Mi Harén de Vampiras lo Dominará Todo - Capítulo 146
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146: Sálvame 146: Sálvame Ezra silbaba mientras miraba por las ventanas de su despacho.
Estaba de pie, con la chaqueta colgada en el respaldo de la silla y las manos en los bolsillos.
Detrás de él, Ava terminaba su informe verbal.
Aunque fuera un hombre en guerra, había que mantener las apariencias, así que estaba en el trabajo.
Un atisbo de sonrisa cruzó sus labios al recordar los sucesos de hacía dos noches.
—Ava —la llamó—, el tiempo es fantástico, ¿verdad?
Un día radiante y todo eso, ¿no?
Ava se tomó un momento para mirar afuera, confundida.
La lluvia salpicaba con fuerza el cristal, ocultando el habitual lienzo de rascacielos.
—Eeeh…, si usted lo dice, señor —respondió.
—Muy bien —asintió Ezra—.
Puedes retirarte.
—Mientras Ava se iba, Ezra se sentó en su silla, silbando la letra del nuevo éxito del popular grupo de chicas A X E—.
Vamos, vamos, nena, ¿no lo ves?
Esta noche vamos con todo, solo tú y yo.
Era una canción que ni muerto lo pillarían cantando en público, pero estaba completamente solo.
Nada podía arruinarle el humor.
—Las luces brillan, los corazones laten libres.
Vamos, vamos, hagamos que sea históri- ¡ark!
—se atragantó Ezra cuando, de repente, el aire vibró y se distorsionó, y X apareció frente a él, con una presencia abrupta.
—¡Qué coño, tío!
—alzó la voz Ezra, exasperado—.
Podrías haber llamado como una persona totalmente normal, ¿sabes?
—Ezra —dijo X, adelantándose e inclinándose sobre el escritorio de Ezra, con voz grave y apremiante—.
¿De verdad vas a aliarte con Griffin?
Una sonrisa socarrona asomó por la comisura de los labios de Ezra mientras miraba la máscara de X.
—¿Quieres que responda a eso?
Podría.
—La sonrisa se formó por completo mientras le devolvía a X sus propias palabras—.
¿Pero qué gracia tiene eso?
—Ezra Matten —gruñó X, con voz grave y cargada de advertencia.
—Aunque hay una cosa que me mosquea —dijo Ezra, recostándose en su silla, en tono casual—.
Parece que consigues información muy rápido siempre que se trata de Griffin.
Me hace preguntarme…
X se puso rígido y Ezra se rio.
—¿Le sirves de cerca, no es así?
¡Ja!
Ahora tiene sentido.
Griffin siempre fue el que movía tus hilos.
Sabía que nadie en su sano juicio le prestaría a un loco como tú doscientos millones de créditos.
Ezra se levantó y se giró para mirar la lluvia torrencial.
—Así que Griffin supo lo de Valaren todo el tiempo.
Me lo imaginaba.
Es demasiado codicioso por su propio bien.
La verdadera pregunta es…
—se giró para mirar a X—, ¿por qué quieres que tu amo sea derrotado?
Las manchas oscuras de la máscara de X parpadearon, revelando unos ojos con un atisbo de locura.
X se encorvó sobre sí mismo, mientras de él escapaban susurros.
—No.
No.
No.
No.
Por favor…
—parecía susurrar para sí mismo.
—Ayúdame…
sálvame…
alguien, por favor.
—Los susurros eran apenas audibles, pero tenían un tono espeluznante y desesperado.
El repentino cambio en el comportamiento de X pilló a Ezra desprevenido.
—¿Qué te pasa, X?
¡Espabila!
X se abalanzó de repente hacia delante, agarrando la mano de Ezra por encima del escritorio, aunque su máscara seguía mirando al suelo.
—¡Ayúdame!
¡Sálvame!
¡Por favor!
—¿Pero qué infiernos celestiales…?
—dijo Ezra, retrocediendo un paso—.
Resuelve tu propia mierda, tío.
La mirada de X se volvió bruscamente hacia Ezra, y la locura fue reemplazada momentáneamente por la ira.
—No te hagas el inocente conmigo, Ezra Matten.
Tienes una deuda conmigo.
La ira de Ezra estalló y su voz se alzó.
—No te debo nada, X.
Cierra la puta boca y lárgate de aquí.
Lárgate y resuelve tus problemas tú solo.
X se rio, y todo su cuerpo se sacudió mientras soltaba el brazo de Ezra.
—Solo estás negando la realidad, Ezra Matten.
¿No lo recuerdas?
La expresión de Ezra se ensombreció.
—¿Recordar qué?
No quiero oír tus tonterías.
Lárgate de aquí.
¡LÁRGATE DE UNA PUTA VEZ DE AQUÍ!
—gritó, casi con desesperación.
No quería oír lo que fuera que X tuviera que decir.
Podía sentir la deuda no identificada en su alma latiendo sutilmente.
—¿Recuerdas cómo te salvé de una muerte segura a manos de las Chicas de la Floristería?
—se rio X—.
Eso creó una deuda de sangre, Ezra Matten.
Y ahora, tienes que pagar.
Mientras X hablaba, Ezra sintió una fuerza innegable en su interior, una marca brillante en su alma.
La deuda de sangre.
Brillaba, clara e ineludible.
—¡Hijo de puta!
—gruñó, abalanzándose para atacar a X, pero un peso invisible lo retuvo.
La risa de X resonó por la habitación.
—Mientras la deuda exista, no puedes tocarme —se burló X—.
No puedes ponerme un dedo encima.
No hasta que yo ataque primero.
Así funciona una deuda de sangre, Ezra.
Somos vampiros.
La sangre es sagrada para nosotros.
—¡Jódete!
¡Jódete, X!
—hirvió Ezra de frustración, con los puños apretados—.
¿Qué quieres de mí?
¿Matar a Griffin?
¡Sabes tan bien como yo que no puedo hacer eso, hijo de puta!
Las manchas oscuras de los agujeros para los ojos de la máscara de X desaparecieron por completo, revelando unos ojos que brillaban con locura mientras se inclinaba más cerca.
—Quiero que me salves de Griffin, Ezra Matten.
Pido esto para que la deuda sea saldada.
Ezra sintió que la deuda en su alma se agitaba ante esas palabras, una fuerza vinculante que lo obligaba a cumplir la exigencia.
La risa de X se hizo más fuerte, más desquiciada, mientras retrocedía y se desvanecía tan repentinamente como había aparecido, dejando a Ezra a solas con los ecos de su locura.
Ezra estrelló el puño contra el escritorio, y la madera se partió en astillas bajo la fuerza del golpe.
La deuda pesaba sobre él, una cadena invisible que lo ataba a los retorcidos deseos de X.
La mente de Ezra iba a toda velocidad, tratando de armar un plan.
No podía permitirse ser un peón de Griffin, ni podía permitir que la locura de X dictara sus acciones.
Estaba librando una guerra y no podía permitir que esto lo obstaculizara.
Necesitaba recuperar el control.
Pero al sentir el peso de la deuda en su alma, supo que no era algo que pudiera echarse a un lado fácilmente.
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