¡Mi Cruel Compañero! - Capítulo 96
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- Capítulo 96 - 96 CAPÍTULO 96 Él quiere hablar contigo
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96: CAPÍTULO 96 Él quiere hablar contigo 96: CAPÍTULO 96 Él quiere hablar contigo POV de Caliana
Cinco meses después, el bebé seguía creciendo maravillosamente dentro de mí.
Sonreía mientras miraba las fotos de la ecografía.
—¿De verdad tienes que irte?
—Blanco frunció el ceño.
Lo he pasado bien aquí, pero es hora de que vuelva a casa, pronto saldré de cuentas.
Mi relación con Blanco ha evolucionado, no hay nada sensual entre nosotros porque todavía no estoy lista para tener una relación.
Me abrió la puerta del coche—.
Sí, tengo que irme.
Al entrar en la casa, me relajé en el sofá y apoyé la cabeza en el pecho de Blanco mientras él me acariciaba el pelo.
Era muy relajante.
—Sé mía y cerraré el harén por ti —dijo en voz baja.
Una sonrisa se dibujó en mis labios y abrí los ojos.
—¿Y alejarte de la única vida que conoces y amas?
No —dije, y un ceño fruncido surcó su hermoso rostro.
—Sabes que te amo —dijo con total seguridad.
Siempre quise oír esas palabras de Edward, pero nunca me las dijo; probablemente es incapaz de amar.
Sentí que la angustia me invadía por un momento, pero no dejé que la tristeza persistiera.
Lo estaba pasando de maravilla con Blanco.
—No me ames, por favor —rogué con un tono agotado, pero no estuvo de acuerdo.
—O tal vez tenga que ver con el hecho de que el Alfa Edward va de manada en manada buscándote desesperadamente —dijo.
Me habían dicho que Edward me estaba buscando.
Levy y Emilia me contaron que quería arreglar las cosas conmigo, pero yo no tenía ninguna intención de hacerlo después de todo lo que me hizo pasar.
¿Pero quién coño se cree que es para jugar con mis sentimientos de esa manera tan despreciable?
Ahora que se ha cansado de Candace, me quería a mí.
Pues no, señor.
—Ya sabes lo que siento por él.
—Lleva meses viniendo a esta región —dijo él.
—Por eso tengo que dejar la manada.
Él cree que me fui de mi manada y no se le ocurrirá buscar allí.
Además, si se corre la voz de que me diste refugio, sabiendo que me estaba buscando, podría provocar una guerra… Y no quiero que eso sea por mi culpa —le informé—.
Estoy harta de que los Alfas peleen por mí —murmuré.
La puerta se abrió y entró Ellis.
Ellis, el chico que me llevó a navegar, es el hijo y heredero de Blanco.
Es un encanto y, desde que descubrió que estaba aquí, me visitaba todos los días.
Me besó suavemente la mejilla y presentó sus respetos a su padre antes de colocarse entre nosotros.
Blanco le frunció el ceño, pero el chico sonrió con aire de suficiencia.
¡Juro que estos dos son tan críos!
Siempre peleando por mi atención.
—No quiero que me dejes, Cali —dijo Ellis, apoyando la cabeza en mi pecho mientras yo le tocaba la cara.
—Lo sé, cariño, pero tengo que irme y puedes visitarme cuando quieras —le dije.
Me encanta el vínculo que hemos creado.
—¡Hola!
—Tristin entró en la habitación con comida china.
Pasé el resto del día con mis tres chicos.
Una semana después estaba de vuelta en mi manada.
Todos se alegraron de verme y me organizaron una gran fiesta de bienvenida.
Con las manos acariciando mi enorme barriga, podía salir de cuentas cualquier día de esta semana.
Ha sido todo un viaje.
No podía esperar a ver a mi bebé.
Decidí no saber el sexo, ya que quería que fuera una sorpresa.
Más tarde, fui a la frontera junto a los campos y me reí entre dientes cuando vi a Vince allí.
Se percató de mi presencia y se acercó.
—Cali, ¿qué haces aquí en tu estado?
—preguntó.
—Solo estoy inspeccionando, ¿cómo va todo?
—pregunté.
—Va bien, ahora soy el gerente del departamento de las uvas —dijo radiante y entrecerré los ojos, sorprendida.
Parecía y sonaba feliz por ello.
—Oh, qué bien —dije y me di la vuelta para marcharme.
Llegó la noche y yo estaba de pie frente a la ventana que daba al jardín.
Un extraño frío me recorrió justo cuando Levy entraba en la habitación.
—El Alfa Edward está en la frontera, quiere hablar contigo.
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