Mi Harén de Vampiras lo Dominará Todo - Capítulo 256
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Capítulo 256: Alianza peligrosa
Ivo aparcó su caro coche flotante en el callejón tenuemente iluminado junto a Capital Ascendente.
El resplandor de la ciudad proyectaba largas sombras, pero el callejón estaba en silencio, oculto a los ojos de cualquiera que pudiera preguntarse qué asuntos le traían por allí a tales horas.
Salió del vehículo, y sus músculos se marcaron de forma impresionante mientras inspeccionaba el imponente edificio que tenía delante. La alta estructura de cristal relucía incluso bajo el velo de la noche, un símbolo de poder y riqueza. Capital Ascendente, el imperio de Yuri y, pronto, el suyo.
Se movió con rapidez, dirigiéndose hacia una entrada privada que había utilizado muchas veces. Era una ruta que pocos conocían, reservada para quienes tenían asuntos que debían permanecer extraoficiales. No deseaba llamar la atención esa noche. No cuando su visita distaba mucho de ser inocente.
Al entrar en el edificio, recorrió sus pasillos con una soltura experta, esquivando las cámaras de seguridad con el paso seguro de un hombre que había hecho aquello demasiadas veces.
El personal era mínimo a esa hora, y los presentes nunca se percataron de su presencia debido a los desvíos que tomó para no ser visto. Cada paso estaba calculado, cada giro era deliberado.
Pronto, Ivo llegó al ascensor en la parte trasera del edificio. Pulsó el botón, entró y observó cómo se cerraban las puertas. Su pie, calzado con una zapatilla deportiva, golpeteaba contra el suelo mientras ascendía a la última planta, donde se encontraba el despacho del CEO.
El silencioso zumbido del ascensor era el único sonido en la quietud de la noche. Aprovechó ese momento para admirar su físico, sabiendo que sería inmortalizado y que ni siquiera necesitaba hacer ejercicio con regularidad. Podía comerse cien hamburguesas sazonadas con sangre y todo seguiría estando genial.
Un «ding» del ascensor lo sacó de sus pensamientos. Las puertas se abrieron con suavidad para dar al mismo largo pasillo que había visto incontables veces. No por la bonita decoración y las elegantes luces del pasillo, sino por el despacho al que conducía.
Ivo recorrió el pasillo hacia el despacho de Amara, con sus pasos silenciosos sobre la mullida alfombra. No llamó al llegar a la puerta; nunca lo necesitaba. Amara siempre sabía cuándo iba a venir.
Dentro del lujoso despacho, Amara estaba sentada tras su escritorio, con el tenue resplandor de su ordenador iluminándole el rostro. Los grandes ventanales que iban del suelo al techo a su espalda estaban cubiertos tanto por la tecnología de camuflaje del edificio como por unas gruesas cortinas.
Ella levantó la vista cuando él entró, y una amplia sonrisa se dibujó en sus labios.
Ivo cruzó la habitación a grandes zancadas y Amara se levantó para recibirlo. Sus labios se encontraron en un beso apasionado, y el ardor de su aventura secreta consumió la tensión de la noche.
Por un momento, todo lo demás se desvaneció. La guerra, Yuri, sus retorcidos planes. Solo estaban ellos dos, fundidos en un abrazo apasionado. Las manos de Ivo vagaron, apretando pechos y amasando nalgas. Amara lo atrajo más hacia sí, y sus lenguas se entrelazaron hasta ser una.
Al poco tiempo, ambos estaban desnudos y los gemidos llenaron la estancia. El aire se fue congestionando lentamente con el ruido del placer, el choque carnal de la carne contra la carne y la continua acumulación de vitalidad.
Una hora después, ambos tenían más vitalidad que al empezar la noche. Ivo sonrió, poniéndose los pantalones de chándal, mientras observaba el maravilloso culo de Amara antes de que quedara oculto por su habitual vestido negro.
No pudo resistirse y capturó sus labios en otro beso largo y profundo. Cuando finalmente se separaron, Amara señaló los cómodos sofás cerca del centro del despacho. Se acomodaron allí, abrazándose confortablemente.
—¿Qué ocurre, mi amor? —preguntó Amara con el ceño fruncido—. Puedo verlo en tu cara por mucho que intentes ocultarlo.
Ivo suspiró. —Es por Yuri. Puedo hablarte de ella, ¿verdad? —preguntó con tono serio.
Amara se inclinó hacia él, con la curiosidad brillando en sus ojos oscuros. No se molestó en responder a la pregunta de Ivo, muy consciente del tic verbal que su amante compartía con su mejor amigo. —¿Qué ha hecho ahora?
A Ivo se le tensó la mandíbula. —Está considerando entregar a Ezra Matten. Para acabar con la guerra. ¿No es… absurdo?
Amara parpadeó, sorprendida. —¿Entregarlo? ¿A quién?
—No estoy seguro —respondió Ivo, pasándose una mano por el pelo—. Quizá a Vladimir. A Solomon, definitivamente no. Él no nos traicionaría, ¿o sí? ¿O acaso tiene alguna forma de romper juramentos de sangre?
—No importa. Yuri está siendo imprecisa, pero habla de paz. Y si la consigue, complicará todo. Si no hay guerra, será más difícil regular la lucha por el trono de la Zona Sur una vez que ella esté fuera de juego. Todo el mundo querrá un trozo del pastel, ¿no es así?
Amara entornó los ojos mientras asimilaba la información. —¿Y cuál es el plan? ¿Qué hacemos ahora?
Ivo se movió ligeramente en el sofá, y su mirada se endureció. —Necesito saber si Capital Ascendente está lista. ¿Has consolidado tu control?
Amara sonrió lentamente, con un toque de orgullo en la voz mientras le acariciaba el pecho descubierto. —Por supuesto. Todo lo vinculado a Capital Ascendente está ahora bajo mi control. Todos los activos, los registros financieros, todo. Me he posicionado a la perfección.
Ivo sintió una oleada de alivio. El plan seguía en marcha. —Bien —dijo, reclinándose en el sofá—. Entonces, cuando llegue el momento, ¿podrás apoderarte de todos los activos de Yuri a través de la empresa?
Amara asintió con confianza. —Con una sola orden, puedo transferir la propiedad. Incluso si Yuri sigue viva, puedo dejarla paralizada financieramente. No sabrá ni qué la ha golpeado.
Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Ivo al oír sus palabras. Era exactamente lo que necesitaba oír. Alguien dispuesta a mover cielo y tierra por él y solo por él, no una zorra compartida que se cree por encima de todos.
Pero entonces, la sonrisa se desvaneció cuando el peso de su frustración volvió a instalarse. —Necesito moverme más rápido por mi parte —dijo, bajando la voz—. No sé de cuánto tiempo disponemos antes de que decida negociar la paz. Si lo hace, su posición no hará más que fortalecerse. No podremos deshacernos de ella, ¿o sí?
—Tendré que hacer que Ezra desconfíe de ella. Quizá filtrar sus intenciones para con él. Estoy cien por cien seguro de que él tampoco está completamente de su lado. Thor es listo. Se mantendrá al margen. Solo tenemos que ofrecerle a A X E el mismo trato que tenían con Yuri y se pondrán de nuestro lado, seguro.
—A Ezra Matten probablemente se le puede contentar con unas cuantas promesas y algo de dinero. Conozco a los de su tipo. Le garantizas su paz y tranquilidad y nos entregará el Lado Oeste. Se lo daremos a Armand, le asignaremos unos cuantos Súbditos y estará contento.
—El problema es Helena. No hay nada que pueda darle para satisfacerla. Es ambiciosa y, con los guardianes respaldándola, probablemente luchará contra mí para convertirse en la soberana de la Zona Sur. Pero podremos con ella, ¿verdad? —Tras un momento, suspiró, y sus hombros se hundieron.
Amara lo estudió un momento, mientras sus dedos le rozaban ligeramente el brazo. —Veo lo tenso que estás, Ivo. ¿Qué es lo que te preocupa de verdad?
Ivo se ablandó ligeramente ante su contacto y volvió a suspirar. —Estoy cansado de esperar. Llevamos demasiado tiempo jugando a este juego, y quiero que desaparezca. Quiero la libertad que hemos estado planeando. Y ahora, está tan cerca. Si consolida su gobierno, será más difícil arrebatárselo todo, ¿no crees?
La expresión de Amara se tornó seria mientras se inclinaba más hacia él. —Entonces actuaremos pronto. Cuando me des la señal, estaré lista. Lo tomaremos todo. Sus activos, su poder. La Zona Sur será tuya.
Los ojos de Ivo brillaron mientras la imagen flotaba en su mente. —Tiene que ser pronto.
Amara asintió. —Lo será.
Compartieron un breve silencio, cada uno repasando el plan en su cabeza. Ya no se trataba solo de una aventura o de ambiciones personales. Se trataba de control, poder y de apoderarse de un futuro que ambos anhelaban.
La voz de Ivo se suavizó al encontrarse con su mirada. —Cuando Yuri desaparezca, tendrás el puesto que mereces. Me aseguraré de ello —prometió.
Amara sonrió, aunque había un matiz peligroso en su sonrisa. —Cuento con ello.
Ivo se puso de pie y se estiró mientras se preparaba para marcharse. —Estate lista. Va a ocurrir pronto, ¿de acuerdo?
Compartieron un último y profundo beso, uno lleno de la pasión de su ambición compartida y del peso de los riesgos que estaban asumiendo.
Luego, con una última mirada, Ivo se escabulló del despacho, asegurándose de que su partida fuera tan sigilosa como su llegada.
Mientras salía de Capital Ascendente, el fresco aire nocturno lo recibió una vez más. Su vitalidad rugía en su pecho y su mente estaba despejada. Todo estaría en su sitio. El plan se desarrollaría pronto, y la muerte de Yuri sería la llave para abrir su futuro.
Subió a su coche, con las luces de la ciudad parpadeando a su alrededor mientras se alejaba, seguro de que, de un modo u otro, el reinado de Yuri llegaría a su fin. Y la Zona Sur sería suya.
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