Mi Harén de Vampiras lo Dominará Todo - Capítulo 245
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Capítulo 245: Pacto pérfido
Ivo y Armand estaban sin camisa, esperando en las sombras del edificio de la esquina.
Armand miró hacia el cielo, con los ojos fijos en la luna. Se cruzó de brazos, que eran imponentes. —¿Llega tarde, ¿no?
—Ni que lo digas —dijo Ivo apoyándose en la pared.
—¿Acaso va a venir? —bufó Armand.
—No te preocupes —le aseguró Ivo a su mejor amigo—. Vendrá.
En ese momento esperaban al conde Solomon. El hombre había solicitado la visita él mismo. Ivo sonrió con suficiencia mientras su mente regresaba al momento en que él y Armand conocieron a Solomon en sus dominios.
**********
Solomon se reclinó en su silla con los dos hombres sentados frente a él, juntando las yemas de los dedos. Sonrió, sin permitir que la gravedad de la propuesta asomara en su rostro.
Controlar el Pozo de Ascensión era poseer una llave para el poder y el control, pero el coste, apoyar un golpe de estado contra Yuri, no estaba exento de sus propios riesgos.
—Debo decir que su oferta es audaz —dijo Solomon al cabo de un momento, con voz fría—. Quieren dos condados a cambio del Pozo de Ascensión.
—Es un intercambio justo, ¿no? —preguntó Ivo, con una sonrisa en el rostro. Era innegable que Solomon estaba interesado en la oferta y eso significaba que aquello era una negociación.
—Por supuesto que no —bufó Solomon—. No solo van a conseguir un condado cada uno, sino que también tendrán mi apoyo para reclamarlos.
—Esto implica usar a mis súbditos para asegurar que la Zona Sur y el Lado Oeste sean suyos. Tendré que mantener a raya a Vladimir, controlar a mi propia gente y aplastar a cualquier disidente en los territorios que quieren. Todo lo que saco de esto es el Pozo de Ascensión. Eso no es la definición de un intercambio justo.
Ivo y Armand observaron al conde durante un momento antes de que Armand se inclinara hacia delante. —¿Qué quiere sacar usted de este trato?
—Denme el pozo y no interferiré —sonrió Solomon—. No me uniré a la lucha por la Zona Sur o el Lado Oeste. ¿No es bastante justo?
—Ahora está intentando estafarnos, ¿no es así? —rio Ivo—. ¿Que le demos el pozo para que se quede de brazos cruzados? Eso no va a pasar, ¿verdad?
—Por supuesto que no. Sería una estupidez, ¿a que sí? —se unió Armand a la risa.
No había garantía de que, una vez se asentara el polvo, Solomon no fuera a atacarlos, reclamar todos los territorios y convertirse en el Señor de la Ciudad en todo salvo en el nombre. Necesitaban algo para frenarlo. Una lucha para desangrar su poder.
—Contraoferta —dijo Ivo, cruzándose de brazos—. Le daremos el pozo. A cambio, hará dos cosas. Primero: no interferirá en la lucha por la Zona Sur y el Lado Oeste. Nos encargaremos nosotros mismos. Pero también mantendrá esta no interferencia durante un año, a menos que lo ataquen primero. Puede hacerlo, ¿no?
—¿Y la segunda? —preguntó Solomon, con los ojos brillando de diversión.
—Mantenga a Vladimir fuera de la lucha también —sonrió Ivo con suficiencia—. Todo lo que tiene que hacer es quedarse quieto y vigilar unas cuantas fronteras, y cuando todo acabe, se quedará con el Pozo de Ascensión. La paga de una semana por el trabajo de un día, ¿no es así?
—Ya veo —asintió Solomon—. Un plan muy bueno. Pero ¿por qué debería confiar en que ustedes dos cumplirán su parte? Matar a Yuri dejaría un vacío de poder. Un vacío que podría consumirlos a ambos con facilidad. ¿Y si desangro a mis súbditos para mantener a raya a Vladimir y ustedes acaban muertos? Me quedaré sin pozo.
Ivo sonrió con suficiencia, sabiendo que tenían a Solomon en el anzuelo, mientras Armand asentía, como si esperara la pregunta. —¿No estamos preparados para darle el control de la seguridad del Pozo como señal de nuestro compromiso? Una vez que Yuri esté fuera de juego y las regiones se estabilicen rápidamente, puede llevarse el pozo. ¿Qué le parece?
Solomon consideró sus palabras, con la mirada fija en los dos vampiros mientras su mente trabajaba, calculando riesgos, costes y beneficios.
Finalmente asintió, decidiéndose. —Todo eso está muy bien, pero ¿qué garantía tengo de que una vez que ambos se conviertan en Condes, no se volverán contra mí? El poder cambia a mucha gente.
—Somos hombres de palabra, Solomon —dijo Ivo con tono firme—. Y reconocemos los beneficios de tener un aliado poderoso. Nuestro liderazgo en la Zona Sur y el Lado Oeste será una protección para sus intereses frente a otras amenazas. Una ciudad unida es mucho mejor que una dividida, ¿no cree?
—Muy bien —dijo finalmente Solomon, levantándose de su asiento para significar la gravedad de su decisión—. Acepto su propuesta. Actuaremos juntos en esto. Pero quiero un juramento de sangre. No es mucho pedir, ¿verdad? Todos queremos proteger nuestros intereses.
Ivo y Armand se pusieron de pie, habiendo alcanzado un entendimiento mutuo. —Entonces tenemos un acuerdo —dijo Ivo—. Hagamos un juramento de sangre.
**********
Ivo volvió bruscamente al presente cuando los faros de un coche flotante iluminaron brevemente su posición al entrar en la calle.
Sin hacer ni un solo ruido, redujo la velocidad hasta detenerse frente al edificio y, con un clic, los faros se apagaron.
Ivo parpadeó, mirando el lujoso coche. ¿Por qué demonios traería Solomon un coche que llama tanto la atención a la Zona Sur? ¿Intentaba delatarlos?
—¿Qué coño está haciendo? —siseó Armand.
La puerta del lado del conductor se abrió y Solomon salió, vestido con un elegante traje oscuro y gafas de sol oscuras.
—Hola, caballeros —saludó, con una sonrisa victoriosa en el rostro.
—¿Qué coño, Solomon? —dio un paso al frente Ivo—. ¿Querías que todo el mundo supiera que estamos aquí?
—Caballeros, soy un Conde —rio Solomon por lo bajo—. Deberían alegrarse de que haya conducido yo mismo hasta aquí.
—Esto no es Centrefield —frunció el ceño Ivo—. Estamos en el corazón de la Zona Sur. La única razón por la que has podido poner un pie aquí es porque Yuri no sabía que venías. Que siga así, ¿vale?
—Lo que digan, señores —caminó Solomon lentamente hacia el frente del edificio—. Estoy aquí para reclamar la seguridad del Pozo de Ascensión y nada más.
Sonrió con suficiencia.
—Vamos.
Ivo y Armand guiaron a Solomon a través de la entrada principal del edificio, y la pesada puerta crujió al cerrarse tras ellos.
Desde fuera, uno pensaría que el edificio estaba ocupado y lleno de vida y actividad. Pero al entrar, la verdad fue revelada.
El edificio estaba vacío, sin rastro de la vida que su alegre exterior había sugerido. Mientras caminaban, sus pasos resonaban en el espacio hueco, rebotando en las paredes desnudas a medida que se adentraban en el edificio.
Los dos mejores amigos guiaron a Solomon hasta el sótano, donde abrieron la puerta a una estrecha escalera. Entraron, y el aire se volvió más frío a medida que descendían a los niveles subterráneos del edificio.
Las escaleras parecían extenderse hasta el infinito, serpenteando cada vez más profundo en la tierra hasta que llegaron a un largo pasillo en el fondo.
Ivo y Armand encabezaron la marcha por el pasillo hasta que llegaron a una puerta cerrada. La puerta era de hierro grueso, su superficie diseñada con hermosas y delicadas runas que parecían pulsar débilmente con luz propia en la oscuridad casi total.
En el centro de la puerta había un árbol grueso y nudoso. El símbolo del progenitor.
Los ojos de los vampiros brillaron con un intenso color rojo mientras la inspeccionaban.
Solomon se detuvo un momento y recorrió las runas con la mirada. Se rio entre dientes, maravillado por la artesanía. —Una cerradura progenitora —murmuró, casi para sí—. Debería haberlo sabido.
Ivo, al percatarse de su expresión, sonrió con aire de superioridad. —¿Impresionante, verdad? —preguntó, con una diversión evidente para todos.
—Yuri tiene suerte —asintió Solomon, aunque su mente iba a toda velocidad—. No muchos Condes poseen cerraduras progenitoras y ella consiguió la suya gratis —admitió, con una voz que delataba un toque de envidia.
—Dudo que sea gratis —dijo Ivo con una sonrisa de superioridad—. No me sorprendería que Itachi viniera un día y pidiera que le devolvieran su cerradura. ¿Por qué tiraría algo tan valioso como una cerradura progenitora?
—No lo hará —Armand dio un paso al frente y apoyó la mano en la superficie de la puerta—. Esta cerradura es tan segura que solo tres personas en la ciudad pueden abrirla: Yuri, Ivo y yo. Cuando te añadamos, seremos cuatro. ¿No es increíble?
Solomon se mofó para sus adentros, manteniendo una expresión neutra.
«Cuatro, sí, cómo no», pensó para sí, sabiendo perfectamente que había otro vampiro en la ciudad que podía abrir la cerradura, estuviera sintonizado con ella o no.
Ezra Matten. El vampiro que había robado lo que era suyo por derecho y se había convertido en príncipe en su lugar. Pero se guardó ese conocimiento para sí mismo e hizo un gesto impaciente para que continuaran.
—Sigamos con esto —dijo, con voz cortante por la impaciencia.
Ivo y Armand intercambiaron una breve mirada de diversión antes de que Ivo se volviera hacia la puerta.
—Muy bien. El proceso es bastante simple —explicó Ivo—. La cerradura requiere tu tacto para sintonizarse contigo. Tardará unos instantes y durante ese tiempo no podrás quitar la mano de su superficie.
—Pero no te preocupes. Estarás a salvo de cualquier tipo de ataque mientras se lleva a cabo la sintonización. Cuando el proceso se complete, serás añadido a los que pueden abrirla.
—Yo comenzaré el proceso —asintió Ivo y colocó la mano en la puerta.
La puerta zumbó débilmente; el sonido era un poco fuerte en el pasillo. Empezó a brillar con una suave luz dorada que iluminó el lugar.
Las runas de su superficie parecieron cobrar vida, pulsando rítmicamente como si fueran un corazón latiendo. Solomon observó a Ivo con atención en busca de cualquier señal de un suceso inesperado, pero la expresión de Ivo era tranquila.
Tras unos segundos, Ivo retiró la mano y la puerta siguió brillando, esperando el siguiente contacto.
—Tu turno —dijo Ivo, haciéndose a un lado para dejarle sitio a Solomon—. ¿O es que tienes miedo?
—¿Qué tonterías estás diciendo? —Solomon hizo una pausa, con el ceño fruncido.
—Ah, sí —Ivo levantó un dedo—. Un consejo. Pase lo que pase, no llames la atención.
—¿Qué? —preguntó él, confuso.
—Ya lo verás —Ivo le dedicó una sonrisa críptica y superior.
Solomon se apartó del hombre y dio un paso adelante, de cara a la puerta. Estaba más cerca que nunca de poseer el pozo de la Ascensión. Pasara lo que pasara, estaba preparado.
Se armó de valor y se acercó a la cerradura, con su vitalidad agitándose en su interior como una tormenta. A pesar de la calma que proyectaba, no estaba tranquilo por dentro. Sentía una mezcla de miedo, nerviosismo, emoción y expectación, todo ello hecho una bola y atascado en su pecho.
Extendió lentamente la mano y la apoyó en la fría superficie metálica de la puerta. El brillo dorado se intensificó, antes de cambiar a un rojo brillante cuando la cerradura empezó a sintonizarse con la presencia de Solomon.
—¿Eso es todo? —frunció el ceño—. No siento na…
El mundo desapareció en un instante, reemplazado por una oscuridad donde la ilusión de la luz jugaba en el borde de su visión periférica. Parpadeó y luego cerró los ojos, pero la luz permaneció. Sintió la extraña sensación que lo había invadido, sabiendo que estaba en otro lugar y, al mismo tiempo, en el mismo sitio donde había estado.
Entonces, todo cambió.
Un ser inimaginablemente vasto y antiguo apareció como si siempre hubiera estado allí, esperando en el mismísimo borde de su conciencia.
Sintió respirar al ser y su mente se deshizo un poco. Cada inhalación era como los ríos del tiempo, fluyendo en reversa, desandando el camino recorrido. Cada exhalación era como un sello en el pergamino de todo lo que había sido y todo lo que llegaría a ser. Un destino grabado en piedra, un porvenir reescrito.
Por un momento, Solomon sintió lágrimas de sangre correr por sus mejillas ante la belleza de todo aquello. No había palabras que pudieran expresar lo que estaba viendo. Ninguna pintura podría convertirlo en algo tangible.
Era estimulante y aterrador al mismo tiempo.
Su vitalidad se agitó en su interior como un perro que se encuentra con su amo. Sus cinco anillos resonaron con su poder.
Este… era el guardián de todo.
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