Mi esposo discapacitado es un multimillonario secreto - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Contrato nupcial
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2: Contrato nupcial 2: Contrato nupcial Al día siguiente, Carmen por fin había ideado una forma mejor de escapar sin que la encontraran.
Era arriesgado, pero no quería malgastar su vida por salvar una empresa que ni siquiera era suya.
Podrían considerarla egoísta, pero se dijo a sí misma que, si alguien se hubiera puesto en su lugar, su padre jamás habría aceptado esa propuesta de una inversión a cambio de un matrimonio.
No había cogido muchas cosas, pero justo cuando iba a salir por la ventana, la puerta de su habitación se abrió y vio a su padre.
Cuando este vio lo que ella estaba a punto de hacer, una oscuridad sin nombre cubrió sus ojos y ella ya supo lo que le esperaba.
—La única razón por la que no voy a castigarte es, simplemente, porque ya no eres mi responsabilidad y tu marido estará encantado de corregirte.
Es hora de casarse.
Firmarás tu contrato de matrimonio en mi despacho.
Solo un contrato de matrimonio, solo eso y nada más.
Toda esperanza se desvaneció y lo siguió.
Ninguna resistencia iba a ayudarla.
Cuando llegó frente al despacho de su padre, cuya puerta estaba entreabierta, vio a un hombre alto y con traje.
No podía albergar la esperanza de que fuera él, porque su marido era discapacitado.
—Hola, señorita, soy el abogado del Sr.
Felix Álvarez, estoy llevando el procedimiento matrimonial solicitado por el Sr.
Hugo Lutero.
Ni siquiera sabía quién era su marido y nadie se lo había dicho con exactitud.
Cogió el contrato de matrimonio y lo miró, angustiada.
Cada segundo que pasaba, esperaba que su padre le dijera que no tenía que firmar, pero la mirada en sus ojos le dejó claro que la inversión dependía de esa firma.
—¿Puedo tomarme un tiempo para leer?
—Mi inversión no va a esperar.
¡Deja la lectura a un lado y pon tu firma en este papel ahora mismo!
—gritó Javier.
Cogió un bolígrafo y firmó con mano temblorosa.
Parecía más un garabato que una firma, pero ese detalle no le importaba a nadie.
Acababa de sellar su destino con el de un hombre del que ni siquiera sabía qué aspecto tenía.
—¡Felicidades, señorita!
Ahora debo llevarla con su marido.
—Pero… —empezó ella, antes de que su padre la interrumpiera.
—Ahora eres una mujer casada y tu lugar está con tu marido, mi querida hija.
¡Buena suerte para el futuro!
Así de simple, con un chasquido de dedos ya no formaba parte de su familia.
Era la pesadilla que nunca esperó.
Su madrastra y su hermanastra la miraban con sonrisas de alegría, felices de haberse librado de ella.
—Por favor, dese prisa, Sra.
Álvarez.
Caminó deprisa para no hacerle perder el tiempo al abogado, que sin duda tenía cosas que hacer.
Mientras subía al coche y abandonaba la propiedad de su padre, una lágrima solitaria rodó por su mejilla.
Este era el final y ni siquiera sabía en qué mundo se estaba adentrando.
Cuando el coche finalmente atravesó la gran ciudad de Madrid, quedó cautivada por la belleza de la urbe.
Desde que nació, nunca había salido de Sevilla.
Podía admirarla todo lo que quisiera, pero sus pensamientos no podían desviarse de lo que le esperaba.
—Un pequeño recordatorio: puede ser frío, distante e incluso a veces verbalmente agresivo, así que tiene que encontrar la mejor manera de entenderlo y mantenerse siempre en buenos términos con él.
Una persona verbalmente agresiva podría terminar atacando físicamente y ella no tenía fuerzas para defenderse.
El miedo crecía más y más en su interior mientras imaginaba en qué se estaba metiendo.
—¿Qué edad tiene?
—Todavía tiene una copia de su contrato de matrimonio, puede consultarlo.
Lo sabía de sobra, pero le habría gustado que se lo dijera él para no tener que descubrirlo por sí misma.
Empezó a hojear el contrato de matrimonio y, a cada página, tragaba con dificultad.
Felix Álvarez, de treinta y dos años, sufrió un accidente de tráfico hacía tres años y mucha gente cree que está muerto.
No puede hacer ningún esfuerzo físico y no puede ver.
Se ha vuelto alérgico a la presencia humana y, sin embargo, los médicos piensan que eso es lo que le ayudará a mejorar, razón por la cual debía casarse.
Era solo una medicina para una persona que ya no quería seguir entre los vivos.
Todo era una locura.
—Me gustaría borrar mi firma de este documento, por favor.
—Ya es demasiado tarde, señorita.
Sin vuelta atrás, así que eso era lo que significaba.
No había forma de separarse de este hombre si él no lo decidía, tal y como había decidido lo del matrimonio.
Al infierno con su padre y su negocio.
Cuando el coche se detuvo al pie de un edificio, se bajó y descubrió que era un lugar muy modesto.
Después de todo, su marido era un hombre pobre que ni siquiera podía trabajar para alimentarse.
—¡Vamos!
Ella asintió y lo siguió al interior del edificio.
Ni siquiera había ascensor y las escaleras eran interminables.
Era un verdadero castigo para ella, sumado al peso del matrimonio.
Estaba a punto de sufrir un ataque de pánico cuando el abogado llamó al timbre y se dio cuenta de que habían llegado a la puerta que pronto sería la suya.
Se preguntó quién abriría, ya que se decía que él no podía sostenerse en pie.
Cuando oyó el sonido de una llave en la cerradura, la ca
beza empezó a darle vueltas sin control y se desmayó.