Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 273
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Capítulo 273: La Noble, Mei Ling
Después de que Melina y yo teletransportáramos a todos los aldeanos esclavizados al interior del carro sin que nadie más nos viera, fijamos la vista en el carruaje noble que teníamos detrás.
Solo una mujer estaba sentada dentro del carruaje, que era conducido por un sirviente con ropas elegantes.
Como nos bebimos toda la poción de invisibilidad, sabíamos que duraría al menos treinta minutos antes de que el efecto se agotara.
Pensamos en sentarnos en el techo del carruaje de la dama noble hasta que estuviéramos dentro de la ciudad, pero los guardias de las puertas se estaban tomando su tiempo para dejar entrar a la gente, por lo que los efectos de la poción se agotarían antes de que consiguiéramos entrar.
—¿Y si nos metemos en el carruaje? —preguntó Melina.
—¿Eh? ¿Cómo nos ayudará eso? —pregunté.
Aunque estuviéramos dentro del carruaje y nuestra invisibilidad se agotara, igualmente nos pedirían algún tipo de identificación en las puertas.
Melina sonrió, pues al parecer tenía un plan, y empezó a susurrármelo. Éramos invisibles, pero la gente de nuestro alrededor aún podía oírnos si hablábamos en voz alta.
Su plan era «secuestrar» a la dama noble, lo que al principio sonó descabellado, pero cuando me lo explicó, me di cuenta de que podría funcionar.
Aún invisibles, abrimos con cuidado la puerta del carruaje, lo que confundió a la mujer, que pensó que la puerta debía de estar rota.
Para cuando se levantó a cerrarla, Melina y yo ya estábamos dentro del carruaje, sentadas frente a ella.
La mujer parecía bastante joven. Yo habría dicho que tenía unos 20 o 21 años.
Llevaba un elegante vestido rojo y un tocado dorado que acentuaba su cabello oscuro, el cual llevaba recogido en un moño.
Antes de que pudiéramos continuar, la dama empezó a murmurar para sí misma en un tono triste.
—Uf… Odio tanto esto… Ojalá pudiera quedarme en casa… —murmuró para sus adentros.
Melina y yo nos miramos con un poco de confusión, sin saber a qué se refería, pero no podíamos distraernos, así que continuamos con nuestro plan.
Aún invisible, usé magia para silenciar todos los sonidos dentro del carruaje, de forma que la gente de fuera no pudiera oír nada; luego, le hice un gesto afirmativo a Melina, indicándole que era seguro hablar.
—Escuche bien, señorita… —dijo Melina, sobresaltando a la mujer al instante.
—¡¿Q-quién ha dicho eso?! —exclamó en voz alta, pero del carruaje no podía salir ningún sonido.
—¡Silencio, escuche bien! —replicó Melina con voz aún más alta.
La mujer estaba tan asustada que se le llenaron los ojos de lágrimas y, aunque ambas nos sentimos fatal por ello, no podíamos flaquear.
—En unos minutos, un hombre y una mujer aparecerán dentro de este carruaje. Va a decirles a los guardias que son sus esclavos y los dejará entrar en la ciudad. ¿Entendido? —explicó Melina, con una voz que no dejaba lugar a negociaciones.
—¿Q-qué? —preguntó la dama noble, sin tener ni la menor idea de lo que estaba ocurriendo.
—No necesita saber más que eso. Hágalo y se le perdonará la vida… —continuó Melina.
Sus palabras hicieron que pareciera que mataríamos a la mujer sin dudarlo si no seguía nuestras instrucciones. Por supuesto, nunca haríamos eso, pero, por otra parte, a veces amenazar a alguien era la única forma de conseguir resultados.
Unos minutos después, una vez que la mujer se calmó, Melina volvió a hablar.
—Todo irá bien. Limítese a seguir las instrucciones… —dijo con un tono de voz dulce que hizo que la mujer se relajara un poco.
—¿Cómo se llama? —preguntó Melina, manteniendo el mismo tono.
—M-Mei Ling…
—¿Y por qué ha venido a Xiulan?
—M-mi padre me envió a encargarme de unos negocios aquí…
—¿A qué se dedica su padre? —siguió preguntando Melina.
—É-él era comerciante. Uno de los mejores de Guanghua… Pero ahora… —dijo Mei, deteniéndose antes de terminar la frase.
Con un tono melancólico, Mei Ling explicó que, después de que el emperador declarara la «ley de esclavización de plebeyos», su padre había sido elegido por el mismísimo emperador para ser uno de los principales comerciantes de esclavos.
No era algo que ni ella ni su padre aprobaran, pero no tuvieron otra opción, ya que los habían amenazado con convertirlos en esclavos a ellos mismos.
La razón era que la familia Mei había sido plebeya hacía decenas de años y obtuvieron el título nobiliario gracias a uno de sus antepasados, que se hizo rico tras abrir su negocio comercial.
«Así que simpatiza con los plebeyos esclavizados, ya que su familia también lo fue, pero ahora son ellos los que comercian con ellos…».
En cuanto quité la barrera de sonido de alrededor del carruaje, la poción de invisibilidad tardó dos minutos en agotarse, haciendo que nuestros cuerpos aparecieran lentamente dentro del carruaje, frente a la mujer.
La dama noble abrió los ojos como platos, sorprendida por nuestra aparición, ya que era evidente que no éramos de su país. No obstante, llevábamos el mismo tipo de ropa que vestían los nobles.
Por suerte, había guardado algunas de las cadenas que usaban con los plebeyos esclavizados que liberamos, así que nos las colocamos en las muñecas para que pareciera que estábamos esposadas.
—Sé que no vamos vestidas como esclavas, así que intente que resulte creíble, señorita Mei… —dije.
—L-lo haré… Pero… —tartamudeó.
—Ll-llámeme Ling. La señorita Mei era mi madre…
«Ah, claro. Supongo que en este país usan primero el apellido…», pensé.
—Disculpe si es una pregunta difícil, pero ¿qué le pasó a su madre? —preguntó Melina, inclinándose hacia la mujer.
—S-se opuso al trato del emperador, ya que no quería comerciar con las vidas de las personas por dinero… —dijo Ling.
Cuando nos contó la historia completa, Melina y yo echábamos humo de la rabia.
El emperador convocó a la familia Mei, que antes habían sido plebeyos, para que se convirtieran en uno de los principales traficantes de esclavos del país.
Durante la reunión, la madre de Ling dijo que el trato le parecía espantoso y afirmó que destruiría el país de Guanghua.
Por su audacia, fue sentenciada a muerte. Sin embargo, después de que el padre de Ling suplicara por su vida, fue enviada a una prisión subterránea bajo el palacio.
Entonces, el emperador le hizo prometer que se encargaría de su negocio de tráfico de esclavos y, a cambio, no mataría a su esposa.
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