Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 263
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Capítulo 263: Sabia Astra
Al día siguiente de llegar a la Torre de Magos, el Director Devon nos llevó a Melina y a mí a conocer a la sabia que se encargaba de la torre.
Su despacho estaba en el piso 99 y, cuando se abrieron las puertas del ascensor, nos quedamos de piedra al ver el aspecto de la sala.
Era como si estuviéramos entrando en un campo de flores con el cielo azul sobre nosotros, lo cual era imposible, así que obviamente se trataba de un hechizo que habían puesto dentro.
—¡Bienvenidos, jóvenes sabios! —dijo una voz de mujer.
Con el sonido de un chasquido de dedos, el campo de flores desapareció y nos encontramos en el centro de un despacho rodeado de libros y pergaminos enrollados.
Frente a nosotros, una anciana con un bastón nos miraba tranquilamente con una sonrisa. La mujer era un poco más baja que yo, pero su espalda ligeramente encorvada era la causa principal.
Llevaba una túnica similar a la que usaba Devon, solo que ella tenía una insignia con una estrella que simbolizaba su cargo de Directora de la torre.
—Mi nombre es Astra. Me alegro de poder conoceros por fin… —dijo la anciana con un tono de voz dulce.
Después de presentarnos, la Sabia Astra chasqueó los dedos y la sala que nos rodeaba volvió a cambiar, convirtiéndose en un salón con un juego de té sobre una mesita de centro rodeada de sofás afelpados.
La mujer nos invitó a una taza de té, que no dudamos en aceptar, pero Melina y yo estábamos cautivados por la magia que había utilizado.
«¿Puede cambiar el espacio a su alrededor? ¿Es esto una ilusión?», pensé, incapaz de reconocer el tipo de hechizo que la sabia estaba usando.
Mientras nos sentábamos, Astra usó magia para hacer levitar las tazas y servirnos el té sin mover un solo dedo.
«Mmm, si esto fuera una ilusión, entonces el té no sería real… ¿verdad?», reflexioné mientras agarraba mi taza y le daba un sorbo.
«¡¿Es esto té de manzana?!», pensé.
La anciana soltó una risita. —Debes de reconocer ese sabor. Después de todo, la fruta viene directamente de tu pueblo natal… —dijo.
Una de las primeras cosas comestibles que encontré cuando llegué a este mundo fueron las manzanas que crecían en el Bosque Final, a las que llamaban «monzos».
Por alguna razón, esta fruta tan común solo crecía en el Bosque Final y, después de que las arañas de Vespera empezaran a ayudar con la recolección de frutas, su popularidad y suministro aumentaron mucho.
Después de un tiempo, las manzanas se exportaban desde Ciudad Final a todo el Reino Sephyr y, en cierto momento, también empezaron a enviarlas a otros países.
Aunque era agradable ver manzanas tan lejos de nuestro pueblo, también me hizo pensar en lo mucho que esta mujer sabía sobre nosotros.
A ver, no es que vendiéramos las manzanas con mi nombre, así que no era de dominio público que yo fui quien empezó a exportar la fruta.
La Sabia Astra debió de ver mi inquietud y levantó una mano lenta y suavemente.
—Por favor, no te preocupes. Es simplemente una de mis habilidades para vigilar a los sabios… —dijo Astra.
—¿Una habilidad? —reflexionó Melina en voz alta.
La anciana asintió. —Es justo que os cuente un poco más sobre mí…
Astra explicó que se convirtió en sabia a los veinte años y fue la directora de la academia Vista durante diez años antes de que el antiguo sabio de la torre falleciera.
Después de que los magos de la torre votaran para elegir al siguiente director, Astra fue elegida por los intrincados hechizos que desarrolló.
—Veréis, la razón principal por la que el Dios Asys se interesó en mí fue por mi magia espacial… —explicó Astra.
«¿Magia espacial? ¡Así que sí que controla el espacio a su alrededor!», pensé con asombro.
Cuando entró en más detalles, explicó que podía «almacenar» diferentes espacios en una sola zona.
—Por ejemplo, este despacho mío tiene unos quince espacios diferentes a los que podría cambiar… —dijo Astra antes de chasquear los dedos, haciéndonos aparecer de nuevo en el campo de flores.
Luego, volvió a chasquearlos, haciendo que la sala pareciera estar en el fondo del océano.
Otro chasquido, y estábamos en la cima de una montaña nevada; luego, en una playa; y después, de vuelta en el salón.
Melina y yo nos quedamos perplejos después de ver su demostración, con los ojos como platos.
No era solo la dificultad de su hechizo, sino que la cantidad de PM que tenía la mujer era casi abrumadora.
Cada vez que chasqueaba los dedos, usaba tanto PM como el que yo gastaría al lanzar algunos de mis hechizos de combate más potentes.
Aun así, después de exhibir sus poderes, dijo que había algo más que quería mostrarnos, y que esa era la razón principal por la que había querido vernos.
Una vez que terminamos nuestras tazas de té, chasqueó los dedos para devolvernos a su despacho y se levantó lentamente para dirigirse a un cofre de madera que había a un lado.
Astra era extremadamente poderosa, pero su cuerpo era el de una auténtica anciana, pues se movía lenta y pacientemente.
Sacando lo que parecía una bola de cristal como las que las brujas usarían en las películas, la llevó a la mesita de centro y la colocó en el medio.
—¿Una bola de cristal? —pregunté.
—Ah, ¿así que sabes lo que es? —dijo la anciana.
—Oh, bueno… más o menos, supongo… —respondí con nerviosismo.
«Claro, supongo que las bolas de cristal no son ficticias aquí…»
La Sabia Astra explicó que hacía décadas, cuando el Sabio Louie ascendió a su puesto, lo hizo creando un hechizo que podía hacer que una persona «devolviera su cuerpo a un estado anterior».
—¿A un estado anterior? ¿Como retroceder en el tiempo? —pregunté.
La sabia dio más detalles y, aunque se consideraba «magia temporal», el Sabio Louie no controlaba todo el tiempo, sino solo el que había transcurrido en un individuo.
—Por ejemplo, si apuñalaban a una persona, él podía devolver su cuerpo a un estado anterior en el que no estaba apuñalada. El tiempo a su alrededor no cambiaba, solo el del cuerpo… —explicó Astra.
Era un poco confuso, pero en realidad no. Sería extremadamente difícil que alguien quisiera usar magia para devolver el mundo entero al pasado.
Sin embargo, con un poco de comprensión sobre cómo funcionaba, podía manipular el tiempo de un solo individuo.
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