Mi Harén de Vampiras lo Dominará Todo - Capítulo 57
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57: Un juego de gato y ratón 57: Un juego de gato y ratón Gen se acercó a la casa de Iván, con los sentidos agudizados.
Sabía que la mansión se erigía en una propiedad privada a las afueras de la ciudad, una grandiosa estructura enclavada en medio de varias hectáreas de terreno y rodeada de espesos árboles.
Era el escondite perfecto para alguien con las habilidades de Iván como especialista en tecnología y demoliciones del equipo.
Un lugar donde probar explosiones sin que vecinos entrometidos averiguaran a qué se debía todo ese ruido.
También se convertiría en el lugar perfecto para silenciar una amenaza antes de que se hiciera demasiado grande.
La pregunta era ¿quién sería silenciado?
¿Ella o él?
Bueno, la respuesta era simple.
Él.
Pero, al menos, se divertiría en el proceso.
Gen respiró hondo y luego escaló la valla con facilidad; su agilidad le permitió superar la barrera en silencio.
Aterrizó suavemente al otro lado y su velocidad mejorada la llevó rápidamente hacia la casa.
Avanzó rápidamente entre los árboles, sonriendo al sentir el viento en la cara.
Cuando se acercaba a la mansión, una explosión repentina hizo añicos el silencio.
Un árbol cercano estalló en llamas y la onda expansiva derribó a Gen.
Giró en el aire y aterrizó de pie, aunque sufrió algunos daños superficiales.
Las heridas comenzaron a sanar casi de inmediato, activándose su regeneración.
—Curioso —masculló, al darse cuenta de que Iván había amañado los árboles con explosivos.
De alguna manera, había conseguido que le fuera casi imposible detectarlos, incluso con sus sentidos agudizados.
A juzgar por lo que acababa de pasar, probablemente los había hecho crecer dentro de los árboles.
La voz de Iván crepitó por unos altavoces ocultos, resonando por la zona boscosa.
—Bienvenida, señora —dijo con tono burlón—.
Bienvenida a su muerte.
Gen entrecerró los ojos y una sonrisa asomó por las comisuras de sus labios.
—Esto se acaba de poner interesante —murmuró, mientras su emoción iba en aumento.
Otro árbol explotó justo a su izquierda.
Esquivó la explosión con movimientos fluidos, pero los escombros del árbol aun así la rozaron, dejándole cortes superficiales que sanaron en instantes.
«Iván me está rastreando de alguna manera, detonando los explosivos a distancia para intentar pillarme con la guardia baja.
¡Vaya giro!
Me alegro de no haberme quedado en casa».
Corrió a toda velocidad por el bosque, zigzagueando entre los árboles mientras las explosiones estallaban a su alrededor.
El suelo temblaba con cada estallido y los escombros volaban por el aire.
Gen rio de puro placer, con los ojos brillantes por la emoción de la caza.
A pesar del peligro, o quizá por él, se sentía eufórica.
—¿Es esto lo mejor que tienes, Iván?
—gritó, con la voz llena de regocijo—.
¡Vas a tener que esforzarte más que eso!
Más árboles detonaron; las explosiones estaban cada vez más cerca.
Gen sintió el calor de los estallidos; su piel se chamuscó, pero sanó rápidamente.
Se movía con una velocidad sobrenatural, esquivando y zigzagueando, mientras su risa resonaba en la noche.
La emoción de la persecución, la perspectiva de una pelea.
Era embriagador.
—¡Siga corriendo, señora!
—la provocó la voz de Iván—.
¡No puede escapar!
¡Ya está muerta, solo que aún no lo sabe!
La sonrisa de Gen se ensanchó mientras acortaba la distancia hasta la mansión.
Los árboles escaseaban y las explosiones se hicieron menos frecuentes.
Podía ver las luces de la casa a través del dosel cada vez más ralo.
Un último árbol explotó justo delante de ella; la explosión la lanzó hacia atrás, pero rodó con el impacto y se puso en pie con facilidad.
—Ya casi llego —se dijo en un murmullo, con una emoción palpable—.
Solo un poco más.
Con un último estallido de velocidad, atravesó la última línea de árboles y salió al claro que albergaba la mansión.
La grandiosa estructura se cernía ante ella, con sus ventanas reflejando la luz parpadeante de los fuegos lejanos.
La mansión era imponente, construida al estilo de los humanos de hacía siglos.
Era un edificio de tres pisos de piedra oscura, con ventanas altas y estrechas que parecían observar su avance.
La hiedra se aferraba a las paredes, sus zarcillos serpenteando hacia el tejado a dos aguas.
Las puertas principales eran enormes y estaban ornamentadamente talladas, flanqueadas por imponentes columnas de piedra.
Gen silbó en señal de apreciación.
—Vaya pedazo de casa.
Sabía que Iván la observaba, esperando su siguiente movimiento.
Flexionó los dedos, sintiendo la fuerza en sus extremidades, el poder que corría por sus venas.
Había llegado el momento.
La Caza.
Sabía que había nacido para esto.
—Voy a por ti, Iván —susurró, mientras una sonrisa curvaba sus labios—.
Vamos a ver lo bueno que eres en realidad.
Desvanecida la necesidad de secretismo, Gen decidió que la sutileza ya no era necesaria.
Caminó con determinación hacia la puerta principal, con los sentidos en máxima alerta.
Sabía que Iván habría llenado el interior de trampas, igual que los alrededores.
Pero ella estaba lista.
Las grandiosas puertas se abrieron con un crujido bajo su empuje, y el sonido resonó por el cavernoso vestíbulo.
El interior era tan impresionante como esperaba, con techos altos, molduras intrincadas y una majestuosa escalera que conducía a los pisos superiores.
Candelabros de cristal colgaban del techo, su luz arrojando un vivo resplandor sobre el suelo de mármol.
Varios cuadros con diversas escenas abstractas adornaban las paredes.
A pesar de su grandeza, la casa se sentía fría y poco acogedora.
Sabía lo que era: una fortaleza más que un hogar.
Gen entró, con la mirada escudriñando en busca de cualquier señal de peligro.
Como era de esperar, Iván le había dejado un regalo de bienvenida.
El leve zumbido, casi imperceptible, de dispositivos electrónicos llegó a sus oídos.
Detectó el ligero brillo de los cables trampa y el sutil destello de las placas de presión incrustadas en el suelo.
Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios mientras avanzaba.
—Mira y asómbrate, Iván.
Este es el poder de un vampiro.
—Vertió vitalidad en cada uno de sus músculos.
Con una exhalación que liberó vapor de su boca, salió disparada.
Atravesó la casa a toda velocidad, con movimientos veloces mientras se abría paso por el laberinto mortal.
Saltó por encima de baldosas sensibles a la presión, se agachó para pasar por debajo de cables casi invisibles y esquivó sensores activados por movimiento.
Cada paso estaba calculado; sus sentidos mejorados la guiaban a salvo a través del edificio.
Una explosión detonó a su derecha; la fuerza de la onda expansiva la hizo pivotar para evitar la metralla.
Otra trampa se activó a su izquierda, pero Gen la anticipó, lanzándose hacia delante y rodando para ponerse en pie sin perder el ritmo.
Se movió por la mansión como lo que sabía que era: una depredadora.
Los pasillos estaban repletos de retratos de antepasados de rostro severo, cuyos ojos parecían seguirla a su paso.
Les dedicó una sonrisa burlona al pasar.
La mansión era enorme, con innumerables habitaciones y pasadizos ocultos, pero al cabo de un rato, supo dónde buscar.
El sótano.
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