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Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 65

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  3. Capítulo 65 - 65 Rana de la Muerte Llameante
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65: Rana de la Muerte Llameante 65: Rana de la Muerte Llameante Al día siguiente, después de que todos los caballeros se despertaran y se prepararan, Melina y yo deshicimos las pequeñas habitaciones que habíamos creado y continuamos nuestro camino con la 7º orden.

Durante ese tiempo, la comandante siguió ignorándome y no me dirigió ni una sola palabra.

No obstante, me alegré bastante de que dejara de molestarme por el momento.

Estábamos a solo medio día de Puerto Ciudad Azul, pero uno de los caballeros dijo que habían recibido un informe que alertaba de que las afueras de la ciudad estaban plagadas de monstruos y que debíamos estar preparados para cualquier cosa.

El hombre que se dirigió al grupo era el subcomandante de la 7º orden, quien me recordó un poco a Harvey, ya que no nos trató de forma extraña solo por venir de un lugar lejano.

Tras unas horas de caminata, enviaron a uno de los caballeros al frente con su caballo para que explorara el camino, pero le dije que volviera, ya que mi grupo podía llegar más rápido.

—¿Eh?

¡No te creas que puedes darles órdenes a mis caballeros!

—gritó la comandante, agitando el puño como una anciana enfadada.

Sin embargo, apenas pude oírla, pues ya estábamos surcando el cielo y volando hacia la ciudad para comprobar si había algún inconveniente.

Pocos minutos después, avistamos una batalla que tenía lugar justo a las puertas de la ciudad, y pude ver con claridad a un monstruo gigante que parecía tener el cuerpo en llamas.

«¿Es otra rana?», pensé al poder discernir algunos de sus rasgos.

Utilizando más magia de aire para acelerar, empezamos a acercarnos rápidamente al monstruo hasta que pudimos inspeccionarlo.

<Rana de la Muerte Llameante
Rango A
Una rana gigante que puede escupir fuego gracias a su lengua llameante.

Inmune al fuego.

El calor de su cuerpo impide que otros monstruos se acerquen.

Las ranas de sangre siempre la siguen allá donde va.>
Las ranas de sangre contra las que luchamos antes estaban siguiendo a esa mole, que se encontraba enzarzada en una batalla contra un grupo de guardias y aventureros.

Por suerte, la zona era un campo abierto, por lo que el calor corporal del monstruo no podía quemar nada, a excepción de unos pocos árboles y la hierba que lo rodeaba.

Algunos de los magos que luchaban contra la rana llameante estaban usando hechizos de agua y hielo, pero resultaban ineficaces, ya que lo único que conseguían era levantar una cortina de vapor cuando sus proyectiles impactaban en el cuerpo del monstruo.

Estaba seguro de que todos sabían qué hacer con un monstruo de este tipo, así que, mientras aún flotábamos en el aire, Vespera, Melina y yo lanzamos magia de hielo para congelar los alrededores de la rana hasta que su llama titiló, creando una pequeña ventisca a su alrededor.

Yoru apareció desde mi sombra, y los dos nos estrellamos contra el monstruo desde el cielo.

Lo golpeé con mi bo con todas mis fuerzas mientras las garras de Yoru rasgaban su cuerpo.

En un intento desesperado, el monstruo sacó su larga lengua y la agitó en todas direcciones mientras volvía a prenderse en llamas, pero un torrente de agua a alta presión salió disparado directo hacia su boca abierta.

Desde el cielo, Vespera y Melina usaban una potente magia de agua para contener el ataque de la rana, y justo cuando se detuvieron al unísono, Yoru volvió a la carga y rebanó la lengua del monstruo con sus garras.

A falta de un solo ataque para terminar, creé a mi espalda un enorme clavo de hielo del tamaño de un coche y lo disparé para que atravesara limpiamente el cuerpo de la rana.

La batalla había terminado y, una vez más, repartimos pociones entre los heridos.

Un momento después, llegó la 7º orden de caballeros y contempló la escena antes de preguntar a los guardias de la ciudad qué había ocurrido.

Melina y yo nos acercamos a ella y le contamos que habían estado luchando contra la rana llameante hasta nuestra llegada, mientras señalábamos los restos del monstruo, que los aventureros estaban arrastrando hacia el interior de la ciudad.

Sin embargo, la comandante seguía pareciendo contrariada.

«¿Por qué está enfadada si hemos salvado a toda esta gente?», pensé.

La mujer estaba empezando a ponerme de los nervios y ya no pude contenerme más.

—Vaya, me pregunto qué habría pasado si no hubiéramos llegado rápido.

¡Habría muerto un montón de gente!

—dije con tono burlón.

—Y pensar que, de haber esperado a los caballeros, habrían perecido todos… —continué, todavía con un tono sarcástico.

A decir verdad, nunca he sido lo bastante mezquino como para rebajarme al nivel de nadie, pero es que esa mujer era una completa maleducada.

Al menos Thomas se limitaba a guardar silencio cada vez que yo hacía algo bueno.

La comandante frunció el ceño y se dio la vuelta para ordenar a sus caballeros que entraran en la ciudad, ignorando por completo mi comentario.

Sin embargo, pude ver que a algunos de los caballeros les dolió.

«Bueno, mi intención era ofender a la comandante, pero en fin…», pensé.

Melina me lanzó una mirada de desaprobación, pero no me arrepentía de haberme burlado de ellos.

Además, estos tipos solían intimidar a los caballeros que residían en Ciudad Final, así que esto era una pequeña venganza por mis colegas de allí.

Si me preguntas, yo diría que fue un castigo bastante leve.

Una vez retirados los restos del monstruo, entramos por fin en Puerto Ciudad Azul.

Al cruzar las puertas, Melina habló con la comandante de los caballeros y le dijo que nosotros iríamos al gremio de aventureros mientras que ellos se dirigirían al cuartel de la ciudad.

Ella aceptó, y nuestros caminos se separaron.

De camino al gremio, la princesa me explicó que Puerto Ciudad Azul era la zona que la 2º orden de caballeros debía proteger.

Sin embargo, debido a que había habido tantos ataques y tan pocos recursos en las últimas semanas, habían perdido demasiados efectivos.

Por eso el rey había enviado a la 7º orden para que prestaran su ayuda, pues normalmente estaban apostados en las fronteras del reino.

—La comandante Valentina no es una mala persona… Es solo que, emmm, ¿es muy orgullosa?

—dijo Melina.

—Pues sí que es un orgullo extraño el suyo… —respondí.

Mientras caminábamos por la ciudad, nos dimos cuenta de que la gente parecía tremendamente triste, lo cual era de esperar, dada su situación, en la que no podían obtener recursos ni por tierra ni por mar.

Era una lástima, porque la ciudad era preciosa y el mar se veía espectacular en el horizonte.

Melina se puso la capucha de su poncho para pasar desapercibida, ya que mucha gente del reino la conocía, y yo hice lo mismo por solidaridad.

Cuando llegamos al gremio, nos dimos cuenta de que solo había unos pocos grupos pasando el rato, y también parecían estar en baja forma.

Nos acercamos a la recepcionista que había tras el mostrador y le enseñamos nuestras tarjetas, diciéndole que estábamos allí para ayudar con el problema del monstruo marino.

Sin embargo, en cuanto las palabras salieron de la boca de la princesa, un grupo de aventureros se echó a reír.

—¿Así que vosotros, unos críos, habéis venido a encargaros del monstruo marino, eh?

—dijo uno de ellos mientras se nos acercaba.

—Sí, ¿y qué?

—dije, endureciendo la mirada, pues el tipo me pareció un tanto amenazante.

—¿Y qué?

¿Acaso sabes lo que hay ahí fuera, crío?

—dijo con un tono irritante.

—¿Un monstruo de Rango S?

—pregunté.

El hombre se echó a reír a carcajadas.

—¿Sí, sí.

Un monstruo de Rango S.

¡¿Y qué os hizo pensar que necesitamos vuestra ayuda?!

Suspiré y volví a mirar a la recepcionista.

—Bueno, en fin, sobre el monstruo… Queríamos saber si había una petición oficial.

Antes de registrarnos, cada vez que nos enterábamos de un ataque de monstruo, simplemente salíamos a cazarlo.

Sin embargo, como aventureros, si conseguíamos aceptar una petición y luego cazábamos a dicho monstruo, podíamos subir de rango y también ganar algo de dinero.

Aunque, la verdad, no es que me hiciera falta.

—Bueno… —dijo la recepcionista.

—La petición es del duque de la ciudad… —dijo mientras sacaba un trozo de pergamino con la solicitud.

El hombre, al ver que hasta la recepcionista lo ignoraba, se me acercó más y me puso la mano en el hombro.

—¡Oye, crío!

¡¿No me estás escuchando?!

—dijo en tono amenazante.

Giré la cabeza lentamente con una mirada gélida.

—Lárgate… —mascullé.

Pero no se fue.

En vez de eso, el hombre me lanzó un puñetazo.

Sin embargo, fue tan lento que casi parecía que me estaba atacando a cámara lenta.

Esquivé su puño, le agarré del brazo y lo lancé a varios metros de distancia, fuera de la puerta del gremio.

Pude oír su cuerpo rodar por el suelo exterior.

El resto de su grupo se levantó y fue a por él, así que me volví de nuevo hacia la recepcionista para pedirle más detalles sobre el monstruo.

Actuando como si no hubiera pasado nada, la recepcionista nos dijo que el monstruo se llamaba «Kraken».

Antes de que pudiera siquiera describírnoslo, ya me hacía una idea del tipo de monstruo que era.

Y, en efecto, era un monstruo gigante con docenas de tentáculos, pero no era algo que pudieran clasificar como pulpo o calamar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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