¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 78
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78: CAPÍTULO 78 Él te ama 78: CAPÍTULO 78 Él te ama POV de Candace
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho por la noche que habíamos tenido.
Echaba tanto de menos al Alfa Edward, y estar con él de esta manera me hacía sentir en el séptimo cielo.
Sin embargo, mientras hacíamos el amor apasionadamente, él no dejaba de decir su nombre, gemirlo y alabarla.
Le estaba haciendo el amor de formas en las que nunca antes lo había hecho conmigo y eso me hizo hervir la sangre; estaba tan enfadada, pero tenía que recordarme a mí misma que yo había tomado su cuerpo.
Era de madrugada y yo observaba su figura dormida.
No pude evitarlo y lo besé una y otra vez; él sonrió contra mis labios y su polla estaba dura.
Me penetró con facilidad y empezó a moverse sensualmente.
El sexo mañanero siempre había sido mi favorito y este hombre estaba voraz por mí.
«Es por ella, él vierte su amor en este ritual consagrado que tú estás mancillando con magia negra».
La voz de mi Licántropo temblaba.
Puse los ojos en blanco y la bloqueé, concentrando toda mi energía en este hombre espléndido dentro de mi coño.
Me estaba besando el cuello, haciéndome gemir mientras el fuego se extendía por mi cuerpo.
Sus gruñidos y bajos rugidos me excitaban y me maravillé de lo bueno que era.
—Te amo, Alfa —gemí.
Cerré los ojos mientras disfrutaba de esta sensación y, pronto, ambos nos corrimos.
Se apartó de mí y me acarició el rostro con suma ternura.
¿Había sido siempre el Alfa Edward tan bueno haciendo el amor y amando?
No.
Me dio unos cuantos besos más antes de levantarse de la cama para ir al baño.
Me recosté en la cama, sonriendo como una idiota.
¡Soy tan feliz!
Pronto, el Alfa salió del dormitorio y fue al armario para prepararse para el trabajo.
Sonreí y fui al baño.
Me mostró dos corbatas para que eligiera una para él y escogí la de color azul claro.
Él enarcó una ceja, confundido.
—¿Qué?
—pregunté.
—Odias esta corbata y me has dicho varias veces que la tirara.
Solo estaba bromeando —dijo él.
Mierda.
Ahora no sabía qué decir.
Tendré que aprenderme todas esas cosas que le gustan a esa zorra.
Son los pequeños detalles los que podrían delatarme.
Disipé la incomodidad con una risa y respiré hondo.
—Claro que la odio, pero nunca haces lo que te pido, así que…
lo dejaré pasar —dije encogiéndome de hombros y él sonrió, una sonrisa genuina que mostró sus dientes blancos y me dejó un poco desconcertada.
Se me entrecortó la respiración y las lágrimas me escocieron en los ojos.
«Porque ama a la Luna Caliana, míralo».
La voz de mi Licántropo resonó en mis oídos.
No, el Alfa Edward debería haber sido mío desde el principio y solo estoy tomando lo que merezco.
Miró la corbata durante un buen rato y sonrió con picardía.
—Puede que le dé un mejor uso más tarde —dijo guiñando un ojo.
Sabía que tenía algunas costumbres sexuales, pero no las practicaba conmigo, solo con Jane Anne y, ahora, con Caliana.
—Vale, usaré esta.
¿Puedes ayudarme?
—preguntó él.
Otra cosa sobre mí es que no sabía hacer un nudo de corbata en condiciones.
También tengo que aprender a hacerlo.
Estoy segura de que Caliana le ayuda con eso.
—Quiero hacer pis —dije y salí de la habitación a toda prisa.
Mierda.
No salí del baño hasta que lo oí marcharse.
—De acuerdo, cariño.
Enviaré a alguien para que te haga compañía y puedes explorar hoy.
Por favor, mantenme informada de todos tus movimientos.
—De acuerdo.
—¿Has visto mi teléfono?
—preguntó él.
Había escondido su teléfono por si Caliana llamaba.
—No, pero seguro que está por aquí en alguna parte —respondí, fingiendo buscar por los alrededores.
—Quizá lo dejé anoche en la fiesta.
No te preocupes, haré que alguien lo encuentre.
Tengo que cambiar mi teléfono y mi número.
—Y hablando de teléfonos, yo también perdí el mío anoche —le dije y él frunció el ceño.
—Vale, haré que te envíen un teléfono nuevo pronto —dijo.
Asentí, y me dio un beso rápido en los labios y se fue a trabajar.
Finalmente cogí el teléfono de Edward para mandarle un mensaje a Caliana, pero sonó: Amor estaba llamando.
A esa pequeña mocosa nunca le he caído bien, pero tengo que ganármela para que mi plan tenga éxito; nadie puede saber que no soy Caliana.
Desbloqueé el teléfono del Alfa Edward para enviar un mensaje de texto a Caliana.
Hice una mueca al ver cómo la tenía guardada: MI ESPOSA, todo en mayúsculas.
¿Desde cuándo le gusta tanto?
EDWARD: Siento hacer esto por teléfono, pero no puedo seguir contigo, Caliana.
Lo intenté desesperadamente, pero los recuerdos de mi difunta esposa, Jane Anne, me persiguen.
No sé si la superaré pronto y verte en el lugar que se supone que es de ella me duele mucho.
Volveré en unos días y espero que para entonces te hayas ido.
Encuentra la felicidad con otro, la diosa sabe que te lo mereces.
Eres una mujer encantadora y gracias por querer a mi hija como lo hiciste, pero ella estará bien.
Yo se lo explicaré y, por su bien, no te pongas en contacto con ella ni con nadie de mi familia, o habrá graves consecuencias y será tu manada la que sufra.
Envié el mensaje y, unos minutos después, apareció que lo había leído y llamó al teléfono.
¿Qué estaba haciendo esa zorra?
¿No sentía el dolor de la traición como dijo la bruja?
No sabía qué hacer, no había planeado nada de esto con tanta antelación.
Joder, Caliana Meyers.
Respiré hondo y respondí al teléfono con una voz diferente.
—¿Hola?
—Quiero hablar con mi marido —la voz de Caliana no sonaba tan presuntuosa como de costumbre.
La había destrozado y eso me produjo placer.
—Bebé, cariño, tu esposa quiere hablar contigo —dije, fingiendo que hablaba con el Alfa Edward.
—Lo siento, Caliana, pero no puede hablar contigo.
—Estamos legalmente casados —dijo ella con voz firme, y yo enarqué una ceja.
¿Cómo puede cambiarle la voz así de repente?
—Si es dinero lo que quieres…
—¡No quiero su puto dinero!
¡Edward, tenemos que hablar!
—gritó ella por teléfono.
—No quiere hablar contigo y, además, vamos a alargar nuestra estancia aquí una semana —le informé.
Tengo que idear un plan para convencerlo de que se quede unos días más.
—¿Quién eres?
—preguntó ella finalmente.
—¿Tú quién crees?
Termino la llamada con una sonrisa y me tiro sobre el blando colchón.
Tengo que asegurarme de que Edward y Caliana no hablen.
Volvió a llamar y, esta vez, bloqueé y borré su número del teléfono de él.
¿Y si contacta también con los demás?
Pasé la mañana conspirando con la bruja por teléfono.
El Alfa Edward cumplió su palabra y me envió un teléfono nuevo junto con una mujer parlanchina para hacerme compañía.
Me negué a salir, pero ella insistió.
La mujer es tan habladora que pongo los ojos en blanco cada tres minutos.
Mi compañero me llamó solo para ver cómo estaba, lo que iluminó de inmediato mi sombrío humor.
—Te quiere —dijo ella y yo asentí con una sonrisa.
Por fin, las cosas me están saliendo bien.
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