Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 283
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Capítulo 283: Noche de Liberación (Parte 1)
Cuando hablamos con Mei Ling sobre las diferentes familias que estaban escritas en el documento de la subasta de esclavos, también nos habló de la Familia Yushan, que controlaba la mayor parte de los alimentos que se transportaban en el país.
Le pedimos que nos diera indicaciones para llegar a las casas de la Familia Wang y la Familia Guo, y después de que hiciera lo posible por señalarlas desde la ventana de la habitación, Melina y yo volvimos a salir por ella.
La ciudad estaba completamente vacía, sin un alma por la calle, así que Melina y yo pudimos volar un poco más bajo sin miedo a que alguien nos viera.
Nuestro primer objetivo era la casa del tipo llamado Guo Yang, supuestamente el mejor amigo de Zhao Lan.
Su mansión era tan grande como la de los Zhao, pero Ling nos dijo que esta tampoco era su residencia principal, ya que su familia vivía en la capital y solo venía aquí por negocios.
Tras deshacernos de los guardias de la entrada con facilidad, los teletransportamos a Yuandu y nos colamos volando por encima de la puerta.
Pudimos percibir que había más guardias que en la mansión anterior, y como no queríamos perder más tiempo, Melina y yo nos encargamos de ellos lo más rápido posible.
Nos llevó un total de cuatro minutos, más o menos, pero cuando los patios estuvieron despejados, volamos a una de las habitaciones de arriba e irrumpimos por la ventana.
Nos encontramos en un dormitorio vacío, y llegamos a la conclusión de que probablemente lo usaban otros miembros de la familia cuando visitaban la ciudad.
Cuando abrimos la puerta que daba al pasillo, me sobresalté por un momento al ver una armadura de pie justo a mi lado. Sin embargo, era solo una decoración.
Aun así, al mirar hacia el fondo del pasillo, había docenas de estas armaduras colocadas por todas partes, lo que hacía que todo el lugar pareciera más espeluznante.
*¡Chas!*, el sonido de un látigo al restallar llegó a nuestros oídos.
«Oh, no…», pensé.
En ese instante, Melina corrió hacia la puerta de donde provenía el sonido, así que la seguí rápidamente.
—¡Te he dicho que bailes! —dijo la voz de un hombre.
*¡Chas!*, otro chasquido del látigo resonó por los pasillos.
Melina, que llegó primero a la puerta, la derribó usando magia de aire y se quedó quieta unos segundos mientras escaneaba su entorno.
Podía sentir el PM de Melina aumentar, pero eran sus propias emociones las que lo volvían tan inestable.
—¡¿Quién demonios sois?! ¡Guardias! —gritó el hombre.
No llevaba más que un par de pantalones de seda y el látigo en las manos.
A su lado, dos mujeres con vestidos reveladores estaban arrodilladas en el suelo, llenas de moratones y cortes que manchaban sus ropas con su sangre.
«Se acabó para este tipo…», pensé, sabiendo que Melina estaba a punto de desatar su furia de nuevo.
Aun así, no podía culparla por ello, así que la dejé hacer lo que quisiera.
—¡Guardias! —gritó el hombre de nuevo, levantando el látigo y blandiéndolo contra Melina.
Sin moverse de su sitio, Melina levantó una mano y usó magia de aire para crear una cuchilla de aire concentrado que salió disparada y le cortó la mano al hombre antes de que pudiera bajar el brazo.
—¿Eh…? —murmuró mientras se miraba la mano cercenada.
«Esta es la segunda mano que Melina corta hoy…», pensé.
El hombre se arrodilló en el suelo y empezó a gemir de dolor, sujetándose la parte del brazo que aún le quedaba como si intentara detener la hemorragia.
Me acerqué lentamente al hombre y usé magia de fuego para cauterizar la herida, haciéndole gritar de dolor. Sinceramente, no me importaba si se desangraba hasta morir, pero aún teníamos que hacerle algunas preguntas.
Melina, que parecía haber perdido todo el interés en el hombre, fue rápidamente hacia donde las dos chicas estaban arrodilladas y las roció con una poción de curación, sanando todas sus heridas recientes.
Luego, tras sacar unas cuantas sábanas de su bolsillo dimensional y cubrir a las dos mujeres, las teletransportó a Yuandu y regresó a la habitación en menos de cinco segundos.
—¿Eres Guo Yang? —pregunté, colocando mi daga de mitrilo contra su cuello.
Al hombre le corría una lágrima por la mejilla por el dolor de haber perdido una mano, pero aun así asintió levemente, confirmando su identidad.
Mientras lo interrogábamos, nos dijo que por la noche mantenía a todos sus esclavos en su mazmorra, así que le pedimos que nos llevara hasta ella.
Al igual que en la mansión de Zhao Lan, la entrada a la mazmorra estaba oculta. Sin embargo, la entrada estaba en el patio trasero, y después de que tirara de una antorcha que también era una palanca, se abrió una trampilla.
Tan pronto como entramos, me di cuenta de que el mismo encantamiento que antes había bloqueado mi magia de búsqueda también se había colocado en esta mazmorra.
«Otra vez ese tal Sinoc…», pensé.
Dentro de la mazmorra había un total de 32 aldeanos esclavizados, y 25 de ellos eran mujeres jóvenes.
Según lo que nos contaron los prisioneros, Guo Yang había ordenado matar a los maridos de las mujeres antes de esclavizarlas.
Guo Yang, que era uno de los traficantes de esclavos más importantes de Guanghua, se enorgullecía de ser conocido como el que vendía a las mujeres más hermosas. Por supuesto, esto solo enfureció aún más a Melina.
Después de que le diera una paliza a Guo Yang delante de todas las mujeres a las que había atormentado, los teletransportamos a todos a Yuandu y volvimos para encargarnos del traficante de esclavos.
No queríamos tener a nuestros nobles secuestrados en lugares diferentes, así que llevamos a un Guo Yang inconsciente a la residencia de los Zhao.
Yoru estaba vigilando a Zhao Lan y a su guardia, y cuando aparecimos en el centro de la habitación y arrojamos el cuerpo del noble inconsciente al suelo, se sobresaltaron.
—¡Guo Yang! —exclamó Zhao, todavía sentada en la cama donde la habíamos dejado.
Su rostro parecía curado de la paliza de Melina, lo que nos llevó a creer que el guardia le había aplicado la poción que les dimos.
—¡¿Cómo os atrevéis?! —gritó Zhao Lan.
Melina se acercó a la arrogante mujer con una expresión severa.
*¡Zas!*, el sonido resonó en la habitación cuando el dorso de la mano de Melina golpeó a Zhao Lan, sacándole un poco de sangre de la boca.
—¿Es que no has aprendido? No me importaría darte otra paliza. Aunque esta vez no recibirás ninguna poción… —murmuró Melina con rabia, haciéndola callar hasta que salimos de la habitación.
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