Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 299
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Capítulo 299: Recuerdos de Leslie
Mientras desayunaba con Yujun, Leslie no paraba de saltar por la habitación de alegría, diciendo que el «hombre rojo» tenía razón.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Melina, cogiéndola en brazos.
Leslie abrió la boca, lista para hablar, pero de repente se dio cuenta de que estaba a punto de soltar un secreto y se tapó la boca con ambas manos.
—¿Es un secreto? —preguntó Melina.
—Sí, pero… la hermana mayor y el hermano mayor pueden oírlo —respondió Leslie.
Parecía que la pequeña intentaba imitar nuestra actitud cautelosa de guardar secretos, así que usé magia de sonido para insonorizar por completo la habitación.
Incluso si gritara su secreto a pleno pulmón, nadie fuera de la habitación lo oiría.
Sintiéndose más segura, Leslie nos contó que, cuando se encontró por primera vez en la zona de los plebeyos, hubo un hombre de pelo largo y rojo y una mujer rubia que la cuidaron durante tres días.
Ellos dos nunca le dijeron sus nombres a la niña y, en su último día, regresaron a la choza con Yujun y lo dejaron con Leslie.
«Un hombre de pelo rojo y una mujer rubia…», medité.
Solo conocía a dos personas con el pelo largo y rojo, y solo una de ellas era un hombre acompañado por una mujer rubia.
—Jackson y Karla… —murmuré, para sorpresa de Melina, que no había pensado en ello.
Se marcharon de Sephyr por la época en que todo esto estaba ocurriendo, así que era muy posible que ambos hubieran venido a Guanghua justo después.
—Leslie, ¿puedes acercarte un momento? —pregunté.
La pequeña se sentó a mi lado en el sofá y yo, con delicadeza, le puse la mano en la cabeza y usé mi magia de memoria prohibida.
Cuando me adentré en sus recuerdos, mi hechizo pudo indicarme cuáles habían sido olvidados y, al inspeccionarlos más de cerca, me di cuenta de que no los olvidó por culpa de un hechizo, sino porque eran tan dolorosos que su propio cuerpo los había borrado de su cerebro.
En uno de esos recuerdos olvidados, una mujer rubia que parecía ser su madre llevaba en brazos a Leslie mientras su padre corría detrás de ellas.
Los tres llegaron a una choza en la zona de los plebeyos y suspiraron de alivio, pensando que habían despistado a sus perseguidores. Sin embargo, su paz se vio interrumpida cuando oyeron que llamaban a la puerta.
Era un hombre que vestía una túnica similar a las que usaban en la Torre de Magos. Tenía el pelo corto y blanco, ojos de un morado intenso y una expresión totalmente indiferente ante la aterrorizada familia que tenía delante.
Levantando la mano, lanzó un hechizo demasiado rápido como para que Leslie viera nada, pero al girar un poco la cabeza, vio que sus padres habían sido asesinados por unas cuchillas invisibles.
El hombre se plantó ante la pequeña, que estaba en estado de shock, con los ojos como platos y llenos de lágrimas, y levantó la mano para acabar con su vida.
De repente, una pared lateral se vino abajo y un hombre irrumpió con una lanza en la mano, empujando al mago de pelo blanco fuera de la choza.
Era mi buen amigo, Jackson, que en secreto también era un diablo.
—¡Karla! —gritó él.
—¡Ya lo sé! —respondió a gritos la caballero mientras entraba en la choza destrozada y presenciaba la escena.
Sacó rápidamente un par de pociones de una bolsa y roció los cuerpos de los padres con ellas antes de coger a Leslie en brazos y salir corriendo.
La pequeña estaba demasiado conmocionada para moverse o decir nada, y lo único que vio fue a Jackson plantado frente al mago, permitiendo que Karla escapara, hasta que Leslie perdió el conocimiento, poniendo fin al recuerdo.
Todo lo que había visto, Leslie lo había olvidado, lo que me hizo plantearme si eso era bueno o malo. A ver, había olvidado a sus padres, pero también cómo murieron delante de ella, así que no sabía qué pensar.
El siguiente recuerdo era de ella despertando en otra choza; tanto Jackson como Karla estaban allí y le dedicaron una cálida sonrisa en cuanto abrió los ojos.
Las escenas eran cada vez más cortas y, tras ver tres días de recuerdos de Karla y Jackson cuidando de la pequeña, encontré el momento en que llegó Yujun.
—Escucha, Leslie. Tenemos que irnos o ambos correréis peligro… —le dijo Jackson a la niña mientras le daba una suave palmadita en la cabeza.
Parecía un poco maltrecho, lo que me hizo preguntarme si había luchado contra los asesinos que intentaron matar a Yujun.
—Te lo prometo, un hombre llamado Ichiro pasará por aquí y os ayudará algún día. Es un buen amigo mío, así que estoy seguro de que vendrá… —continuó Jackson.
A Leslie se le caían las lágrimas por las mejillas, ya que no sabía que la estancia de ellos sería tan corta. Aun así, dijo con seguridad que esperaría y protegería a Yujun mientras tanto.
Jackson le dedicó una cálida sonrisa, pero yo notaba que por dentro se sentía fatal. Era mi amigo, así que sabía cuándo sus expresiones ocultaban algo.
«Jackson, ¿qué demonios ha pasado…?»
Aparté la mano de la cabeza de Leslie y, al volver a la realidad, mi ira había aumentado hasta el punto de que sentí que podía Despertar en ese mismo instante.
El hombre del pelo blanco y los ojos morados coincidía con la descripción de Sinoc que me había dado el Señor Bao y, tras ver lo que les había hecho a los padres de Leslie, me hervía la sangre de forma incontrolable.
Respiré hondo y le di un abrazo a Leslie, lo que pareció tomarla por sorpresa.
—Se llamaba Jackson y es un buen amigo mío… —murmuré, lo que hizo que la pequeña se animara con entusiasmo.
—Tenía razón, Leslie. Estamos aquí para ayudaros, a ti, a Yujun y a todos los demás que sufren en este país —continué, haciendo que sonriera radiante.
Melina comprendió de inmediato que algo me preocupaba y me susurró que mi PM se estaba descontrolando.
—¿Qué has visto? —preguntó Melina.
En cierto modo, me alegré de ser yo quien viera los recuerdos de Leslie, o de lo contrario, estaba seguro de que Melina habría ido directa a buscar a Sinoc en ese mismo instante.
Sinceramente, me estaba costando hasta la última gota de autocontrol no reducir el palacio entero a cenizas con toda la ira que sentía.
Aun así, le conté a Melina lo que presencié en sus recuerdos reprimidos, no sin antes hacerle prometer que no actuaría de forma impulsiva tras escucharlo.
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