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Mi Horrible Ex-Esposo No Puede Seguir Adelante, Pero Yo Sí - Capítulo 302

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Capítulo 302: Capítulo 302 Pura suerte

Amelia se dio la vuelta con un aire dramático, irradiando audacia y una confianza inquebrantable. Sus labios se curvaron en una sonrisa burlona, provocadora, casi arrogante, y soltó, sin siquiera mirar atrás: —¡He venido a romper tu récord! —Su voz resonó como una chispa y desató al instante una ola de excitación febril entre la multitud.

—¡Ahhh! ¡Amelia, eres increíble! ¡Te admiro mucho, Amelia!

—¡Amelia, eres la mejor! ¡Qué genial eres! ¡Seré tu fan de por vida!

—¡Quítense de en medio! Soy el fan número uno de Amelia, ¡la apoyaré pase lo que pase!

En cuanto la señal se iluminó, Amelia salió disparada en su coche de carreras.

El rugido ensordecedor del motor retumbó por todo el estadio, enviando impulsos eléctricos a los espectadores.

La creciente velocidad mantuvo en vilo a todos los corazones en las gradas, una descarga de adrenalina recorriéndolos como un grito de guerra victorioso.

¡Chirrido! El agudo y repentino chirrido de los frenos rasgó el aire. El coche siguió avanzando por la inercia. Un silencio sepulcral cayó sobre todo el estadio; nadie se atrevía a respirar. Era como si el mundo se hubiera congelado a medio latido.

Justo cuando parecía que el coche iba a estrellarse de frente contra los barriles de gasolina, se detuvo en seco. La distancia era tan ínfima que a todos les provocó un sudor frío.

Aquellos que instintivamente se habían tapado los ojos, preparándose para el impacto pero sin oír más que silencio, no pudieron evitar preguntar: —Esperen… ¿por qué no hemos oído una explosión? ¿Acaso el coche no ha chocado?

—No ha chocado…

Todos se quedaron paralizados, aún procesando lo ocurrido, hasta que la voz del árbitro resonó: —¡0.8 centímetros!

El anuncio del árbitro tembló de incredulidad, quebrándose bajo el peso del asombro y la admiración. Era la distancia más pequeña jamás registrada.

Apenas podía creer que lo hubiera establecido una mujer. Ver la carrera en vivo había hecho que la adrenalina corriera por sus venas.

Lo que él no sabía era que Amelia había medido esa distancia con una precisión escalofriante. Podría haberse acercado aún más, pero decidió dejar un resquicio para futuros aspirantes.

A medida que el resultado resonaba por el estadio, la multitud permanecía en un silencio atónito, incapaz de comprender lo que acababa de suceder.

Jessica fue la primera en reaccionar. Se puso de pie de un salto y gritó a todo pulmón: —¡Amelia! ¡Eres la mejor!

—¡Ahhh! ¡Amelia ha ganado! ¡Ha destrozado el récord de ese tipo y ha establecido uno completamente nuevo! —Viola y Emily se abrazaron, saltando con risitas de alegría.

La alegría inundó sus rostros cuando la tensión que las había atenazado por fin se disipó.

Y entonces, de repente, la multitud estalló.

—¡No puede ser! ¡Está loca! ¿0.8 centímetros? ¡Es una locura! ¡Un centímetro más y estaría frita!

—¡Ahhh! ¡Amelia es imbatible! ¡Te adoro, Amelia!

—¿Dónde están ahora los fans de Alfred? ¿A dónde han ido? ¿No iban de sobrados cuando él tenía el récord de 2.1 centímetros? Ahora que ella lo ha pulverizado, ¡no se les ve por ninguna parte!

Lucas y Eugene saltaron de sus asientos, agitando los puños en el aire. El alivio los inundó como un maremoto, como si acabaran de librarse de una buena.

Lejos del caos, en un rincón tranquilo, se encontraba un hombre alto con gafas de sol.

Los labios de Terrence se curvaron en una leve y orgullosa sonrisa, mientras la admiración centelleaba en su rostro.

Amelia lo estaba atrayendo, removiendo algo en su interior. —Amelia, nunca dejas de sorprenderme —murmuró para sus adentros, con una fascinación por ella que no hacía más que crecer.

Entre el vasto mar de espectadores, Damian, Sophia y Eve estaban sentados en un lugar apartado.

La mirada de Damian se clavó en la pantalla gigante, donde Amelia brillaba como una estrella, y su mente se nubló.

¿De verdad esta mujer extraordinaria podría ser su exesposa?

Sophia hervía de furia apenas contenida. Tenía las manos apretadas con tanta fuerza que sus uñas casi le atravesaban la piel de las palmas. ¿Cómo demonios salió Amelia ilesa de una competición tan intensa? ¿Por qué el destino siempre parecía sonreírle? Esa maldita mujer merecía arder en llamas con su coche.

Y Alfred, después de todo el bombo que le habían dado a su habilidad, resultó ser una decepción total. ¡Ni siquiera pudo vencer a Amelia!

Sophia apartó su furiosa mirada y bajó los ojos, ocultando la envidia que la consumía por dentro. Luego se giró hacia Damian, forzando una sonrisa dulce en su rostro. Para mantener las apariencias, tenía la intención de fingir admiración y deshacerse en elogios hacia Amelia.

Pero los ojos de Damian estaban clavados en la figura de Amelia en la pantalla grande, llenos de una admiración abierta y sin disimulo.

Verlo tan cautivado por Amelia hizo que Sophia apretara los dientes, conteniendo a duras penas la tormenta que se arremolinaba en su interior.

—Esa mujer tiene una suerte de mil demonios. ¡Se detuvo justo a tiempo para no chocar con el barril de gasolina! —gruñó Eve, con los puños apretados por la rabia.

Sophia susurró, con voz suave y azucarada, fingiendo reconocer la habilidad de Amelia: —En realidad, Amelia es bastante buena en las carreras. Probablemente ganó por pura habilidad.

—¿Habilidad? Sophia, le estás dando demasiado crédito. ¿Qué habilidad va a tener? Esa victoria fue pura suerte. Si no fuera por eso, ahora mismo estaría frita —replicó Eve, entrecerrando los ojos con desdén.

Sophia no respondió. En su lugar, pasó los brazos alrededor de los de Damian y se apoyó suavemente en él. —¿Damian, no crees que Amelia ha cambiado mucho?

—Ciertamente ha cambiado bastante —murmuró Damian automáticamente, con la mirada todavía fija en la pantalla.

El corazón de Sophia se retorció, pero se obligó a sonreír para mantener su farsa. —Siento que Amelia es cada día más extraordinaria. Damian, tengo miedo de que me dejes y vuelvas con ella.

Su voz temblaba con un sollozo ahogado y sus ojos brillaban con lágrimas, dándole un aspecto desgarradoramente delicado.

Al oír el cambio en su voz, Damian finalmente salió de su trance y se giró para mirarla. Al darse cuenta de que la había estado ignorando por culpa de Amelia, la culpa lo invadió. —¿Cómo podría pasar algo así? No importa lo increíble que llegue a ser, ella no eres tú. Mi corazón te pertenece solo a ti, y nunca amaré a otra mujer.

Damian le tomó las manos con delicadeza, intentando tranquilizarla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras levantaba el rostro para encontrarse con su mirada. Esa visión le desgarró el pecho. No soportaba verla llorar.

—Sophia, te lo juro, nunca me enamoraré de nadie más. Solo te amaré a ti por el resto de mi vida —prometió Damian, con voz sincera y llena de emoción.

—Damian, yo también te amo. Eres el único hombre al que amaré jamás —respondió Sophia, aprovechando la oportunidad para abrazarlo con fuerza y hundir el rostro en su pecho.

Mientras la abrazaba, el corazón de Damian era un caos de emociones al volver a mirar la imagen de Amelia en la pantalla.

Mientras tanto, los ojos de Sophia ardían con veneno mientras miraba la figura de Amelia en la pantalla. Cada pequeño movimiento de esa mujer le crispaba los nervios. Damian se sentía cada vez más atraído por Amelia, y Sophia sabía que tenía que hacer algo al respecto, y rápido.

En la pista, Alfred finalmente salió de su aturdimiento. Todavía no podía asimilar que una mujer lo hubiera vencido, y de una manera tan aplastante. La euforia de haber pulverizado su propio récord había sido brutalmente aplastada por el que ella acababa de establecer. Imposible. No había posibilidad de que fuera habilidad. Tenía que ser pura suerte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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