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Mi Harén de Vampiras lo Dominará Todo - Capítulo 1

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  3. Capítulo 1 - 1 Nunca apuestes contra la casa
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1: Nunca apuestes contra la casa 1: Nunca apuestes contra la casa Ezra Matten era el tipo de hombre que se esforzaba por saber la respuesta antes siquiera de que se formulara la pregunta.

Pero en ese momento, en la mesa de póquer del casino, se enfrentaba a un problema que incluso a su brillante mente le resultaba un desafío.

Había estado ganando sin parar, demasiado, y sabía lo que estaba pasando.

Era todo un montaje.

La casa le estaba dejando ganar.

Inflarían su ego y, cuando estuviera en la cima, lo aplastarían y lo harían caer en picado.

No podía permitir que eso sucediera.

Era su última oportunidad.

Su intento desesperado por salir del pozo de deudas que se había tragado su vida.

El crupier deslizó otra carta en su dirección y él echó un vistazo a su mano.

Estaba jugando esta partida con lo último de su dinero.

Eran todos los créditos que había podido reunir en un esfuerzo desesperado por conseguir dinero rápido.

Sus ojos recorrieron la mesa, evaluando las probabilidades e interpretando los tics de los demás jugadores.

Era hora de ser más listo que la banca.

Ezra siempre había tomado decisiones inteligentes en su vida.

Se crio en la pobreza, así que no le quedó más remedio.

Mientras los demás iban detrás de las chicas, él se mataba a estudiar para entrar en la facultad de Derecho.

Había sacrificado mucho para llegar a donde estaba y, cuando lo consiguió, ah, qué dulce fue.

A pesar de lo listo que era, bastó una estúpida decisión para arruinarle la vida.

Se enamoró de la mujer equivocada.

Emily.

Si lo hubiera sabido…

Cada día maldecía el día que la conoció.

Le había robado todas sus identificaciones y había pedido prestados millones de créditos a su nombre.

A la mañana siguiente, se había despertado con la cama fría y Emily se había ido.

Acudió a la policía, pero todavía no la han encontrado.

Para colmo, le había pedido el dinero a una empresa que era propiedad de una banda, y ellos, desde luego, no iban a dejar que la policía les impidiera recuperar su dinero.

Reprimió las ganas de suspirar.

Cuando Emily estaba con él, le aceleraba el corazón de amor.

Cuando lo dejó, se lo aceleró por el desengaño.

Pero ahora, el corazón de Ezra latía con fuerza por la partida que tenía delante.

La hora se acercaba y la trampa se estaba cerrando.

Solo era cuestión de qué trampa funcionaría.

La suya o la de la casa.

Había estado haciendo cálculos.

Había dejado que la mayoría de las cartas necesarias para una escalera real pasaran por sus manos y las había reemplazado con cartas inútiles que había introducido a escondidas.

Había manipulado todos los palos, excepto el de picas.

Finalmente, el crupier le repartió las cartas y él las miró.

¡Joder!

Ni una sola pica.

Tendría que confiar en sus dotes de actor.

Que empiece la función.

—Escalera real —susurró, como para sí mismo, pero con una voz diseñada para que toda la mesa lo oyera.

Exageró su alegría, una amplia sonrisa se extendió por su rostro mientras golpeaba las cartas contra la mesa.

—Caballeros, creo que esta es mi noche —dijo con confianza.

Se reclinó en su silla, riendo como si el mundo estuviera en sus manos.

Los jugadores a su alrededor se removieron incómodos en sus asientos.

Ya habían sentido su buena suerte en sus bolsillos y esa confianza solo podía significar una cosa.

Ezra observó cómo la duda se reflejaba en sus ojos.

Se miraron unos a otros, dubitativos.

Lentamente, con la confianza de un hombre que ya había ganado, empujó todas sus fichas al centro de la mesa.

—Voy con todo.

—Miró al crupier, que fruncía ligeramente el ceño.

Hasta ahora, todo bien.

Los otros jugadores no dejaban de alternar la mirada entre él, sus cartas y los demás.

El corazón de Ezra latía como un loco mientras observaba.

Era tan fuerte que se preguntó por qué nadie más podía oírlo.

—¡A la mierda!

—Uno de los jugadores, de pelo rojo alborotado y barba rala, golpeó sus cartas contra la mesa y le dirigió al crupier una mirada de irritación—.

No voy.

De no ser por su autocontrol, Ezra habría suspirado de alivio en ese mismo instante.

Ese tenía que ser el infiltrado de la casa en la mesa.

Al rendirse uno, los demás lo siguieron.

Uno por uno, se retiraron, incapaces de quitarse de la cabeza la idea de que Ezra tenía la mano imbatible que decía tener.

Cuando el último jugador se retiró, Ezra exhaló lentamente y recogió el bote con manos temblorosas.

Había conseguido el respiro suficiente hasta el próximo pago.

Su actuación había dado sus frutos.

Se puso de pie, fingiendo indiferencia mientras recogía sus ganancias, con cada fibra de su ser concentrada en mantener la farsa hasta estar a salvo fuera del casino.

Ezra caminó a paso ligero hacia la caja, planeando ya sus siguientes movimientos.

Por ahora, necesitaba mantener un perfil bajo y convertir el efectivo en algo menos rastreable.

Luego, pagaría las deudas más apremiantes y buscaría otros casinos para probar suerte.

Tras cambiar sus fichas por dinero, salió del casino y se dirigió directamente a su coche flotante.

Miró a ambos lados antes de meterse en un callejón cercano, con la intención de tomar un atajo hasta donde había aparcado su coche flotante de segunda mano, a unas pocas manzanas de allí.

Si iban a atracarlo, ese era el lugar perfecto.

Como si esa fuera la señal, oyó pasos detrás de él.

Se giró justo a tiempo para ver una figura salir de la oscuridad, con una sonrisa en el rostro.

—¿Creías que podías irte sin más, eh?

—El matón se rio de Ezra.

Era el infiltrado pelirrojo de la mesa—.

Por desgracia para ti, los Huérfanos Rojos nunca olvidan.

A Ezra se le encogió el corazón.

Había oído rumores sobre los Huérfanos Rojos, sus tácticas despiadadas y su naturaleza implacable.

Sabía el peligro que corría.

—Escucha, no quiero problemas —dijo, levantando las manos en señal de rendición.

En ese momento, supo que el dinero estaba perdido—.

Coge el dinero.

Solo déjame marchar.

El matón se rio, un sonido áspero que resonó por todo el callejón.

—No es solo por el dinero, genio.

Nos has avergonzado.

Nos has hecho quedar como tontos.

Y eso no lo podemos permitir.

El hombre se abalanzó, y el brillo de un cuchillo en su mano captó la tenue luz de la calle.

El dolor estalló en el costado de Ezra cuando la hoja encontró su objetivo.

Jadeó y retrocedió tambaleándose contra la pared.

El matón cogió la bolsa del dinero antes de registrarle los bolsillos a Ezra.

—Considera esto una lección —se burló el hombre antes de apuñalarlo dos veces más y desaparecer de nuevo en la noche.

Ezra se desplomó en el suelo, agarrándose la herida.

Podía sentir cómo las fuerzas abandonaban su cuerpo y su visión comenzaba a nublarse.

Su mente buscaba frenéticamente la solución a este problema, pero no se le ocurría nada.

No se suponía que acabara así.

Se había pasado la vida estudiando solo para poder ir siempre un paso por delante, pero esta vez, ni siquiera sabía adónde llevaba ese camino.

Suspiró mientras su visión se oscurecía aún más.

Era el final del camino para él.

¡Clac!

¡Clac!

¡Clac!

¡Clac!

El sonido de unos zapatos resonó por el callejón mientras alguien se acercaba.

Frunció el ceño.

¿Venía la Parca a por su alma?

Entonces, ¿por qué llevaba tacones?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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