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Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 214

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  3. Capítulo 214 - 214 Despotricar contra un príncipe
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214: Despotricar contra un príncipe 214: Despotricar contra un príncipe Melina y su hermano siguieron poniéndose al día mientras caminábamos hacia el grupo que nos había estado esperando.

Tan pronto como llegamos, los estudiantes empezaron a pedirme que revisara sus hechizos para asegurarme de que los lanzaban correctamente, y tras unos minutos de darles clase a mis diez estudiantes, nos interrumpió una voz fuerte que se acercaba a nosotros.

—¡Ah, Darius, aquí estás!

—exclamó el hombre.

Antes de darme la vuelta para mirar al hombre, me di cuenta de que Yuki se quedó paralizada un momento y abrió los ojos como platos por el miedo, lo que me dio una idea de quién estaba detrás de mí.

Al darme la vuelta, vi a un hombre de aproximadamente la misma edad que el hermano de Melina, de pelo negro y ojos oscuros, que sujetaba el hombro de Darius.

Era extraño.

Su cuerpo parecía tener un aura amistosa, pero su sonrisa se veía tan falsa que me dio escalofríos.

—¿Qué demonios, Darius?

¡Podrías haberme dicho que tu hermana era increíblemente preciosa!

—dijo, arrodillándose y tomando la mano de Melina para besarle el dorso.

—Soy el Príncipe Heredero, Takeo Kyotora.

Es un placer conocerla, milady… —continuó.

Melina se estremeció y le recorrió un escalofrío de evidente asco, sin responder nada.

Justo cuando sus labios estaban a punto de tocarle la mano, aparecí a su lado y sujeté con fuerza el brazo de Takeo, haciendo que soltara a Melina.

—Ejem —bufé, apretando mi agarre para intimidar un poco al príncipe con mi fuerza.

—¡¿Y quién se supone que es este campesino?!

—exclamó, poniéndose en pie de nuevo y zafándose de mi agarre.

—Encantado de conocerte, amigo.

Soy el Profesor Ichiro, y uno de los sabios que hará de juez en el torneo… —dije fríamente, soltando algunos de mis títulos para callarlo.

—Je, ¡¿y esperas que me crea eso?!

¡¿Tan desesperado estás por mi atención?!

—preguntó con un tono de voz alto y arrogante.

Takeo fulminó con la mirada a mis estudiantes y localizó a su hermana, acercándose a ella lentamente con una risa burlona.

—En serio, ¡¿esperas que me crea que esta basura va a competir?!

¡Más vale que me den ya el trofeo!

—continuó, soltando una carcajada.

Yuki bajó la mirada con aprensión, incapaz de rebatir los insultos de su hermano, así que tuve que intervenir.

«Hacer cabrear a nobles estúpidos podría convertirse en uno de mis pasatiempos, la verdad…», pensé.

—Vaya, ¿de verdad estás insultando a mis estudiantes cuando tienes un nivel de magia tan bajo?

Es bastante patético para ser un príncipe… —dije con un tono frío, lanzándole una mirada asesina al pelinegro.

—Pff —resopló Melina a un lado, intentando contener la risa.

—¡¿Q-qué acabas de llamarme?!

—gritó, con una vena de ira marcándosele en la sien.

«Es tan fácil… Estos nobles pierden los estribos por cualquier cosa…», pensé con una sonrisa.

—Dije: insultar teniendo un nivel de magia tan bajo es patético, sobre todo para un príncipe.

¿También eres sordo?

¿O es que no entiendes mis palabras con ese cerebrito?

—continué, sin apartar la mirada de la suya.

En ese momento, algunos de mis estudiantes empezaron a contener la risa junto con Melina.

Yuki, por otro lado, parecía más sorprendida que contenta por mis palabras.

Ver al príncipe ponerse nervioso y avergonzarse no era algo que esperaran presenciar durante su estancia en Kyotora, pero yo no iba a dejar que nadie se metiera con mis estudiantes, sin importar su posición o título.

—Insultar al Príncipe Heredero es un grave crimen en este país.

¡Supongo que quieres que te encarcelen el resto de tu miserable vida!

—gritó enfadado para que todo el mundo lo oyera.

Sin embargo, sus amenazas estaban completamente vacías para mí, así que bostecé a propósito para que pareciera que me estaba aburriendo soberanamente y hacerlo enfadar aún más.

—Escucha, amigo.

Aunque enviaras a todo tu ejército a por mí, nunca serías capaz de atraparme… —dije con calma.

—Aun así, estoy seguro de que conoces las consecuencias de meterse con un representante de un país aliado.

Las conoces, ¿verdad…?

—continué, haciendo que el príncipe abriera los ojos como platos por la sorpresa.

—Si quieres interferir en la relación entre Sephyr y Kyotora, adelante.

Ah, pero también estarás saboteando el torneo…
Cuando terminé de hablar, volví a cruzar la mirada con el príncipe, lanzándole una mirada fría que duró unos segundos antes de que decidiera marcharse de la zona.

Suspiré de cansancio y me rasqué la nuca antes de darme la vuelta para mirar a mis estudiantes, que todavía estaban algo conmocionados por nuestro intercambio de palabras.

—Lo siento, chicos.

Creo que me he dejado llevar un poco… —dije, pero mis estudiantes empezaron a aplaudir.

—Profesor, sabíamos que molaba.

¡Pero eso ha sido de otro nivel!

—dijo Larry, uno de nuestros estudiantes de tercer año que iba a competir.

Eve, la princesa elfa, asintió con fervor.

—Le ha callado la boca al príncipe después de que intentara intimidar a Yuki.

Ha sido extrañamente satisfactorio… —comentó con una sonrisa.

De repente, los elogios de mis estudiantes fueron interrumpidos por la risa de un hombre, y cuando me di la vuelta, vi que era Darius, que se reía entre dientes con lágrimas de alegría en los ojos.

—Oh, vaya.

¡Me dijeron que eras interesante, y tenían razón!

—dijo, acercándose a mí lentamente.

—Lo he decidido.

¡Definitivamente eres digno de ser mi cuñado!

—exclamó, haciendo que todos los presentes se sonrojaran un poco.

—¡Hermano, cállate!

¡¿Qué demonios estás diciendo?!

—gritó Melina, dándole a su hermano un suave golpe en la cabeza como reprimenda.

Darius se frotó la cabeza con lágrimas de dolor en los ojos, pero siguió riéndose de sus propios comentarios mientras Melina, con humillo saliéndole de las orejas, le decía que midiera sus palabras en público.

Aun así, ver su interacción me hizo compartir la risa de Darius y también me sentí algo aliviado.

Al principio, ver a Darius y a Takeo llevarse bien me hizo creer que el Príncipe de Sephyr podía ser igual de arrogante, pero me equivocaba, y me alegré de ello.

Al final, pensé que Darius era tan carismático y despreocupado como su padre, mientras que Melina se parecía a la actitud de su madre, que era cariñosa y atenta hasta que se ponía seria y daba miedo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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