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¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 71

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71: CAPÍTULO 71 Sr.

Popular 71: CAPÍTULO 71 Sr.

Popular POV de Caliana
Edward me llevaba en brazos y mis piernas se enroscaron en su torso.

Me apretó contra uno de los altos árboles.

Mis dedos recorrieron su espalda y mis gemidos se escaparon de mis labios.

Antes de darme cuenta, estábamos los dos en el suelo junto al lago y él entró en mí.

Comenzó a embestirme apasionadamente, y supe que estaba completa.

Gemía suavemente y acompasaba su ritmo con los suaves movimientos de mis caderas.

Nuestros dedos se entrelazaron mientras hacíamos el amor; cada vez era mejor que la anterior.

Mi mano libre se aferró a él y las lágrimas rodaron por mis mejillas, lágrimas que él secó a besos.

Había nacido para amar a Edward.

Necesitaba a este hombre como necesito el aire.

No empezamos con buen pie, pero ambos evolucionamos y crecimos.

Tocó mi alma sin saberlo y yo estaba aquí para quedarme, él era mi hogar, mi verdadero hogar.

Sentí un nudo en el estómago mientras gritaba al llegar al orgasmo y, pronto, él alcanzó el suyo.

Cambió de posición para que yo quedara encima de él y nos abrazamos con mucha fuerza.

Lloraba por la felicidad que sentía.

Mi amor por él me abrumaba por completo y no sabía qué hacer más que llorar.

Nunca había llorado por desear y amar tanto a alguien.

Todo esto era nuevo para mí.

No pronunció ni una sola palabra, solo me abrazó.

Sentí que había conocido a alguien a quien había estado esperando toda mi vida.

Cerré los ojos y me dormí, sintiéndome a salvo en sus brazos.

Mis ojos se abrieron lentamente y yo seguía encima de Edward.

Él me sonrió y me besó la cabeza.

—Buenos días.

—Buenos días —mascullé, intentando quitarme de encima, pero me sujetó con fuerza entre sus brazos.

—Tenemos que irnos —reí.

Seguro que a estas alturas todo el mundo se preguntaba adónde habíamos ido.

—Todavía es muy pronto, quedémonos un poco más —rogó, y lo besé en los labios.

Finalmente cedió y caminamos de la mano hasta la cabaña.

Nos vestimos antes de entrar.

Después de una larga ducha y varias rondas de sexo, estaba sentada frente a mi tocador, trenzándome el pelo, cuando él pensó que podría hacerlo mejor.

No me opuse, ya que quería verlo fracasar, pero para mi sorpresa, me hizo unas trenzas africanas perfectas.

—¿Dónde aprendiste a hacer eso?

—jadeé, tocando las trenzas.

—Tengo una niña que piensa que las trenzas son bonitas.

Tuve que aprender, y cuando hacemos fiestas de té de princesas, espera que yo se las haga —rio entre dientes.

—¿Fiestas de princesas?

Eres un Alfa —solté una risita.

—Díselo a Amor, a la niña no le importa y me maquilla la cara —dijo él.

Me reí de eso.

No podía imaginar a este hombre bebiendo té en tazas pequeñas y dejando que alguien le maquillara la cara.

Bajé a la cocina para preparar el desayuno para todos.

—¿Te ayudo?

—preguntó Edward y asentí.

Hicimos tortitas, huevos y salchichas para todos, e incluso preparamos tostadas, ya que eran sus favoritas.

Los demás bajaron y ocuparon su lugar, ¡estaban muy contentos de ver que habíamos preparado tanta comida!

Intercambiamos algunas palabras amables y nos sentamos a comer.

—¿Adónde fueron anoche?

—preguntó Garret.

—Fuimos a correr —respondí.

Nos lanzaron miradas cómplices y fruncí el ceño.

—¿Qué?

—Nada, solo estamos contentos —dijo Jamal.

Pasamos dos días más en la cabaña antes de volver a la manada.

Todo estaba tal como lo habíamos dejado y, para entonces, las celebraciones habían terminado y todos habían vuelto a sus quehaceres.

Hoy recibí un correo electrónico de las Lunas, Kelly, Carol y Hope.

Querían que tuviéramos una cita en el spa.

No quería ir, pero decidí unirme a ellas.

En cuanto me reuní con ellas, me hicieron preguntas sobre mi vida amorosa privada y, por primera vez, estuve más que dispuesta a compartir lo que estaba pasando con mi compañero.

Las chicas me miraban con una sonrisa en los labios y me pregunté si me consideraban parte de su grupo de amigas.

—Luna Caliana, estamos muy contentas por ti y te lo mereces —dijo Luna Carol.

—Oh, sí, eres la mujer más afortunada, dos poderosos Alfas te reclaman —aplaudió Kelly con entusiasmo y fruncí el ceño cuando mis pensamientos me llevaron al Alfa Dean.

Ha intentado contactarme muchas veces, pero lo rechazo; sin embargo, siento que debería hablar con él pronto y decirle que se olvide de mí.

No puedo dejar a mi compañero por él.

Pasé el resto de las horas charlando con las chicas, y ya íbamos por nuestra quinta botella de vino.

Y cuando llegó el momento de irse, me sorprendió que fuera mi compañero quien vino a recogerme.

Llevaba un traje y se veía tan poderoso e intimidante.

—Hola, señoras —las saludó y ellas respondieron con los ojos desorbitados.

Se inclinó para besarme profundamente en los labios y ellas vitorearon en voz baja.

Volví a mirar a las Lunas y sonreí.

—Mi transporte está aquí.

Que tengan una buena noche, señoras —dije insinuante, tocando la corbata de Edward.

Ellas soltaron una risita, sabiendo la insinuación en mis palabras.

Edward me rodeó la cintura con sus brazos mientras íbamos hacia el coche.

Todo esto me parecía surrealista, nunca imaginé ni en mis sueños más locos que Edward sería tan romántico conmigo; es verdad que un hombre te trata como a una reina cuando de verdad te quiere.

—No sabía que fueran tus amigas de verdad —dijo, abriéndome la puerta del coche.

—Lo son —confirmé.

Él arrancó el motor.

—Es que no pensé que fueran tu tipo de amigas.

Sé que todas son Lunas, pero no es obligatorio ser amiga de ellas.

—Lo sé, pero me caen bien.

Edward enarcó una ceja, sorprendido.

—¿Qué?

—No pensé que fueran tu tipo de amigas —admitió él.

—¿Y cuál es mi tipo?

—enarqué una ceja.

—No sé, del tipo inteligente y friki.

La primera vez que te vi interactuar con ellas, te encogiste de vergüenza más veces de las que pude contar y la última vez las estabas emborrachando para sacarles información —señaló.

—Puedo ser amiga de las chicas guays.

—¿Qué es esto?

¿Viviendo tu sueño de instituto?

—rio entre dientes y le di una palmada en el hombro.

Tenía razón en cierto modo, no era precisamente popular y solo salía con Levy y sus amigos gais.

Me sentó bien salir con las Lunas.

Edward me observó un rato y yo admití:
—¡Vale!

No era la Señorita Popular en el instituto, pero esas chicas me caen bien.

—Me lo imagino.

—Seguro que todo el mundo revoloteaba a tu alrededor, Señor Popular —le di un toque con el dedo.

—Sí, todo el mundo me ponía en un pedestal —respondió con arrogancia.

Me mostró sus blancos dientes en una sonrisa.

Mientras me metía en la cama, recordé que tenía que ir al médico pronto.

Le había pedido recientemente que me hiciera unas pruebas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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