¡¿Mi Hermana Genio Solo Tiene 7 Años?! - Capítulo 1
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1: Primer encuentro 1: Primer encuentro La familia de Emily era muy conocida por ser la más pobre de la aldea.
Su padre, Tavis Hyde, mantenía a la familia cazando en las montañas.
Había poca comida en las montañas y muy pocos animales.
Tavis rara vez capturaba alguna presa.
A los ojos de la pequeña Emily, aunque su familia no era rica, eran muy felices.
Para ella, cada día era gratificante y agradable.
Un atardecer, un hambriento tigre blanco bajó de las montañas en busca de comida.
¿Cómo podría una pequeña aldea de montaña de apenas cuarenta familias resistir el ataque del tigre?
En un instante, algunos aldeanos ya habían caído al suelo heridos.
Tavis volteó a ver a su esposa e hija, y le dijo a Emily: —Voy a atraer al tigre para alejarlo.
Tienes que hacerle caso a tu madre, ¿entendido?
—Papá, ¿puedes no irte?
Lo único que Emily sabía era que el tigre era muy poderoso.
Papá no podría derrotarlo, y ella no quería que se fuera.
—¡No quiero ver a papá herido!
¡Quiero que papá esté sano y salvo!
Su madre abrazó a Emily con fuerza.
—Sé buena, Emily.
Estás estorbándole a papá.
Tavis echó un último vistazo a las dos personas más importantes de su vida.
Se dio la vuelta y asumió con resolución su responsabilidad como hombre.
Tras hacerse un corte con el machete, el padre de Emily logró alejar al tigre, atrayéndolo con el olor de su sangre.
Pasó un día, pasaron dos.
Tavis nunca regresó, y la madre de Emily enfermó.
Emily les oyó decir a los aldeanos que su padre había muerto.
Pero Emily no quería creer que su padre se había ido.
¿Y su madre?
Ya no quedaba dinero para tratar su enfermedad.
Emily recorrió todas las casas de la aldea, pero nadie quiso prestarle dinero.
Y así, dos meses después, Emily despidió a su último familiar.
—Mamá, seré fuerte yo sola…
Papá, mamá…
Emily lloró desconsoladamente ante sus tumbas.
El anciano jefe de la aldea no pudo evitar sentir lástima por ella y convocó una asamblea.
—Hace dos meses, el tigre bajó de las montañas.
Fue Tavis quien, por sí solo, lo alejó y nos salvó la vida a todos.
Todos debemos recordarlo.
Ahora, la esposa de Tavis también ha muerto, y la única que queda de la familia es esta pequeña.
No importa lo que pase, tenemos que criarla para que haya alguien que llore y recuerde a Tavis en su tumba.
—De acuerdo, entonces.
Nos turnaremos para criar a Emily y darle de comer.
Si la criamos hasta que tenga 18 años, habremos saldado nuestra deuda con Tavis.
Y así fue como Emily empezó a comer cada día en una casa distinta de la aldea.
Durante el primer mes, los aldeanos recordaron el sacrificio de Tavis.
Pero a medida que pasaba el tiempo, empezaron a correr rumores.
—Seguro que Tavis alejó al tigre por su esposa enfermiza.
Si no, ¿por qué iba a sacrificar su vida por nosotros?
¡Si ni siquiera somos parientes!
—Cierto.
Su mujer estaba enferma y la niña era muy pequeña, era imposible que pudieran escapar del tigre.
—¿Por qué tenemos que criar a una mocosa gratis?
Ni mis propios hijos tienen suficiente para comer.
¿Acaso no nos está quitando la comida?
—Es verdad.
En mi familia ya de por sí no tenemos suficiente para comer, y encima tenemos que darle a esa niña.
¿Qué clase de justicia es esa?
En apenas dos meses, la actitud de los aldeanos había cambiado radicalmente.
Emily miraba a los aldeanos, que antes eran amables y cordiales.
Ahora, sus rostros le parecían detestables, como si fueran sus enemigos.
Tras dos días sin comer, Emily fue, mareada, a la casa del jefe de la aldea.
Era una noche muy oscura.
Emily llamó a la puerta una y otra vez, pero nadie le abrió.
La pequeña Emily sabía que ahora era una carga para los aldeanos y que nadie quería hacerse cargo de ella.
No lo entendía.
¡Su padre los había salvado a todos, pero en apenas dos meses, era como si lo hubieran olvidado por completo!
Lo que más la confundía era que, al parecer, ¡salvarles la vida solo equivalía a unos pocos platos de comida!
Emily se marchó a regañadientes.
No quería irse, pero aun así abandonó el lugar donde se había criado.
Emily vagó hasta llegar a la ciudad.
Era demasiado joven para trabajar, así que solo podía rebuscar comida en los cubos de basura.
De vez en cuando, algunos transeúntes la miraban con lástima y le echaban unas monedas.
Pero otros niños mayores no tardaban en arrebatárselas.
Hoy, Emily llegó al famoso Restaurante Jinjiang.
Estaban repartiendo comida gratis a las personas sin hogar.
Emily cogió feliz la comida que le dieron.
Con eso tendría para dos días enteros.
Sonrió con dulzura al pensarlo.
En la entrada de un callejón, vio a un chico y a un perro que se sostenían la mirada.
—Archie, no ladres.
Emily corrió hacia allí a toda prisa y se interpuso delante del perro.
Alzó la vista hacia el chico y vio que era un joven apuesto no mucho mayor que ella.
Sin embargo, parecía tener mal carácter y su expresión daba un poco de miedo.
Sostenía algo de comida y quería dársela a Archie, pero al perro no le gustaba aceptar comida de desconocidos.
Shen Yu echó un vistazo a la niña que había aparecido de repente ante él.
El rostro de la pequeña estaba sucio y solo se le veían un par de grandes ojos redondos.
Ya estaban a finales del otoño, pero la niña aún vestía ropa de verano que parecía no haberse lavado en mucho tiempo.
—Joven, Archie no come comida de desconocidos.
Cómela tú mismo.
Mientras hablaba, Emily le dio a Archie la mitad de la comida que le habían dado.
Archie frotó la cabeza contra Emily y le lamió la mano, y luego agachó la cabeza para comer.
Ya no le importaba aquel humano extraño que insistía en hacer comer a un perro.
Shen Yu observó la delgada y frágil figura de la niña, y, por alguna razón, su corazón dio un vuelco.
—¿Quieres comer esto?
Mientras hablaba, intentó darle a Emily la comida que tenía en la mano.
Emily tragó saliva y se negó.
—Gracias, joven, pero ya tengo comida.
—Devoró su comida a grandes bocados.
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