Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 230
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230: Delegación de trabajos 230: Delegación de trabajos Después de pasar dos días en el mar viajando con nuestro grupo de la academia, llegamos a Puerto Ciudad Azul, donde todos nos teletransportamos al campus con la ayuda de Melina y mis compañeros.
Como técnicamente nos saltamos tres días de viaje, el director nos dio ese tiempo para descansar.
El mismo día de nuestra llegada, Melina y yo fuimos al despacho del Sabio Devon para hablar de todo lo que había sucedido durante el torneo.
Empecé por contarle sobre mi brazalete reliquia y cómo parecía ser un rastreador de diablos.
Sin embargo, seguía creyendo que ocultaba algo más.
La parte siguiente fue más difícil de explicar, ya que quería hablarle de Drakzen y de cómo intentó interrumpir el torneo interfiriendo en el combate de Nessa.
Por supuesto, Devon no entendía por qué Drakzen se metería con una chica cualquiera, así que me sinceré y le conté que Nessa también era una diablesa que quería vivir como una humana.
El sabio no me creyó al principio, como era de esperar, así que tuve que darle más detalles sobre ella.
—Ya conocí a un diablo que renunció a sus poderes y vive como un humano.
Esta chica es prácticamente igual…
—expliqué.
Tras escuchar mis experiencias con los diablos pacíficos, Devon cerró los ojos para reflexionar un momento antes de soltar un suspiro.
—Dije que confiaría en tu juicio, y cumpliré mi promesa…
—dijo.
No estaba del todo convencido, pero no importaba.
Devon no conocía a Jackson y a Nessa, así que era normal que se mostrara escéptico.
Después, pasamos al tema de la familia real y el Sabio Lang, contándole absolutamente todo lo que ocurrió durante nuestra estancia.
Le hablamos a Devon de las tendencias tiránicas de Takeo y de cómo eran apoyadas por el rey y la reina, que parecían hacer la vista gorda con las acciones de su hijo.
Además, el rey había descuidado al resto de su familia, y yo sospechaba que la reina lo había estado manipulando; no con magia ni nada por el estilo, sino con simple manipulación emocional.
—Ese rey era muy extraño.
La verdad es que no sé qué pensar de él…
—dije.
—Su disculpa pareció sincera al principio, pero aun así me dio mala espina —continué.
En cuanto a la reina, Ami, a mis ojos era pura maldad, pues disfrutaba atormentando a las concubinas y animaba a su hijo a ser como era.
—Aparte de todo eso, el Sabio Lang nos llevó a una biblioteca secreta donde leímos sobre el fundador de su país…
—añadí, dándole más detalles sobre lo que vimos allí.
Perdí casi toda la confianza que le tenía al Sabio Lang después de que le dijera al Rey que yo era capaz de leer las escrituras, a pesar de que le había pedido que, de momento, lo mantuviera entre nosotros.
Aquella afirmación pareció enfadar mucho a Devon; era la primera vez que le veía poner una cara así.
El anciano sabio pensaba como yo: los sabios no debían ser los perritos falderos de su rey.
Al contrario, su función era ser consejeros y garantizar que la paz prevaleciera en sus naciones.
Por alguna razón, Lang sentía una fuerte devoción por el Rey, a pesar de que su heredero acabaría llevando el país a la ruina.
—Mmm, parece que deberíamos organizar una Asamblea de Sabios…
—dijo Devon.
—¿Qué es eso?
—pregunté con inocencia.
Una Asamblea de Sabios era, básicamente, una reunión que cualquiera con el título de Sabio podía convocar.
Tenían lugar en la Torre de Magos de Balinesia y eran ocasiones excepcionales en las que todos los sabios del mundo se reunían en un mismo lugar para debatir sobre el estado de sus naciones.
Devon creía que era importante informarles sobre los diablos que aún vagaban por el mundo para que pudieran tomar contramedidas.
Sabíamos que Drakzen no permanecía en un único territorio, pero teníamos una pista sobre la ubicación de los otros dos: el Imperio del Norte y el Reino de Guanghua.
—Llevará un tiempo programar la asamblea.
Recibirás un mensaje cuando se fije la fecha —dijo Devon.
Cuando terminamos de transmitirle toda la información al Sabio Devon, nos reunimos con Rika y Nessa, que nos esperaban en los terrenos de la academia, pues aún no tenían adónde ir.
Las llevamos a Ciudad Final, donde le di a Rika un trabajo como administradora de mi casa.
Claro que «administradora de la casa» era un cargo que me había inventado.
Sin embargo, la verdad es que necesitaba a alguien que cuidara de mi propiedad, ya que últimamente apenas la visitaba.
Cuando mis compañeros y yo estábamos fuera de la ciudad, Siren, la ayudante de la alcaldesa, iba a mi casa a recoger el dinero de las pociones y cosméticos que se vendían por todo el país.
Le había pedido que lo repartiera a partes iguales: la mitad para mí y la otra mitad para la tesorería de la ciudad, que se usaba para mejorar la calidad de vida de los residentes.
Aun así, sabía que esto era una responsabilidad adicional para la pobre Siren, que ya estaba muy ocupada ayudando a Triana con sus tareas de alcaldesa.
Con Rika a cargo de las gestiones de mi casa, la ayudante podría centrarse en su verdadero trabajo.
Cuando llegamos a la ciudad, algunos residentes se acercaron a saludarnos, y me di cuenta de que Nessa y Rika estaban perplejas al ver docenas de perros sombra paseando alegremente con los aldeanos.
Hay que decir que nuestra aldea había crecido bastante, con algo más de quinientos residentes, lo que significaba que el número de perros sombra era más o menos el mismo.
Después de llevarlas a mi casa y explicarle a Rika en qué consistiría su nuevo trabajo, pareció nerviosa y confundida.
—¿Qué ocurre?
—le preguntó Melina con voz suave.
—¿D-de verdad se puede confiar en mí para manejar tanto dinero…?
—tartamudeó Rika, nerviosa.
Sin embargo, Melina y yo nos limitamos a levantar una ceja y ladear la cabeza al unísono, confundidos.
—No es que vayas a robarlo.
E incluso si robaras el dinero y lo usaras para huir, no pasaría nada…
—repliqué.
Siendo sincero, si robara un montón de dinero, no me parecería bien.
No obstante, confiaba en que Rika se lo pasaría tan bien en nuestra aldea que no sentiría la necesidad de huir.
Mi afirmación hizo que a la mujer se le llenaran los ojos de lágrimas, y a mí me entró un poco de pánico, pues me sentiría mal si lloraba por algo que yo había dicho.
Sin embargo, admitió que eran lágrimas de alegría, ya que esperaba que la obligáramos a hacer el mismo tipo de trabajo que solía hacer en Kyotora.
Melina le dio un fuerte abrazo y le aseguró que no volvería a hacer un trabajo que no le gustara nunca más.
De ahí, fuimos a visitar a Triana al ayuntamiento, donde estaba sepultada bajo una montaña de papeleo, lo que nos recordó a los tiempos en que Jackson era el alcalde.
Curiosamente, una de las primeras cosas que dijo al conocer a Nessa fue que se parecía a Jackson, a pesar de que no se asemejaban en absoluto.
Triana poseía la habilidad del «Ojo del Color Verdadero», que le permitía ver las verdaderas intenciones de una persona.
La primera vez que nos conoció a Jackson y a mí, dijo que los espíritus lo evitaban, y llegamos a la conclusión de que se debía a su falta de talento para la magia.
Por supuesto, más tarde descubriría que la razón por la que los espíritus lo evitaban era porque era un diablo.
A decir verdad, quería que Triana mirara a Nessa para ver si albergaba alguna mala intención hacia nosotros, pero ver que actuaba con normalidad me dijo todo lo que necesitaba saber.
«Puedo decir con certeza que Nessa no es malvada…
Me alegro», pensé.
Para el trabajo que iba a darle, pensé en algo más acorde con sus habilidades, así que la teletransporté a la casa del árbol del Bosque Final, donde trabajaban los alquimistas.
Después de presentarla a Reinar, Jen y el resto del grupo, le dije que se encargaría de buscar materiales y llevarlos al taller.
Nessa pareció un poco desconcertada, así que le expliqué que su trabajo implicaba algo más que recoger hierbas del suelo, ya que nuestros alquimistas usaban partes de monstruos para muchas de las pociones.
Además, podía ir a Ciudad Final y aceptar un encargo del gremio de aventureros, pues sabía que quería subir de rango.
—Nessa, no tienes dinero ni posesiones a tu nombre…, ¿verdad?
Si quieres vivir como una humana, vas a tener que ganarte la vida —le dije.
La diablesa encubierta estuvo de acuerdo conmigo y, con semblante decidido, dijo que se aseguraría de llevar a los alquimistas los mejores materiales que pudiera encontrar.
—¡Muy bien, entonces, contamos contigo!
—exclamó Melina, haciendo que Nessa se sonrojara un poco.
«Qué curioso.
Una diablesa sonrojándose tras ser elogiada…», pensé.
—Oye, Ichi, ¿qué vamos a hacer estos tres días?
—me preguntó Melina.
—Tenía algo en mente…
¿Quieres ayudarme?
—dije.
—¡Pues claro que sí!
—¡Si ni siquiera sabes lo que iba a decir!
Melina se rio entre dientes.
—Seguramente te diría que sí de todos modos, ¡así que vamos!
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