sabes quién soy.
Ella sonrió.
—Por supuesto, todo el mundo en la manada la conoce.
—Entonces, ¿a qué vino ese jueguecito furtivo de ahí atrás?
—le pregunté, entrecerrando los ojos.
Odiaba que fingiera inocencia como si yo me lo estuviera inventando.
—¿Qué he hecho?
—preguntó inocentemente.
Si no lo hubiera visto, le habría creído.
No tenía tiempo para esto, así que salí del baño.
Todavía estaba enfadada, pero en cuanto vi a Edward tirar la nota junto con los cuencos de helado vacíos, toda la ira desapareció.
Mi lobo bailó feliz.
Pronto me uní a ellos y seguimos charlando y jugando a todo tipo de juegos con Edward animándonos.
Regresamos a casa a última hora de la tarde y Amor dormía en los brazos de su padre.
Nos acostamos y dormí junto a mi pareja, rodeada de su embriagador aroma.
Durante la noche, sus brazos me rodearon y sentí los latidos acelerados de su corazón; temblaba ligeramente.
«¿Estaría teniendo otra pesadilla?».
Lo abracé con más fuerza y besé suavemente sus labios; su cuerpo reaccionó y se calmó.
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