Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 103
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- Capítulo 103 - 103 Dormitorio y nuevo alcalde
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103: Dormitorio y nuevo alcalde 103: Dormitorio y nuevo alcalde Unos días después de la prueba de Melina, le pidieron que se mudara a los dormitorios de la academia.
La gente de la academia envió un carruaje para que la princesa trasladara todas sus cosas.
Sin embargo, no fue necesario, ya que guardaba todas sus pertenencias en su bolsillo de vacío.
Los hijos de los nobles podían llevar un sirviente con ellos durante su estancia, así que, como era natural, Carli sería su acompañante.
A los plebeyos también se les permitía, pero era inusual en ellos.
Decidí acompañarla para ayudarla a descargar todas sus cosas y, de paso, echar un vistazo a la academia.
Cuando llegamos a la sección de los dormitorios de mujeres, me di cuenta de que las habitaciones estaban separadas en dos categorías: nobles y plebeyos, lo que me hizo dudar de que el lugar tratara realmente a todo el mundo por igual.
Melina me explicó que la academia había tenido problemas de acoso en el pasado, en los que los hijos de los nobles convertían la vida de sus compañeros de cuarto plebeyos en una pesadilla.
Para combatir esto, la academia decidió separarlos.
Sin embargo, por dentro todas las habitaciones eran iguales, así que no era como si estuvieran dando habitaciones destartaladas a los plebeyos y dormitorios lujosos a los nobles.
Si hubiera sido yo, habría hecho todo lo posible por detener el acoso castigando a los agresores y enseñando a los chicos a tratar a todos por igual, pero al menos consiguieron resolver el problema ellos mismos, más o menos.
—¿Así que vas a ser compañera de cuarto de otras nobles?
—le pregunté a la princesa.
—Supongo que sí… —dijo, con aspecto ligeramente nervioso.
Su habitación estaba en el piso doce del edificio de las chicas y, cuando entramos, nos sorprendió bastante su aspecto.
Esperaba una habitación super lujosa, ya que algunas zonas de la academia parecían extremadamente elegantes.
Pensé que las habitaciones compartirían esa misma fachada.
Sin embargo, el espacio se sentía y parecía el interior de una cabaña de madera.
Había una cama a un lado y una litera al otro, lo que significaba que allí vivirían tres personas.
Había un gran escritorio en una esquina y una puerta de madera que conducía a su baño personal.
La pared del fondo tenía un gran ventanal y, a su lado, una puerta de cristal que daba a una pequeña terraza con una vista increíble de la capital.
—Esto está bastante bien… —murmuré mientras admiraba la vista de la ciudad.
—¡Jo!
—exclamó la princesa desde el interior de la habitación.
Pensando que había encontrado algo extraño, corrí a ver a Melina y la encontré en un estado de decepción mientras inspeccionaba el baño.
—¿Qué ha pasado?
—pregunté.
—¡A-aquí no hay bañera!
—exclamó Melina con una genuina expresión de preocupación.
Aun así, no pude evitar que su arrebato me pareciera adorable y empecé a reírme entre dientes de su comentario.
—¿¡Qué!?
Esto es importante.
¡Deja de reírte!
—dijo en tono juguetón, pero no pude parar.
El baño solo tenía un inodoro y un lavabo, y el inodoro parecía una caja con un agujero en lugar de un asiento como los que teníamos en Ciudad Final.
«Quizá le he enseñado a vivir con demasiado lujo…», pensé, creyendo que el cambio de inodoros a letrinas no era algo fácil de aceptar.
—¿Crees que la academia se enfadará conmigo si hago algunas reformas?
—preguntó Melina, inspeccionando el baño.
—Bueno, ¿qué planeas?
—pregunté.
Para empezar, la princesa quería cambiar el asiento del inodoro, lo que era una tarea sencilla con nuestra magia, así que no creí que la academia se enfadara con ella por mejorar la instalación que ya tenía.
—¿Crees que me permitirán construir una bañera?
¡Una ducha también me vale!
—dijo.
Aun así, volví a reírme entre dientes de sus ideas.
El baño no era lo bastante grande para tener una ducha o una bañera, así que tendría que derribar una pared o dos para hacerle sitio.
—Mmm, me parece que eso no estará permitido… —dije, todavía riéndome un poco entre dientes.
La princesa suspiró, derrotada.
Sin embargo, cuando vio la terraza, se preguntó si podría hacer una bañera ahí fuera como la que teníamos en el Bosque Final bajo las estrellas.
El balcón era lo suficientemente grande para albergarla y, si usaba magia para llenarla y vaciarla cada vez que terminaba, no le veía ningún problema a la idea.
No iba a derribar paredes ni nada, y era algo que podía construir y destruir en segundos, así que le dije que lo intentara.
Por supuesto, no iba a hacerlo en ese momento, ya que todavía teníamos que ayudarla a deshacer las maletas.
Después de que sacara sus cosas de su bolsillo de vacío, Carli, Melina y yo pasamos una hora arreglándolo todo.
Al ver que era la primera en llegar a la habitación, Melina eligió la cama individual, dejando la litera para sus dos futuras compañeras de cuarto.
Cuando todo estuvo en orden, llegó el momento de irme, lo que me entristeció un poco, sabiendo que no pasaría tanto tiempo con Melina como antes.
Sin embargo, tenía que ir a recoger a Triana de Glorya y llevarla a Ciudad Final para que se convirtiera en la nueva alcaldesa, y también necesitaba viajar a todos los diferentes emplazamientos de las órdenes de caballeros para darles su nuevo régimen de entrenamiento.
Sobra decir que iba a estar ocupado durante unos días, y Melina también lo sabía.
Carli, al ver que la princesa quería decirme algo personal, salió rápidamente de la habitación sin decir nada.
—Más te vale venir a visitarme… —murmuró, con la voz teñida de tristeza.
—Lo haré, te lo prometo —dije con una sonrisa que fue interrumpida por Melina, quien descaradamente me agarró la nuca y me atrajo hacia ella para darme un beso, haciendo que la sujetara de la cintura por instinto.
Tras unos segundos, la princesa retiró lentamente el rostro mientras se sonrojaba y miraba a un lado, con los brazos todavía alrededor de mis hombros.
—Eso ha sido por si vuelves a tener más pesadillas… —dijo.
Después de darnos un último abrazo, salí por el balcón, ya que parecía un buen lugar para volar y, sinceramente, no quería caminar hasta la salida.
__________
Al día siguiente, me teletransporté a la ciudad de Glorya para recoger a Triana Sephyr, la prima de Melina y la chica que poseía el «Ojo de la Verdad», lo que le permitía ver las verdaderas intenciones de una persona.
Debido a su poder, Triana pasó su vida un tanto aislada del resto de la gente, temiendo que intentaran utilizarla en batallas políticas.
Sin embargo, no era en absoluto una mujer callada o débil.
A veces podía ser un poco tímida, pero también era inteligente y lógica.
Si veía que no suponías ninguna amenaza para ella, podía mantener fácilmente una conversación amistosa con cualquiera.
Cuando llegué, la joven de veinte años tenía las maletas listas y parecía segura de su nuevo puesto y, después de despedirse de sus padres, nos teletransportamos a Ciudad Final.
Lo primero que hicimos fue ir al ayuntamiento para hablar con Jackson, que le enseñaría todo sobre el trabajo y le presentaría a los trabajadores.
Después de eso, la llevamos a dar una vuelta por toda la ciudad, durante la cual pareció encantada.
Ya había visto sonreír a Triana antes, pero su aspecto era completamente diferente cuando interactuaba con la gente de Ciudad Final.
Después del recorrido, la teletransporté a la casa del árbol en el Bosque Final para que pudiera ver a los alquimistas y a su hermano, Reinar, aunque se habían visto no hacía mucho en el torneo de caballeros.
Cuando le pregunté si le gustaba el lugar, me miró con entusiasmo y asintió, diciendo que todo el mundo en la ciudad era buena persona, algo que nunca había visto antes.
—¿A qué te refieres?
—pregunté.
Cada vez que Triana caminaba por Glorya, podía ver las verdaderas intenciones de todo el mundo.
Cuando era una niña y estaba desarrollando sus poderes, se dio cuenta de que mucha gente tenía malas intenciones.
Fue esta intranquilidad de conocer los sentimientos de todo el mundo lo que le provocó problemas de confianza.
Sin embargo, explicó que todo el mundo tenía intenciones puras cuando caminaba por Ciudad Final.
—Es como si toda la ciudad se cuidara mutuamente… Nunca he sentido nada parecido —comentó Triana con una sonrisa.
Oírla decir eso me hizo sentir muy feliz y orgulloso.
Me consideraba un buen juez de carácter, pero si alguien era realmente bueno mintiendo, entonces no tenía forma real de conocer las intenciones de una persona.
Sin embargo, Triana podía discernir estas mentiras y no encontró a nadie en nuestra ciudad que supusiera un problema, lo que me tomé como una victoria.
Recordaba que, cuando la conocí, Triana no pudo ver nada malo en Jackson, aparte de que los espíritus no se le acercaban.
En aquel momento, yo tampoco lo sabía, pero Jackson era un antiguo diablo, así que pensé que si Triana volvía a mirarlo, su secreto sería descubierto.
Sin embargo, no fue así, ya que Triana mostró un atisbo de admiración por el hombre, lo que me alegró aún más al saber que Jackson siempre había tenido buenas intenciones con nosotros.
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