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Mi Esposa y Yo Nos Convertimos en Sabios en Otro Mundo - Capítulo 8

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  3. Capítulo 8 - 8 Negocio de pociones
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8: Negocio de pociones 8: Negocio de pociones El día que llegué a la Aldea Final con mis maletines de pociones, decidí visitar primero a Jackson antes de venderlas en la farmacia.

Jackson era la persona de la aldea en la que más confiaba.

No solo sabía exactamente quién era yo, sino que también sabía que tenía recuerdos de mi vida pasada.

Confiaba en el resto de los aproximadamente sesenta aldeanos, pero Jackson era el único que conocía mis secretos y los guardaba.

Por eso se lo agradecía.

Obviamente, el resto de los aldeanos sabía que yo no era normal.

Quiero decir, veían a este niño de doce años irse al bosque durante días y teletransportarse de vuelta con un montón de mercancías.

Pero aun así no me hacían ninguna pregunta… Simplemente lo aceptaban, cosa que yo agradecía mucho.

—A ver, ¿qué me traes hoy?

—dijo Jackson mientras me guiaba a su sala de estar.

Dejé en el suelo los maletines que llevaba a la espalda, saqué una botella de cada tipo y las puse sobre la mesa, frente a él.

—Las he hecho yo… Pero… no sé si son buenas.

—¿Las has probado?

—dijo Jackson mientras cogía una de las botellas.

—Sí, pero Inspeccionar dice que su efecto es mucho más potente de lo que podría comprobar por mí mismo…
—Ya veo, déjame echar un vistazo…
—…
Jackson usó Inspeccionar en todas las pociones.

Cada vez que lo hacía, sus ojos se abrían como platos por la sorpresa.

«¿De verdad son tan impresionantes?», pensé.

—Mmm, ya veo por qué dudas de la ventana de Inspeccionar.

Esas descripciones son bastante increíbles, sobre todo la de la Santa Panacea…
«¡¿A que sí?!

Cualquiera dudaría de una poción que dice que puede curar CUALQUIER tipo de enfermedad…»
—La cosa es… —dijo Jackson mientras volvía a dejar una de las botellas sobre la mesa.

—La ventana de Inspeccionar no miente… Ichiro, esto es una medicina milagrosa… —dijo con expresión seria.

—Yo… quería venderlas en la farmacia de aquí… —mascullé.

—Mmm, en todos mis años como aventurero, nunca he visto nada como esta panacea.

Se vendería por mucho, sin duda.

Pero ¿estás seguro de que quieres ponerlas a la venta?

Todas estas pociones llevan tu firma, ¿sabes?

—dijo Jackson.

—¿Crees que podría venir gente a buscarme para que les haga pociones?

—pregunté.

Su preocupación estaba justificada, para ser sincero.

Tal y como pensaba, estas pociones eran bastante raras, y la ventana de «Inspeccionar» indicaba muy claramente que yo era el creador.

«Seguro que hay más gente que se llame Ichiro en el mundo… ¿No?»
—Bueno, sí, eso podría pasar.

Pero si el señor Olliver las vende en su farmacia, podría decirles que simplemente eres su proveedor.

Los comerciantes siempre mantienen en secreto sus prácticas de negocio, así que eso podría disuadir a la gente de preguntar… —explicó Jackson.

—Yo… solo pensaba que serían útiles para ustedes, los aventureros que protegen la aldea, y los demás aldeanos… Todos han sido muy amables conmigo…
—Podríamos decir lo mismo de ti, Ichiro.

Si no fuera por ti, esta aldea habría sufrido una hambruna, ¡ajajá!

—dijo con una sonrisa.

—Pero estoy divagando… Deberíamos visitar al señor Olliver a ver qué piensa de esto.

Antes de ir a la farmacia del señor Olliver, le pedí a Jackson que me enseñara el valor del dinero.

Al principio pareció sorprendido, pero esa sensación se disipó rápidamente cuando recordó que yo no usaba el dinero para nada.

Sin embargo, estaba a punto de hacer negocios y no tenía ni idea de cuánto valían las monedas.

Me dio una explicación rápida, que fue la siguiente:
10 monedas de cobre = 1 de plata
10 monedas de plata = 1 de oro
10 monedas de oro = 1 de platino
10 monedas de platino = 1 moneda grande de platino
__________
Jackson y yo llegamos a la farmacia del señor Olliver.

Era un hombre bestia tigre que parecía bastante maduro, con el pelo canoso y bastante corpulento para ser farmacéutico.

Los hombres bestia eran una raza de personas que poseían rasgos animales.

Se decía que su estirpe provenía de la unión entre humanos y bestias legendarias, y parecía haber muchos tipos diferentes.

Nos conocíamos porque, de vez en cuando, le llevaba una bolsita llena de bayas verdes.

A cambio, él me daba huevos, ya que tenía dos gallinas en el patio trasero.

Sin embargo, no lo había visto mucho desde que empezó el invierno.

—¡Ah, pero si es Ichiro!

¡No creo que vengas a traerme bayas verdes, ¿a que no?!

—dijo el farmacéutico.

—Je, con toda esta nieve, no, señor Olliver.

Pero sí he traído algo… —le dije con una sonrisa.

—¡Bueno, adelante!

Si Jackson está aquí, debe de ser importante.

¡Ya me has picado la curiosidad!

¡Venga, enséñame!

Con la expectación del señor Olliver llenando la tienda, saqué los cuatro tipos de pociones y se las mostré.

Las inspeccionó una por una a conciencia, e incluso después de usar Inspeccionar, por alguna razón, siguió examinando el líquido con una lupa.

Lo hizo con una expresión muy seria, sin mostrar ni una pizca de sorpresa, a diferencia de Jackson.

—Emm… ¿Son buenas?

—pregunté, un poco cohibido por su sepulcral silencio.

—Ichiro… De verdad las has hecho tú, ¿eh?

—dijo el señor Olliver mientras me miraba directamente a los ojos.

Nos explicó, a Jackson y a mí, que estas pociones eran de «alta calidad», y que eso se reflejaba en sus nombres con el «(+)».

Por lo general, solo los alquimistas más experimentados podían elaborar tales pociones.

Entonces me enseñó la poción de curación normal que más vendía:
<Poción de Curación
Creador: Dr.

Lane
Poción que puede curar heridas.>
«¡¿Eso es todo?!

¡Qué descripción tan vaga!»
—Como puedes ver, esta poción no dice que cure LA MAYORÍA de las heridas, y tampoco cura el envenenamiento.

Para eso vendo un antídoto aparte —explicó.

Él conseguía esas pociones curativas normales de un proveedor en una ciudad llamada «Speranza» por cinco cobres cada una, más el envío, que podía tardar entre siete y diez días.

Luego, vendía esas pociones aquí por ocho cobres la unidad.

Me aconsejó que fuera a Speranza para vender las pociones allí, pero rechacé la idea al instante.

La única razón por la que estaba aquí, para empezar, era para no tratar con gente.

La Aldea Final era una excepción, pero Speranza era una ciudad grande y, sencillamente, no me apetecía.

Además, la razón principal por la que quería vender las pociones en la Aldea Final era porque quería que la gente de allí las usara, no porque quisiera el dinero.

Al principio, el señor Olliver parecía dudar.

Me dijo que, aunque me pagara el precio de mercado por esas pociones, la gente de la aldea no tenía suficiente dinero para permitírselas.

Pero, por otra parte, a mí no me importaba ganar dinero, así que le hice una oferta que no podría rechazar.

Le vendería mis «Pociones de Curación(+)» por cinco cobres cada una, la misma cantidad que pagaba por las normales.

Y lo mismo con las «Pociones de PM».

Las «Pociones de PM(+)», de las que tenía muchas menos que de las otras, se las vendí a ocho cobres la unidad, y la «Santa Panacea» a una moneda de plata cada una.

Por supuesto, el envío era gratis, ya que lo único que tenía que hacer era teletransportarme allí.

El señor Olliver se negó al principio, diciendo que su conciencia no le permitía estafar a un niño, pero lo convencí diciéndole que podía fabricar esas pociones prácticamente cuando quisiera.

Bueno, dependía de la estación, pero de todos modos tenía cientos de ellas almacenadas.

Sinceramente, el hecho de que al principio no quisiera aceptarlo porque creía que me estaba estafando fue para mí prueba suficiente de que era la persona adecuada a la que vendérselas.

Lo único que le pedí fue que mantuviera los precios bajos para que todos los aldeanos pudieran comprar una si alguna vez la necesitaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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