¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 90
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- Capítulo 90 - 90 CAPÍTULO 90 El licántropo más fuerte
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90: CAPÍTULO 90 El licántropo más fuerte 90: CAPÍTULO 90 El licántropo más fuerte POV de Edward
—No eres mi mami —dijo Amor de repente, y todos los ojos en la mesa se volvieron hacia ella y luego hacia Cali, ¿creo?
No se me escapó cómo se le aceleró el corazón; se levantó de inmediato y fue al lado de Amor, arrodillándose, pero mi hija no la dejó tocarla y corrió hacia mí.
La abracé.
—No es Cali, papá —estaba más convencida que nunca.
No dudé de mi hija porque todo había sido extraño últimamente con «Caliana».
Mis hermanos estaban atónitos.
—¿Amor, qué quieres decir con eso?
—Oye, cariño, ¿qué quieres decir?
Esa es Cali —dijo Marcus, al ver lo alterada que estaba Amor.
—Pero no es MI Cali, mi mami —exclamó, gruñendo.
A Caliana se le fue todo el color de la cara y mi Licántropo se agitó en mi mente, gruñendo.
No me moví ni dije una palabra, no sabía qué decir; ella era Caliana, y todo en ella era de mi compañera.
«¿Pero…?», preguntó Ward.
«Sus ojos, su risa…
La de Caliana tenía un cierto tono, era corta y grave, los cosquilleos», repliqué.
¿Qué mierda estaba pasando aquí y qué había hecho?
—Mi mami no come col rizada —señaló Amor.
Mi pequeña hija la fulminaba con la mirada.
—Solo porque no coma una verdura no significa…
—empezó a explicarse, pero Amor la interrumpió bruscamente.
—Y mi pelo, no supiste trenzarlo —dijo.
Caliana se quedó sin palabras, incapaz de creerlo.
Su mirada se desvió hacia mí por un segundo antes de pasar a mis hermanos y posarse en Amor.
—Vale —dijo Amor, captando nuestra atención—.
Te quiero, pero apuesto a que no puedes decírmelo de vuelta —se cruzó de brazos y la retó con la mirada.
Cali soltó una risita de fastidio.
—Sabes que te quiero, Amor —dijo con severidad.
—¡NO, no, no!
—gritaba mi hija—.
¡Es «te acorazono», es solo para mi mami y para mí!
—Tenía los ojos llenos de lágrimas que, lentamente, empezaron a rodar por sus mejillas.
—Papá, es una gemela malvada, le hizo algo a mi Cali —lloró.
—Esto es ridículo, está claro que Amor solo está confundida —espetó, con el cuerpo temblando.
Jamal se puso en pie, sabiendo exactamente en qué estaba pensando yo.
¿Una bruja oscura?
—E-Edward, mi amor, esto es una locura, dile a tu hija que pare.
Mi compañera nunca se referiría a Amor solo como mi hija; siempre la consideró nuestra desde el día que llegó.
—¿Quién eres?
—no reconocí mi propia voz al preguntar.
Solo pensar que no era Caliana me hizo temblar con un miedo que no sabía que albergaba.
Creo que por eso no presté mucha atención a los detalles y nunca, ni en mi más loca imaginación, pensé que esto podría pasarme a mí, entre todas las personas.
Soy Edward Chasia, joder.
El Alfa Licántropo más fuerte en kilómetros a la redonda.
—Soy Caliana, lo sabes —susurró.
No me sostuvo la mirada como lo haría Caliana.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho ante la posibilidad de que no fuera mi compañera.
—¡Eres una mentirosa!
—gritó Amor.
—Lena, por favor, lleva a mi hija a su habitación —Lena cargó en brazos a una Amor llorosa.
Uno a uno, todos los sirvientes presentes nos dejaron solos.
—Es una niña, se lo está inventando.
—¡Amor no se inventa las cosas!
—gruñó Marcos bruscamente.
La mujer ya lloraba de verdad.
Su mirada no podía fijarse en ninguno de nosotros; era una presa y lo sabía.
Apenas podía contener a Ward para que no saliera y obtuviera las respuestas que quería.
La puerta se abrió y una mujer que no reconocí a primera vista corrió apresuradamente a su lado, abrazándola.
La identifiqué como la tía de Candace; la había visto unas cuantas veces en el casino que regenta.
Con ella vinieron tres hombres corpulentos que se pusieron en posición de combate.
¡LA PUTA DE CANDACE!
—Candace —gruñí, y palideció aún más al darse cuenta de que la había reconocido.
—Oh, mierda —murmuró Jamal.
—La has cagado —masculló Garret.
Mis ojos centellearon y apreté la mandíbula.
Tantas emociones me recorrieron: decepción, miedo, ira…
y todo decantó en furia.
Iba a matar a esa zorra.
—Lo siento, Alfa, lo hice porque te quiero mucho —se me echó encima.
Me cegué de la ira, la agarré por el cuello y la lancé contra la pared.
Aterrizó bruscamente en el duro suelo.
Avancé hacia ella, pero su tía me bloqueó el paso.
—Apártate de mi camino si quieres vivir —exigí, pero la mujer negó con la cabeza con vehemencia.
—Alfa, no puedes matar a un miembro de la manada, va contra la ley —lloriqueó, juntando las manos en señal de súplica.
—Sí que puede.
Esta miembro de la manada buscó a una bruja, una bruja oscura para ser exactos, así que por sus venas corre magia oscura, y la ley establece que un Alfa o cualquiera puede matar a una persona que tenga magia oscura.
No solo eso, nos ha engañado a todos y ha suplantado la identidad de nuestra verdadera Luna, cuyo paradero es desconocido, así que Edward puede hacer con ella lo que le plazca —explicó Jamal con paciencia, sin parecer preocupado por lo que fuera a pasarle a Candace.
—Estaba cegada por el amor, ¿desde cuándo está mal amar?
—replicó ella.
Perdí la paciencia y la aparté con fuerza, haciendo que se estrellara contra la mesa.
Uno de sus guardaespaldas se abalanzó sobre mí, pero no llegó a alcanzarme, ya que Marcus le desgarró la garganta y la sangre brotó a raudales por el suelo.
Se oyeron gritos, pero no me importó.
Mi mirada mortal estaba fija en la mujer que llevaba el rostro de mi compañera.
Sollozaba y sangraba profusamente mientras temblaba de miedo.
La agarré de nuevo, esta vez por el pelo, y gimió.
Mis garras salieron y se hundieron en su cuello, y la sangre y las lágrimas brotaron de ella.
Sin embargo, por mucho que quisiera hacerla pedazos, no pude.
Llevaba la cara de Caliana; era demasiado preciosa para mí, sin importar el alma que la habitara.
—Llamad a Ansley y encerrad a esta mujer en las mazmorras.
Quiero ver su verdadera cara cuando la haga pedazos —ordené con voz áspera.
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