Mi hermanastro me desea - Capítulo 62
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62: Atracción sexual por ella 62: Atracción sexual por ella POV de Julian
El sofá de Ethan empezaba a parecer mi hogar, lo cual era una mala señal.
Llevaba tres días tirado ahí, sobreviviendo a base de comida para llevar y güisqui barato.
El único sonido era el leve zumbido de su televisor y alguna que otra maldición que soltaba cuando su juego se quedaba pillado.
—Tío, ¿en serio planeas huir de Catherine para siempre o solo hasta que se te sequen los huevos?
—interrumpió la voz de Ethan.
Ni siquiera levanté la vista del vaso.
—Cállate la puta boca.
Él se rio, estirando las piernas sobre la mesa de centro.
—Eso es un sí, entonces.
—Es un «métete en tus asuntos» —mascullé, terminándome lo que quedaba en mi bebida—.
Y no estoy huyendo de nadie.
Literalmente nos vimos en el instituto.
—¿Te refieres a cuando se estaba besando con otro tío?
—resopló Ethan—.
Llevas tres días acampando aquí, Julian.
No me jodas.
Si esto no es huir, no sé qué lo es.
Giré la cabeza hacia él y le dediqué una mirada inexpresiva.
—Si estás buscando una forma creativa de echarme de tu casa, no está funcionando.
Él sonrió de oreja a oreja, y supe que la confesión estaba al caer.
—En realidad, no te equivocas.
Sí que estoy buscando la forma de que te vayas.
Puse los ojos en blanco.
—Vaya, el mejor amigo del año.
—No me culpes a mí —dijo, incorporándose—.
Echo de menos a Tessa.
—Entonces llámala —solté con el ceño fruncido.
—No puedo —dijo, fingiendo una expresión dolida—.
La he mantenido alejada porque no soportas que estemos follando.
¡Joder, tío!
Básicamente me estás arruinando la vida sexual.
Una risa seca se me escapó de los labios.
—Bien.
Considéralo una venganza por aquella vez que la trajiste sin avisarme.
Su sonrisa se ensanchó.
—No deberías haberte ido, fue una buena noche.
Negué con la cabeza, asqueado.
A veces, Ethan podía ser muy descarado.
—Juega a tu juego y déjame en paz.
Podrás tener a tu Tessa cuando me haya ido.
—Ese es exactamente mi punto —expresó, dando una palmada—.
Vete ya.
Ve a enfrentarte a tus demonios.
Porque ahora mismo, tu hermanastrita me está robando la paz, y yo no me apunté a esto.
No pude evitar reírme de nuevo.
—Deja de ser tan dramático.
—¿Dramático?
Tío, te estás escondiendo aquí como un fugitivo porque la chica con la que vives tiene una cara bonita, un culo sexi, un cuerpazo y carácter.
Eres una telenovela andante.
—Ethan…
—No, en serio —se inclinó hacia delante y sus ojos brillaron con picardía—.
Deberías hablar con ella.
Tener una conversación sincera.
Dile que estás enamorado de ella.
Eso hizo que me atragantara con la bebida.
—¿Qué coño acabas de decir?
Se encogió de hombros, impasible.
—Me has oído.
Confiésate.
Quítatelo de encima.
Dormirás mejor.
—¿Cuándo coño he dicho yo que estoy enamorado de Catherine?
—No ha hecho falta —replicó él sin más—.
Es obvio.
Me le quedé mirando un segundo y luego estallé en carcajadas.
—Has perdido la puta cabeza.
—¿La he perdido?
—preguntó con su estúpida sonrisa en la cara.
—Sí —dije con firmeza, dejando el vaso—.
No estoy enamorado de ella.
Enarcó una ceja.
—¿Entonces qué es?
Por un segundo, no respondí.
Las palabras estaban atascadas en algún lugar entre mi garganta y mi orgullo.
Aparté la vista, pasándome una mano por la cara.
—No es amor —dije en voz baja—.
Es…
atracción.
Ethan ladeó la cabeza.
—Atracción.
—Sí —continué—.
Atracción sexual.
Pura y dura.
La deseo.
Pienso en ella.
Me imagino…
—dejé la frase en el aire, negando con la cabeza—.
Pero eso es todo.
Se rio por lo bajo.
—¿Eso es todo?
Lo dices como si no te estuviera consumiendo por dentro.
—Basta.
Deja de provocarme.
—He visto cómo la miras —dijo, señalándome con su cerveza—.
Como si intentaras no hacerlo.
Eres peor que un adolescente colado por alguien.
Gruñí.
—Eres jodidamente molesto.
—Dime que me equivoco.
—No voy a decirte nada —dije con tono neutro—.
Ya lo he admitido, ¿no?
Me siento atraído por ella.
Es un problema, pero no es el fin del mundo.
—Entonces, ¿por qué huyes de ello?
—No estoy huyendo.
Sonrió con superioridad.
—Ah, claro, solo estás aquí de vacaciones por tiempo indefinido.
Le tiré un cojín.
—Cállate.
Lo atrapó fácilmente, todavía sonriendo.
—Pero en serio, ¿cuál es el problema entonces?
¿Por qué no vas a por ella?
Es legal, está buena y, obviamente, no le eres indiferente.
¿O es que nunca te has fijado en cómo te mira?
Apreté la mandíbula.
—Está saliendo con Collins.
Ethan puso cara de asco.
—Oh, por favor.
¿Collins?
¿En serio me estás diciendo que te echas atrás por él?
¡Que le jodan a ese tío!
—No es por él.
Es por ella —dije rápidamente, aunque incluso para mis propios oídos sonó poco convincente.
Ethan se echó hacia atrás.
—Recuérdame, Collins fue el mismo genio que decidió follar con Sasha mientras tú salías con ella, ¿verdad?
—Ethan —mascullé.
—No me vengas con «Ethan».
¿Es Catherine la que te está volviendo tan blando?
Venga ya, ¿dónde está el Julian que conozco?
—No sé de qué estás hablando.
Sigo siendo yo —espeté.
Ethan se rio, sin creérselo.
—¿Sigues siendo tú?
Julian Vaughn, el tío que una vez dijo «el amor es para idiotas», de repente ha encontrado la moralidad.
Vaya giro argumental.
Exhalé lentamente, mirando la botella de güisqui sobre la mesa.
—El amor sigue siendo para idiotas.
Y evitar problemas no significa que haya encontrado la moralidad.
Simplemente no lo entiendes.
—Pues haz que lo entienda.
Dudé, y luego dije en voz baja: —Si la toco, se complica todo.
No es una chica cualquiera con la que pueda tontear.
Ella es…
—¿Tu hermanastra?
—terminó Ethan por mí con una sonrisa burlona.
Le lancé una mirada fulminante.
—No hagas que suene peor de lo que es.
Se rio entre dientes.
—Solo digo las cosas como son.
Me pasé una mano por el pelo, sintiendo cómo la tensión volvía a mis hombros.
—Ni siquiera se trata de eso.
Todo esto es temporal.
De todas formas, su madre y ella no estarán en nuestra casa por mucho tiempo.
Una vez que acabe con mi padre, una vez que le haya hecho pagar por todo, las dos estarán fuera.
Y yo seguiré adelante.
Esta mierda de la atracción se desvanecerá.
Ethan me dedicó una mirada larga y poco convencida.
—Sigues diciéndolo como si te lo creyeras.
—Me lo creo —dije con firmeza.
—No, no te lo crees.
Suspiré, reclinándome en el sofá.
—Mira, sé lo que hago.
Involucrarme con ella lo arruinaría todo.
El plan, el equilibrio, mi cordura.
Es una parte vital del juego.
Ethan enarcó una ceja.
—Y divertirse un poco no va a arruinar el juego.
Toma el control.
Cógela si tanto la deseas.
Lo miré bruscamente.
—No.
—No podrás aguantar durante meses.
Una mirada a esa chica y estás perdido.
Estás obsesionado.
No puedes deshacerte fácilmente del amor o de lo que sea que sientas por ella.
Resoplé, aunque sus palabras me dieron de lleno.
—Estás lleno de mierda.
—Si tú lo dices.
Y si de verdad crees que puedes «acabar con tu atracción» sin más, como has dicho, te estás mintiendo a ti mismo —se encogió de hombros—.
Pero si fingir te ayuda a dormir por la noche, adelante.
Me serví otra copa, dejando que el ardor me quemara la garganta antes de responder.
—No estoy fingiendo.
—Claro —dijo él con naturalidad—.
Y yo soy el Papa.
No respondí.
El silencio se alargó, llenado solo por el tintineo del vaso contra la mesa.
Ethan suspiró al cabo de un rato y se levantó.
—Mira, tío, lo pillo.
Tienes tu plan de venganza, tus problemas con tu padre, tus reglas.
Pero sigues siendo humano.
Así que si la deseas, simplemente deséala.
No hace falta que sea estratégico.
Esbocé una leve sonrisa de superioridad.
Se dirigió hacia su dormitorio, mascullando: —Y por el amor de Dios, búscate otro sofá.
Tessa viene mañana, y no voy a dejar que le impidas a mi polla hacer un poco de ejercicio.
¡Maldición!
Esta era la razón por la que no paraba de insistir con el rollo de «ve y diviértete con Catherine».
Le hice una peineta mientras se alejaba, y se me escapó una risa silenciosa.
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